Siempre supe que quería ser fotógrafa: Lula Bauer III

Por Leandro Moscardó.
Fotos por Teresa Mir.

LM: -Contame sobre tus diarios íntimos.

LB: -Tengo una caja donde los guardo desde que tengo catorce. Siempre tuve el impulso de escribir. Creo que hay una fantasía en las adolescentes, esto de tener un diario íntimo con el candadito y eso. Son diarios íntimos muy adolescentes. "Odio a mi papá, odio a mi mamá. Me gusta tal chico. Me gusta tal otro. Me gusta tal banda". Era una especie de verbalización del ser en formación. Después, a medida que yo me hacía más grande, fue una especie de sostén de la neurosis, y encontré en la escritura una verbalización del pensamiento que me era absolutamente necesaria.

LM: -También al escribir uno va construyendo pensamiento.

LB: -Un relato, un pensamiento. Algo de lo que tenés una idea, al escribirlo se va armando. Cuando vas escribiendo, vas entendiendo un poco más. Yo tengo la creencia que los diarios íntimos no son lo que somos, hay como una especie de mentira ahí. Si leés mis diarios íntimos vas a pensar que soy un bajón, y no es así. Lo que pasa es que hay una práctica donde me desprendo de cosas mientras las escribo. Si yo escribo sobre una angustia, lo estoy haciendo para terminar con eso. Por eso escribir es algo muy sanador.
Cuando digo mentira no es que todo lo que escribo es mentira, sino que no es la verdad completa. No es que uno lee un diario íntimo y ahí está lo que realmente uno es, sino que está eso de lo que uno se desprende. Yo me desprendo de cosas e intento ser mejor, sufrir menos, enroscarme menos; intento verbalizar una pregunta para ya no tenerla, porque me la contesto en el momento en la que lo estoy escribiendo. Creo que si no hubiese escrito un diario íntimo hubiese sido una persona mucho más enferma, mucho más desconectada de mí misma.
Y por otro lado, la fotografía es una disciplina muy dura, en el sentido de que es una imagen que no se mueve y que está suspendida. Hay algo quieto ahí, como encapsulado.

LM: -La escritura te ofrece esa posibilidad contemplativa que la foto no tiene.

LB: -El fotógrafo es medio un cazador, tiene que estar veinte segundos antes de lo que está pasando, porque si no lo pierde. Entonces hay una velocidad en el estar mirando que no se da en otras disciplinas visuales, como la pintura o el cine, en donde hay una proyección más pensada y estructurada. La foto es esto [y hace un chasquido de dedos]. Y si no estabas atenta, lo perdiste. Por eso digo que también es algo duro, porque tenés que lidiar con ese "no llegar".

LM: -Estoy pensando en esto que comentaste en otras entrevistas, sobre la relación entre fotografía y literatura, donde un escritor le pone palabras a una foto.

LB: -Para mí la escritura lo que hace es complementar, no explicar. O sea, yo no explico mi obra mediante lo que escribo. Sí hay un proceso de la contingencia, de qué es lo que pasa alrededor, que a mí me resulta interesante y que tiene que ver con mucha de la literatura que leo. Me encanta leer diarios de escritores, me encanta la crónica, me atrae como algo que está por atrás.

LM: -¿Cuál es el motivo de tu terapia?

LB: -¡Uff! Mirá, yo venía pensando en el colectivo qué cosas contar y qué cosas no, qué cosas hacen bien y qué cosas dañan. Creo que abrirse está bueno porque siempre hay un otro que agradece eso. No es fácil abrirse, no es fácil contar.
Yo hace veinte años que me analizo. Empecé de muy chica, no sabiendo muy bien por qué mis padres me llevaban.

LM: -Lo decidieron ellos.

LB: -Sí. Yo tenía seis y estaba haciendo algunos episodios de asma o quizás algunas enfermedades psicosomáticas. Entonces alguien del partido de mi papá le dijo: "Llevala con esta compañera, a ver qué le dice". Después de más grande, a eso de los dieciséis o diecisiete, empecé a tener algunas manifestaciones en la salud que tenían que ver con lo emocional. Se me caía el pelo, por ejemplo. Ahí empecé en un ir y venir con una psicóloga que terminó no gustándome. Y ya de más grande comencé a tener ataques de pánico, cuando trabajaba en Blockbuster. Eso desencadenó en medicación y en psiquiatra. Iba a un psiquiatra que atendía en una iglesia, era muy flashero.
Creo que el motivo por el cual empecé a hacer terapia tuvo que ver con aprender a decir, aprender a poner en palabras cosas que pensaba o que hablaba con mis amigos. Y tal vez yo ponía la palabra en el lugar equivocado, y eso me generó una especie de estructura autodestructiva. Autodestructiva a niveles emocionales, esto de no hablar, callarse o no poner a la gente en su lugar. Yo hago análisis para encontrar un lugar. Para reconocer el lugar donde estoy parada. Siempre fue muy difuso eso.

