Alguien que esté al lado tuyo: Lula Bauer II

Por Leandro Moscardó.
Fotos por Teresa Mir.

LM: -Desde hace años se dice que sos la nueva Nora Lezano. En una oportunidad hicieron una muestra juntas. ¿Cómo vivís esta comparación?

LB: -Ay, sí. Pero lo dejaron de decir un poco. Y es que no es cierto, somos muy distintas desde todo ángulo: desde lo temático, lo estético y hasta desde lo generacional. Hicimos una muestra juntas porque una galería nos convocó, no porque fuera una idea de las dos, de hecho medio que nos conocimos ahí. A Nora le habían hecho una nota en una revista, donde le preguntaron qué fotógrafos le gustaban, y ella me nombró. Supongo que ahí se empezó a armar un link. Yo le escribí agradeciéndole y comenzamos a dialogar.
Lo que pasa es que hay una confusión con los fotógrafos que se involucran con los músicos -una confusión de la que participan tanto el fotógrafo como el músico y el medio-, donde uno queda pegado al personaje y de alguna manera queda etiquetado. Empezaron a decir que yo era la nueva Nora Lezano porque trabajaba con músicos. Y en realidad a mí lo que me interesaba era otra cosa, no el músico en sí. Yo tenía otro interés, que tenía que ver más con lo humano que con lo musical. Cuando mi enfoque se desarrolló más, empecé a volverme un poco más invisible, porque a nadie le importa una fotógrafa a la que quizás le interesa más lo humano.

LM: -Por otro lado, hay una manera distinta de relacionarse con los músicos, que tiene que ver con que trabajan en contextos distintos. Los músicos que ella ha retratado vienen de aquella industria grande, pensada para estrellas. Nora parece más una fotógrafa de estrellas.

LB: -Yo nunca flasheé sacarle una foto a Charly, ni a Spinetta, ni a Fito. Las veces que tuve la posibilidad de hacer fotos a ese tipo de personas, que son muy pocas, sentí que no estaba en mi lugar, porque mi búsqueda va de documentar otra cosa.
En ciertos tipos de fotografía creo que hay una distancia, donde a veces importa más el músico que el fotógrafo.

LM: -También hay algo relacionado con las instancias de legitimación del campo de la música. Hoy algunos músicos jóvenes publican sus retratos realizados por Nora Lezano, y pareciera que para ellos es muy importante ser retratados por la misma persona que le hacía fotos a Charly García. Que si te saca fotos Nora, sos parte de la historia del rock nacional.

LB: -Mirá, a propósito de lo que decís, yo tengo muchas discusiones con mis amigos con respecto a eso. Siento que hay una verticalidad obscena y hay una horizontalidad pobre, donde en vez de trabajar con los que tenés al lado, con las personas que te forman, con quienes compartís una generación, está esto de: "Ay, yo quiero el ingeniero de grabación que grabó el disco de fulano en 1980". ¿Eso qué es? Data para la gacetilla. Y que después te lo levante un diario y lo único que diga es: "El productor tal hizo el disco de éste", y parece más importante el nombre del productor que el disco. Esas cosas me enojan. Por eso cuando me llamaron de Radar para hacer la nota de Fan, la hice sobre Geraldine Barón. En ese momento pensaba en varios amigos a quienes habían llamado para la misma sección, y cuando leía lo que habían escrito, pensaba: "¿Por qué escribís una nota sobre alguien que no tiene nada que ver con nosotros, que no conocés, y que sólo lo contás por lo anecdótico, para que sepan que de adolescente te nutriste escuchando, ponele, a los Beatles? Hablá de alguien que esté al lado tuyo haciendo algo que te conmueve. Hablá de una canción que te rompió la cabeza, escrita por alguien de tu edad, o de un fotógrafo que está haciendo algo ahora. Si no después nos quejamos: ‘Ay, nunca me dan bola en los diarios. Ay, nunca me hacen una nota’. Pero vos generás eso también, porque cuando podés hablar de alguien que está al lado tuyo, lo hacés sobre los Beatles. ¿Quién no escucho los Beatles cuando tenía doce años? Eso no te hace especial. Está bien, es anecdótico, es parte de tu biografía, parte de tu historia, yo lo entiendo. Pero ¿por qué no contás lo que te pasó escuchando un tema de Lucio Mantel? Me parece mucho más valioso ese encare. Tiene que ver con la búsqueda, yo quiero ser parte de una generación de artistas, quiero ser parte y trabajar con gente de mi edad que esté haciendo cosas. Yo escucho música de acá, música de gente que compone al lado mío, que me la cruzo en algún lado. Y eso me emociona y me flashea: "¡Uy, qué loco que tengo a este ser que está haciendo obra al lado mío! En el lugar que lo pueda meter, lo voy a meter". Y no tiene que ver con una igualdad estética, sino con una cuestión de generación. Qué sé yo, Lucio es distinto de Onda Vaga, pero tocan juntos, hay algo, comparten una raíz.

LM: -Parece que ya hay dos generaciones post 2001: la primera generación de Lucio, Gabo Ferro, cantautores de mucha canción; y lo nuevo, lo que emergió después y desde lugares ajenos a Buenos Aires: Hipnótica, Perras on the beach, De la Rivera, Francisca y los exploradores.

LB: -Empieza a haber otra generación, quizás hasta más fuerte que la anterior, que tiene más visibilidad. Cande Zamar, Los Espíritus, Prietto, Morbo y Mambo... Una generación no tanto más joven, pero que cayó en otro momento. El post Cromañon quedó un poco dilapidado de alguna manera. Hay una diferencia.
Hoy ya no me dedico tanto a hacer fotos de música. Por un tiempo lo hice mucho, después no y ahora ya no sé. Es parte de mi historia fotográfica, de mi recorrido. Pero hoy ya no tengo la motivación ahí. Igual sigo haciendo fotos de músicos, pero me parece que está más ligado a los momentos que comparto con cada uno y no tanto a que me gusta tal banda y quiera ir a hacerles fotos. Pasa más porque, por ejemplo, mi novio [Guillermo Mandrafina, Ingeniero de Grabación] trabaja con Lucas Martí, entonces suelo ir a todos los shows, y voy con la cámara. Va más por ese lado, pero no hay una búsqueda. Me encantaría hacerle fotos a gente nueva, tipo Paula Trama o a Mi Amigo Invencible, pero hay algo energético que no se me da todavía.

LM: Quiero detenerme un momento en esto que decías de querer ser parte de una generación. Mirando tus fotos de hace cinco o seis años, se nota cierta voracidad de la cámara por entrar ahí, por documentar el momento histórico, que las fotos sean un registro que afirme: "Existimos". Que de acá a veinte años las fotos los ayuden a mirarse y decir: "Ahí estábamos, eso éramos".

LB: -Ése siempre fue el motor. Sentía mucha avidez por mostrar eso. Lo que pasa es que pagás muy caro esa velocidad, no es gratuita. Uno pierde cosas en el camino, después te ponés más grande y las cosas se calman: la gente tiene hijos, deja de tocar y se va a vivir a otra parte; y algo se empieza a desarmar. Entonces uno después tiene que volver a armarse. Yo estoy un poco ahí ahora. Este año prácticamente no hice fotos, estuve viendo para dónde es que quiero volver a encarar. y no lo sé todavía, estoy un toque perdida, justamente porque hay algo de lo que me contenía que ya no está.

LM: -Pero en este desamparo que describís estás encontrando cosas nuevas: la escritura y el video.