LM: -¿Porque vos no podías construir tu lugar o porque desde afuera te asignaban lugares en los que no te sentías cómoda?

LB: -Un poco por las dos cosas. Para mí eso es una construcción de a dos, un poco uno no sabe qué lugar ocupar, y después está el lugar que te da el otro también. Lo que pasa es que es muy difícil de identificar ese lugar, siempre fue muy confuso para mí. La fotografía me dio un lugar para pararme. O sea, no hay otro lugar, ése es el lugar. No podés estar interactuando con los demás, vos tenés que estar afuera, en tu perímetro. Fue algo muy salvador también: "Ah ok, yo me tengo que parar acá. Qué alivio".

 

LM: -Me contabas antes que primero tu mamá se opuso a tu vocación de fotógrafa. Y después también tu papá, todavía con más vehemencia.

LB: -Yo no sé si "oponerse" es la palabra. Yo creo que esperaban otra cosa.

LM: -¿Lo manifestaban?

LB: -Sí, y me parece que con un poco de tristeza. Porque más que decirme: "Queremos que seas otra cosa", era: "Ay, ¿esto es lo que querés ser?". Era como una especie de desilusión. Después con el tiempo se empezaron a sentir más orgullosos de mí como fotógrafa.

LM: -Cuando ellos te manifestaban eso, y teniendo en cuenta que esa desilusión no venía de cualquier persona, sino de tus viejos, ¿vos ahí pensaste en hacer otra cosa?

LB: No, nunca.

LM: -¿Ya lo tenías en claro?

LB: -Yo siempre supe que quería ser fotógrafa, desde que estaba en el secundario.

LM: -¿Y cómo descubriste que se podía vivir de la fotografía?

LB: -Es que yo nunca tuve interés en trabajar de fotógrafa. Yo quería hacer fotos, que es lo que me pasa ahora también. ¿Qué es trabajar de fotógrafa? O sea, nunca lo relacione con el trabajo. Por eso siempre fui docente. Si vos me preguntás cómo me interpela el trabajo siendo fotógrafa, te digo que desde la docencia, no te voy a decir haciendo expo y vendiendo obra, o agarrando una beca que me dé para hacer fotos, o trabajar en una revista o hacer editorial. Esos no son los caminos que yo quise recorrer.

LM: -¿Por qué no? Si bien el objeto de estudio de tu docencia es la foto, es una actividad diferente.

LB: -Es una actividad diferente, pero yo no le quise poner presión a lo que me gustaba hacer para que me diera de comer. Yo no quería que la fotografía me diera de comer.

LM: -Aunque si te diera de comer, lo podrías hacer constantemente.

LB: -¿Pero qué tipo de fotografía haría? La que te imponen otros. O sea, ¿por qué la gente no me paga por hacer fotos de música? Qué sé yo, los músicos son muy complejos. Quizás si no fuera así, yo te hubiese dicho: "Bueno, justo lo que a mí más me gusta hacer es lo que me reditúa guita". Tal vez el camino hubiese sido distinto. Pero no es ese el hecho, sucede otra cosa: la verdad es que a mí me gusta mucho dar clases.

LM: -¿Y todas las revistas que han utilizado tus fotos?

LB: -Son un montón, pero no me pagaron. Y  no sé si me importaba, por eso también digo que lidio con esta contradicción. A ver, ¿me gustaría que me fuera mejor? Sí. ¿Me gustaría ser más popular? Y con popular me refiero no a la "popularidad", sino a que más gente me conozca. Sí, obvio. ¿Voy a gastar energía en ponerme en ese lugar? No, yo voy a poner la energía en hacer fotos. Que ese camino llegue o no llegue, pero yo no voy a gastar energía en que alguien quiera comprar una foto mía.
Obvio que tengo sueños: me encantaría trabajar en el suplemento Radar de Página 12 o en alguna revista de música, e ir un día a hacerle fotos a tal músico, a tal artista, a tal escritor o a tal actor. Intenté hablar con alguno para ver cómo se podía, y quedó ahí. No sé, si algún día el editor fotográfico de algún suplemento interesante ve mis fotos y le parece que sería bueno que trabaje con ellos y me escribe, estaría buenísimo. Quizás tenga que ver con querer ocupar espacios que todavía no son míos. Aún estoy en el camino, y tal vez todavía eso no se dio naturalmente. Lo que me parece interesante es el camino que me puede llevar a ese lugar. Todavía es un misterio.