LB: -Sí. Tiene que ver con explorar. Lo del video es más un juego, no me lo tomo en serio. Para mí este año fue muy brusco. Me pasaron muchas cosas y cambió radicalmente mi vida, por lo que fue imposible seguir el ritmo de trabajo fotográfico con el que venía previamente. Me quedé sin trabajo, sin alumnos. Todo por la crisis macrista, digamos. Tenía alumnos fijos que durante años trabajaron en el Estado, y cuando los echaron ya no pudieron continuar. Me quedé con el veinte por ciento de los alumnos que tenía, así que tuve que salir a buscar trabajo de algo formal, ya que con la docencia no llegaba.
Antes mi libido estaba puramente en la fotografía, ya sea en la enseñanza, en hacer muestras o en ir a un recital, pero ahora tengo que poner energía en trabajar en otro lugar y en otras condiciones. Eso hizo que yo tuviera que bajar un cambio, no me quedó otra. Y en vez de preocuparme en por qué no estoy haciendo fotos, traté de ver qué podía hacer con lo que tenía al frente. Fui tratando de encontrar en otros lugares, no eso que me da la Fotografía -porque sólo me lo da la Fotografía-, pero sí algo que me hiciera sentir más que una oficinista reglamentaria que va, trabaja, vuelve a su casa, mira una serie y se va a dormir. Hace poco le presté mi cámara a un alumno, y él me prestó la suya, porque yo no tenía digital, hicimos un intercambio por un tiempo pero después cada uno se quedó con la cámara del otro. Y ahora, si no quiero hacer fotos, entonces puedo filmar. Filmar es más liviano, porque hay una búsqueda muy distinta: después puedo editar, recortar, elegir.
Y por su parte, la escritura es algo que siempre estuvo conmigo, lo que pasa es que recién ahora estoy empezando a hacerme cargo de eso. Escribo algo en lo que puedo encontrarme. Estoy haciéndome cargo de que escribí un libro, porque tampoco me fue fácil ponerme en ese lugar. Me da vergüenza decir que escribí un libro, es como: "Dale, no sos escritora". Pero bueno, lo hice. Yo siempre supe que no voy a ser fotógrafa toda la vida, siempre lo supe.

LM: -En alguna entrevista dijiste que está bueno tener esa posibilidad, esa idea de que la puerta está abierta, que podés soltar la cámara.

LB: -Mirá, yo no me veo siendo fotógrafa de vieja. No sé, me imagino de grande con una cámara y me da rechazo, no me veo ahí. Y siento también que la fotografía es muy dañina y que lo tengo que hacer hasta que pueda sostenerlo y después no, después voy a hacer otra cosa. El modo en que yo vivo la fotografía, cómo la considero, hace que no sea una profesión saludable. Yo soy fotógrafa y no podría hacer otra cosa, aún siendo consciente del daño que eso me genera. Pero también soy consciente de que ese daño tiene que tener una estructura para sostenerlo.

LM: -¿Cuál es el daño?

LB: -Estar ausente. Una no está, una hace fotos. Una no está como ser humano, es invisible. Claro que ése es el lugar que yo decido ocupar. Yo me pongo en un lugar donde genero eso.

LM: -A partir de la popularización de la fotografía -por los celulares y las redes sociales-, te quiero preguntar por determinadas acumulaciones temáticas. Me llama la atención tanta foto de gatitos y culos. Determinados temas son tan recurrentes que solapan muchos aspectos del trabajo fotográfico.

LB: -Sí. Y no es sólo el culo como símbolo, sino que se objetiviza todo. Es decir, si yo tengo la foto de un gato, el gato también es un objeto, no hay algo atrás. Eso es algo que todo el tiempo hablo con mis alumnos: el lugar común del fotógrafo es cuando transforma un sujeto en un objeto. Entonces si vos no ponés una emocionalidad ahí, si no ponés un puñal para que el otro diga: "Ah, acá pasa algo más", aunque no lo entienda, el sujeto es un objeto.
Hay que hacer un trabajo muy profundo en autoconocerse. Para mí el fotógrafo superficial es superficial, no porque sea así como persona, sino superficial en relación a lo que hace. O sea, no va más allá del culo, no va más allá del gato, no va más allá del paisaje o del primerísimo primer plano. Para mí todo eso es lo mismo. Pero creo que en lo único que hay que confiar es en el tiempo, que barre todo: barre lo que no queda y deja lo que de alguna manera tiene una estructura. Yo confío en eso, que la foto de Instagram o la foto del celular se barre con la misma rapidez con que fue producida. Después, todo lo demás que está hecho con una intención de capturar algo, queda. Queda y no es que queda en la historia, no es que yo me voy a morir, y va venir un periodista que va a decir: "¡Ah! Mirá este tesoro fotográfico". No. Va a quedar en la historia de mi familia, de mis amigos, de sus hijos que ven las fotos de sus padres, de sus tíos, de sus hermanos. Va a quedar como recuerdo colectivo, ésa es mi ambición.

LM: -La foto como era antes incluso de las cámaras digitales. Las fotos que tenían las familias, que servían para registrar los recuerdos.

LB: -Es que la foto tiene una función muy plural también. O sea, depende de dónde la pongas, de para qué la saqués, del contexto. Pero la emoción que puede sentir una persona sacándole una foto a su hija es la misma que yo pongo cuando le hago fotos a mis amigos. Lo que tengo yo es más recurso estético, discursivo y compositivo, y también un escenario enfrente que está haciendo obra, porque mis sujetos no son anónimos, ni para mí ni para un montón de gente. Entonces, tiene un valor agregado desde lo emocional, pero desde lo histórico también.

LM: -Contame más acerca de tu presencia invisible en tu trabajo.

LB: -Yo estoy invisible a la hora de la toma, hablo de una invisibilidad del fotógrafo en el momento en que está tomando la foto. Después la foto es mía, y es ahí cuando adquiero cuerpo, porque elijo, edito y tomo decisiones. Ahí hay identidad.
Por otro lado, cuando te decía que es algo que me hace mal, hablaba más de lo compartido, de compartir un momento humano y yo tener que estar afuera. Lo que pasa es que para mí en la Fotografía todo es inversamente proporcional, entonces si primero estoy ausente, va a ser después, en el trabajo sobre la foto, cuando voy a dar mi impronta, porque no voy a elegir un foto que no me represente. La presencia de un fotógrafo se ve en el estilo, el encuadre, en las decisiones que toma sobre su obra.

 

 

LM: -Recién hablábamos de convertir a sujetos en objetos y en el solapamiento del trabajo fotográfico cuando el sujeto/objeto tiene enorme poder narrativo. Las fotos de personajes muy famosos también funcionan parecido: es tanto lo que cuenta la imagen de esa persona, que los aspectos técnicos y el trabajo fotográfico en general quedan, ni siquiera en un plano segundo, sino en un plano que nunca llega a estar en discusión.

LB: -Por eso también traté de huir de la foto de Charly. Mirá, el único músico que yo fui a ver de adolescente, y del que te puedo decir que fui fanática, y que le hago fotos hoy en día es Lucas Martí. Y me costó años, porque para mí Lucas Martí era un marciano bajado de la estratósfera y no tenía nada que hacer conmigo. Lo conozco desde los quince pero nunca le pude hacer una foto, nunca. Porque, por un lado tenía mucho pudor debido a mi admiración por él, y por el otro porque no teníamos una relación cotidiana o humana, más allá de quizás vernos y cruzar un "Hola, qué tal?".

LM: -¿Sin una relación humana no podés trabajar?

LB: -No, no me interesaba tampoco. Nunca sentí eso de: "Uy, le quiero hacer fotos a Lucas Martí". Mi novio es su amigo y trabajan juntos, entonces podría haber trabajado con él desde ahí, pero tampoco podía, me daba vergüenza, él tiene amigos fotógrafos que son muy buenos. Comencé a sacarle fotos porque arrancó a grabar Varias Artistas y la mitad de las chicas son amigas mías. Yo si no tengo eso, un vínculo real, no entro. Tampoco me interesa.
Lucio [Mantel] me dice siempre que tengo que buscar becas o concursos, y hacer exposiciones por todo el mundo. Él se enoja porque no lo hago, pero yo no soy así. Tengo una contradicción ahí, porque me encantaría que me llamaran algunas personas para trabajar, o hacer exposiciones en lugares increíbles, pero la verdad es que siento que si me tiene que llegar, me va a llegar. No quiero ponerle un extra a eso. Yo quiero hacer fotos, no otra cosa. No pienso mi profesión como algo que tengo que conquistar, es algo que hago y que me define. Me han dicho que yo debería tener un manager que haga todo eso que no quiero hacer, porque si ahora vos me dieras un formulario para aplicar a una beca, ponele, yo me pongo a leer cualquier otra cosa, ¿entendés? No encuentro la motivación ahí. Pero tengo la contradicción, porque me encantaría viajar haciendo muestras.
Me parece agotador ese pensamiento exitista. Yo lo vivo de otra manera, quiero hacer fotos y no quiero pensar qué va a pasar después con eso. El marco se lo va a dar otro o se lo voy a dar yo con el tiempo. Recién hace dos años estoy volviendo a hacer muestras. Estuve mucho tiempo muy fóbica, no quería mostrar nada. No le veía la finalidad, hasta que me empezaron a hinchar las pelotas. Empecé haciendo una muestra por año, a fin de año, mostrando todo el material del año proyectado. Si no tenía un mango, ‘qué me iba a poner a imprimir fotos, a enmarcar? Eso me da mucha fiaca, no me gusta invertir dinero más que en comprar rollos.