LM: -Quiero volver a la cuestión familiar. ¿La decepción de tus viejos fue algo que te importó?

LB: No, pero es algo que duele, obvio. Después con el tiempo todo se fue reparando un poco. Yo siempre renegué mucho de mi familia, por lo tanto ellos cumplían un rol que me satisfacía, al no interesarse por mi trabajo. Supongo que le di la entidad que pude en el momento con las herramientas que tenía. Quizás ahora, elaborándolo un poco más, claro que me hubiese gustado que estuvieran más presentes.
Pero es que en mi familia hay otros temas más grandes. Siempre me dolieron más otras cosas, eso era como más superficial. La fotografía es mía: mi lugar, el lugar que yo elegí y construí. Entonces, de alguna manera, no sé si los necesité tanto ahí, porque lo siento como un mérito propio: "Ustedes me dieron la vida, yo me di la profesión". No necesité de su aprobación, ni de su acompañamiento, ni de su orgullo de decir: "Ay, nuestra hija tal cosa o tal otra". Yo estaba orgullosa de mí misma por todo lo que había trabajado, lo que había conseguido y lo que había construido. Yo misma le daba valor. Siempre fueron otras cosas las que fueron más problemáticas en mi familia, entonces ¿por qué le voy a agregar más problemática a algo que es mío?
La decepción de ellos para conmigo se dio más cuando renuncié a Telefónica. Lo cité a mi papá en un bar para decirle: "Me voy de Telefónica", como si estuviese rompiendo con un novio. Mi viejo totalmente indignado, porque aparte su hija, su descendencia, yéndose con el retiro voluntario, que es lo más vergonzoso que le podía suceder. Tiempo después lo entendió.

LM: -Y cuando lo entendió, ¿valoró tu trabajo de otra forma?

LB: -No sé. Siempre le quedó algo con eso, con mi decisión de no tener un trabajo formal. Entonces si alguna vez yo iba y le decía: "Pa, no puedo pagar las expensas, por favor prestame este mes"; él me contestaba: "No podés pagar las expensas, pero venís acá a pedir plata. Así no se puede". Después, claro que me daba plata para que yo pudiera pagar las expensas, porque siempre fui una persona muy escueta con los gastos, no es que yo me deliraba la guita en cualquier cosa. Pero con la profesión que tenía, no llegaba a fin de mes.
A veces me caía en un hueco que andá a sacarme de ahí adentro. Entonces mi papá me decía: "Vos tenés que tener otro trabajo, un trabajo que te pague las cuentas. Después si querés seguir haciendo fotos, hacé fotos". Y bueno, esa contradicción del zurdo medio capitalista que quiere que su hija llegue a fin de mes entraba un poco en pelea con la profesión del modo en que yo la quería vivir. Yo quería eso, quería no saber si iba a llegar a fin de mes, quería sufrir y siempre estar al borde de todo. Era sostener mi creencia de que yo quería ser fotógrafa. Y vivir de esa manera, pensando que eso en algún momento iba a mejorar, que yo iba a construir algo desde la docencia, algo fuerte para poder mantenerme y vivir tranquila. Esa era la idea que yo tenía y venía viviendo hasta que ganó Macri y se me vino todo abajo. Es una boludés, pero no es una boludés. Digo, acá me tenés: 2017 y no estoy haciendo fotos ni dando clases, que es el trabajo que elijo y antes podía tener. Ahora tengo otro laburo y llego a fin de mes, justo después de que se murió mi papá. Y ahora él estaría re feliz, como: "¿Viste? Ahora llegas a fin de mes, ni un mango me pedís". Pero no estoy haciendo fotos. Entonces, ¿cuál es el costo para lograrlo? ¿Cuál es el precio que uno paga por llegar a fin de mes?

LM: -¿Qué hay ahí en el medio del recorrido, desde salir de una familia de la que no te sentías parte, hasta constituir como eje de trabajo la creación de una nueva familia? Porque tu obra es el retrato de esa nueva familia. Tus fotos tienen algo del domingo al mediodía en la casa de la abuela, sólo que no están ni los abuelos ni los tíos. Pero las lógicas familiares y el afecto, aunque con diferencias, están.

LB: -Es que es así. Sin embargo, no sé si hay algo en el medio. Sí te puedo decir que mis viejos no me dieron algo fundamental, que es el cuidado, y que yo siempre se los pedí a gritos. Y no escucharon, ni lo van a escuchar.
En esta familia nueva -tanto la de mis amigos como la de mi pareja y su familia-, encontré algo que fui descubriendo con el tiempo: primero, que uno quiere a los padres como puede, y segundo, que no les puede pedir más de lo que ellos pueden dar. Esto es lo que construí y lo que tengo. Es muy duro ese paso, ese agujero que queda donde no hay.

LM: -Hace un rato me dijiste que no es casual que no me contaras algunas cosas de tu infancia. ¿Qué querés decir cuando decís que no te cuidaron?

LB: -La verdad es que nadie me había preguntado por mi infancia. Más allá de los datos que pudiste ver online, no hay nada sobre eso. Supongo que a raíz de lo que te vengo diciendo, podrás darte cuenta de que algo grave me pasó de chica. Es muy difícil poder verbalizarlo en este contexto. Pero lo concreto es que sufrí abuso sexual durante muchos años. Hablar de eso siempre me pareció necesario pero nunca pude encontrar dónde, cómo ni para qué. Sin embargo, algo desde lo artístico me pide compartirlo. Siempre tuve miedo que mi familia pudiera leer esto en alguna entrevista y sentirse herida. Pero hoy, quizás como resultado del proceso que viene generando el Feminismo, tengo el valor para poder contarlo.  

LM: -¿De qué se trató ese abuso?

LB: -Tengo muchos recuerdos que van y vienen. Algunos muy gráficos y otros muy etéreos. Transito en una nebulosa que me permite saber sólo algunas cosas. Creo que mi cerebro me resguardó de lo peor.

LM: -¿Cómo se dio?

LB: -Comenzó en las visitas que hacía mi mamá a la vecina de al lado. Recuerdo que se encerraban en la cocina para charlar, con la puerta cerrada. Hoy no puedo afirmar si cerraban la puerta o no, si era así o si yo sentía tanto su distancia, que sentía esa puerta cerrada. La cuestión es que mientras ellas hablaban, yo quedaba en el comedor al cuidado del marido de la vecina.

LM: -¿Él abusó de vos?

LB: -Sí.

LM: -¿Por cuánto tiempo?

LB: -Empezó cuando yo tenía tres años y duró hasta los siete. Fueron cuatro años. Seguí teniendo contacto con él hasta los catorce, cuando se mudaron.

LM: -¿Recordás cómo lo vivías?

LB: -Todo lo que pude armar vino después, fragmentado. Tengo recuerdos pero a la vez se me mezclan las cosas. Por momentos siento como si hubiese tenido fiebre alta durante cuatro años. Nunca sentí odio. Supongo que había mucha confusión y miedo. Todo lo armé después, de grande.

LM: -¿Pensabas que tenías cierta responsabilidad en lo que te pasaba?

LB: -Lo sentí un tiempo, y algo de eso me queda a nivel inconsciente. Aún hoy me rodean algunas pequeñas frases que decían los adultos. Ponían de antemano mi deseo cuando era chica, cuando me decían que era yo la que pedía ir a la casa de ellos.

LM: -¿Nadie veía esto que te estaba pasando?

LB: -Mientras sucedía no. A los siete conté un episodio puntual y nunca más volví a esa casa.

LM: -¿Qué secuelas te dejó?

LB: -Quedaron secuelas móviles, que van y vienen. Por momentos no tengo ninguna, y a veces las sufro todas juntas. Me toman por sorpresa y lloro mucho. Hay días en que me siento rota. Otros creo que soy invencible. Voy y vengo. Me armé una estructura que me salva de ser rígida y oscura. De alguna manera lo que me pasó me transformó en lo que soy. Me convirtió en una persona sin odio y con mucha capacidad empática.

LM: -¿Cómo hiciste para superarlo?

LB: -No existe la superación. Tiene que haber un diálogo interno que te permita trabajar. Y sanar. Creo que sobre todo se trata de rodearte de amigos que sepan abrazarte y cuidarte, de contar con tu novio y que te permita caer pero no te suelte nunca. Creo que va por ese lado. Armar una familia distinta, querer a los niños sin descuidarlos, no abandonar nunca la idea de abrir al mundo el corazón sobre estas cosas cuando una está lista para compartirlo. Tener amor para perdonar las limitaciones de los que debían cuidarte. Yo era una niña pero entendí todo muy rápido.