LM: -Hablar de rollos fotográficos parece algo de cinco generaciones atrás, ¿no? Vos participaste activamente de cada momento de la evolución de Internet que nos trajo hasta estos días. ¿Te acordás de tu Fotolog?

LB: -¡Ay la puta madre, re vergonzoso! Pero bueno, ahí empecé a conocer a un montón de gente. El auge de Internet y la red social también hizo que esta generación medio dispersa se empezara a nuclear: "Ah mirá, le hizo fotos a tal y a tal". En MySpace fue donde más nos cruzábamos todos los que después de alguna manera nos volvimos amigos.

LM: -En los últimos años, desde tu cuenta en Facebook, has compartido tu intimidad, lo que sentís en lo más profundo de vos. Eso es algo que ya venías haciendo de Fotolog. ¿Qué buscás al darle ese uso a la plataforma, al compartir un estado de ánimo? ¿Por qué uno comparte algo tan íntimo?

LB: -Tengo muchas dudas con eso. Antes de postear estoy como una máquina, pensando si se debe hacer, si no se debe hacer, por qué, para qué, para quién uno habla y construye. Y es una incógnita que no la sé responder. Pero mi mundo íntimo es mucho más que lo que muestro ahí. Yo comparto algo íntimo, pero que a la vez no lo siento tan así, no estoy contando cosas de una intimidad más personal. Quizás tiene que ver con procesos creativos, quizás tienen que ver con crisis que tengo.
En terapia hablo mucho de esto. ¿Qué pasa al exponerse? ¿Qué es lo que uno busca? Yo trato de ser bastante moderada. Tipo, cuando me preguntaste todas estas cosas de la infancia, que en realidad nadie me había preguntado, no es casual que yo te contara poco. Trato de no contar algunas cosas.
Por otro lado, si estoy mal o estoy en una crisis con lo fotográfico, no veo que esté mal compartir eso. Creo que está bueno salirse de esto de sólo mostrar las cosas buenas, esto de: "Sólo voy a postear si estoy feliz y re bien. Y mirá mi foto en la playa". Yo no careteo la crisis, no careteo estar triste. Quizás a otro le llega y se conmueve. La gente me escribe por privado y me cuenta lo que le produce eso que escribo. Y mí me reconforta saber que uno no está solo, que no sufre en soledad. Porque también hay algo de lo colectivo más allá de lo íntimo.

LM: -Y las redes sociales te habilitan ese camino.

LB: -Sí. Las personas se acercan a mí más que nada por las fotos. Quizás también por alguna actividad política, como fue en el 2011 con la Ley de Centro Culturales. Ahí tuve un aluvión de contactos en redes sociales porque estaba a la cabeza. ¡Hasta salí en la tapa de un diario, al lado de Teresa Parodi y Liliana Herrero, yo leyendo! Entonces creo que también puede tener que ver con esto de ponerme cosas al hombro.
Pero también me interesa construir algo positivo con lo malo que te pueda pasar, como darte cuenta de que hay gente que también la está pasando mal. Hay gente que sufre. Es necesario ser conscientes de eso porque no todos se dan cuenta. Algunos de mis amigos creen que estos últimos años las cosas no cambiaron tanto. Y yo digo: "Boludo, ¿me estás jodiendo? Preguntale al de al lado, no es sólo tu mundo”. Creo que hay algo de empatía también ahí. Busco lograr algo empático frente a un momento que en lo personal me excede. Frente esto que está pasando ahora, que lo sufro de manera cotidiana, me gustaría lograr una empatía y que la gente sepa que hay otros que la están pasando mal.

 

 

LM: -Hace un rato hablamos sobre el peronismo. Desde ese lugar, y en relación con la escena musical que has retratado durante años: ¿El indie es música de chetos?

LB: -Hay de todo. Y está bien, porque si no está lo cheto tampoco vas a identificar lo profundo. No sé, yo me muevo más por lo que me gusta. Sí, hay algo como a lo que le dicen "el hippie con Osde". Pero cuando leo a un músico tomando partido por una problemática social, para mí eso no tiene precio. Hay otros músicos que no tienen ese compromiso y que prefieren separar lo que piensan de lo que hacen, que dicen: "Soy músico, no me preguntés sobre política". Yo confío más en el que se muestra como es, con sus convicciones.
Por otro lado, no sé si una persona de una clase social debería obligatoriamente mezclarse con personas de otra clase social. Con la cultura pasa algo que es elitista ¿Por qué alguien de clase baja no puede ser quien es con la cultura? Como si la gente pobre o de clase baja no tuviese cultura.

LM: -Pareciera que el indie es una expresión de la clase media. Y que es es natural que las personas de otras clases sociales no lo consuman, porque no forma parte de su cultura.

LB: -Ahí hay algo que no es vertical, no es que a las personas de clase baja no les llegue ese tipo de música. Hay mucho estereotipo, mucha dificultad. Pero tenés a César González, un cineasta-poeta que se hace llamar Camilo Blajaquis. Es un chico que estuvo preso y que se hizo poeta en la cárcel, y que después empezó a hacer películas, y el pibe tiene una retórica que te rompe la cabeza. Es un crack. Yo aprendo mucho ahí. Entonces no me vengan a mí a decir qué es lo que debería hacer, yo estoy donde quiero estar. Esta cuestión de "si yo tuviera más plata". Yo Lula, siendo lo que soy, no me iría a vivir a un country, no me iría a vivir a un lugar de la clase que supuestamente es a la que pertenezco. Yo quiero vivir donde vivo, donde estoy, ponele que con un poquito más de tranquilidad. Pero es una cuestión pretenciosa esto de creer que porque tenés más plata no querés estar donde estás.

LM: -Quiero hablar sobre la generosidad y la amistad. Hace unos, en tu Fotolog, hablabas sobre la generosidad, sobre cuál era el límite de la generosidad. Alguien te decía que entregabas “demasiado”. Y pienso en la movida que armaste por aquella época cuando le robaron los instrumentos a Jano Seitún. Y después, en otra ocasión, cuando vos tenías que ir a Colombia, tus amigos armaron un festival para que puedas ir. ¿Hay un ida y vuelta en la generosidad? ¿Lo uno entrega después vuelve?

LB: -En el momento en el que sentí que me había vuelto todo lo que yo había dado fue el día en que se murió mi papá. Ahí me di cuenta de todo lo que había construido, cuando vi a todos a mis amigos en Chacarita. Eso no te lo borrás, es una foto que no pude sacar pero que no me la voy a olvidar más. Porque las otras cosas, lo que vos me decis, tenían que ver un poco con algo más heroico, esto de: "Bueno, hagámosle el aguante a Lula". Pero a mí me cerró todo cuando mi papá se muere y yo veo a todos mis amigos ahí. Fue muy claro, hubo algo muy poderoso ahí. Y tuvo que ver con la familia que yo elegí construir, más allá de la familia que me había tocado.
Mirá, yo no sé si le di tanta bola al festival, sí lo re agradecí porque sin esa plata yo no viajaba. No lo estoy desmereciendo, porque toda la gente se re copó, vino y brindó un montón de sí, pero a la vez yo había hecho mucho por cada uno. No sólo desde lo amoroso, yo había hecho fotos gratis, flyers gratis, discos de onda, había hecho mucho. Había una reciprocidad un poco de lo que yo daba y lo que ellos me daban.

LM: -Sí, pero hay veces en las que uno da y da, y no recibe.

LB: -Es verdad, pero yo valoro otras cosas. Yo sentí que recibía un poco de lo que había dado cuando murió mi papá. Para mí fue muy claro. No sólo los que estaban ahí, sino los que me llamaron, los que me escribieron, los que quisieron estar y no llegaron. Para mí eso es de un valor que no es monetario ni de tiempo. Hay algo ahí que supera todo. Igual me siguen diciendo: "Das demasiado" y bueno: "Todo bien. Si ustedes no pueden aceptarlo, es problema de ustedes. Yo doy".

 

 

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