LM: -¿Por qué estás contando esto?

LB: -Porque quiero hacerme dueña de mi historia. Nunca lo conté porque sentía que había una familia involucrada a la que no quería herir. Después entendí que no hay intención de lastimar a nadie. Cuando se murió mi papá algo se soltó también. Un hilo que me unía a una familia más armada, y de alguna manera me apropié de mi existencia como adulta.

LM: -¿Qué se hace hoy con una experiencia así? ¿Cómo se transforma aquel abuso?

LB: -Se lucha, se ama, se perdona y se registra de una manera distinta. Se es feminista.
Yo hago terapia desde hace veinte años. Pero también busco transformarlo a través de mi profesión. Como consecuencia de lo que me paso, soy fotógrafa. En mi adolescencia tuve que estar alerta a que nada me pasara. Tenía que mirar que el vecino no apareciera, no cruzármelo. La vista era mi arma más concreta. Desarrollé control desde lo visual. Anticiparme para no sufrir. Por eso hago fotos. Lo transformo no siendo parte del mundo, quedando invisible para controlar y registrar.

LM: -¿Qué rol cumple esta experiencia en tu vida y en la construcción de tu personalidad y de tu visión del mundo?

LB: -Te diría que una parte importante. Como te digo, tiendo a pensar que lo que me pasó y todo lo que tuve que aprender para vivir mejor, me transformó en lo que soy ahora. Y no cambiaría nada de mi vida. Incluso eso. No quiere decir que a veces no me entristezca y sufra por haber vivido esa experiencia.

LM: -¿Cómo impacta esto en tu trabajo y en tu militancia?

LB: -En los momentos de mayor angustia y oscuridad de mi vida, en esos momentos de llanto profundo, donde me costaba entender qué era lo que me había pasado, por qué, y qué hacer con eso, empecé a dibujar un nudo entre esa historia y hacer fotografías, o al menos cómo yo vivía el acto de hacer fotografías. Mil rol como fotógrafa siempre fue en los márgenes, con poca interacción con el mundo, siempre miré desde afuera mi mundo. Y creo que haber vivido una situación traumática de chica fue lo que me lanzó un poco a ese borde. A querer verlo todo antes para identificarlo y así estar protegida.
La primer marcha de Ni una menos fue increíble, un día de muchas sensaciones mezcladas, no podía creer que estaba marchando por algo que me había pasado a mí. Que se podía pedir por estas cosas, que las mujeres nos podíamos organizar. Porque acá las mujeres sufrimos desde muy chicas acoso callejero, abusos y violencia física y hasta perdemos la vida por nuestra condición de mujer. Fue transformador estar marchando. Ese día me encontré con una amiga que también había tenido una experiencia de violencia. Y nos abrazamos fuerte y lloramos, sin decir nada, no hacía falta, estábamos en la calle peleando por nuestras historias unidas a todas las demás. Ése fue un gran día para ser mujer.

LM: -En aquel momento, cuando te pasó aquello, más allá de tu familia, ¿lo podías hablar con tus pares, con tus amigas?

LB: -Yo sin mis amigas no hubiera sobrevivido, lo pensé siempre. Fueron mi sostén y mi sanación. Lo que significó para mí contar con ellas tiene un valor mágico. Cada una desde su visión, desde su amor, supo guiarme en los momentos más tristes. Donde no había nada en este mundo para mí, más que la locura, porque no podía comprender ni mi historia ni a mi familia. También las psicólogas que tuve, todas desde un lugar muy contenedor me sostuvieron cuando lloré sin consuelo en los consultorios, y supieron darme las herramientas para hoy poder estar mejor.

LM: -Hoy se te ve muy fuerte. ¿Te has pensado como víctima? ¿Te pensás así hoy?

LB: -Las etiquetas nunca ayudan. Porque nunca somos una sola cosa. A veces funcionan un tiempo para identificar y romper, pero diría que soy fuerte porque en la debilidad pude reconocerme y permitirme sentir la pérdida.

LM: -¿Cómo habita este recuerdo en tu mente? ¿Sigue apareciendo bajo alguna forma? ¿Se lo puede transmutar a través del trabajo creativo?

LB: -Está ahí. No podés despegarte. A veces es un sueño, a veces un recuerdo. Sigue apareciendo, y es difícil. Voy aprendiendo a que no me derrumbe. Con el tiempo y la terapia pude lograr una estabilidad emocional que hoy me da alivio.

> Parte 4 | Final: ¿Qué es la consagración?

 

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