¿De qué vas a vivir?: Lula Bauer I

Por Leandro Moscardó.
Fotos por Teresa Mir.

LM: -¿Cómo era el lugar donde naciste?

LB: -Nací en Floresta, en una familia de laburantes. Tuve una infancia difícil, muy para adentro, con una familia compleja, y muy chica también: no tengo primos, no conocí a los hermanos de mi papá, que fallecieron muy jóvenes, y muy poco a mis abuelos. Mi viejo era telefónico, y mi mamá preceptora, aunque durante la mayor parte de mi niñez fue ama de casa. Tengo dos hermanos: una hermana de cuarenta y cuatro, y un hermano más chico, que tiene treinta y cinco.
Es difícil determinar los vínculos en una familia. Yo oscilo, voy cambiando de opinión, conectando y desconectando. Y cuando me siento muy invadida, retrocedo. Soy muy cuidadosa en cómo mi familia interviene en mi vida.

LM: -¿Qué te acordás de las cosas que mirabas en la tele en aquel tiempo?

LB: -Me gustaban mucho los programas de música, como el Pepsi Music. Me acuerdo estar los sábados al mediodía viendo videoclips. Después cuando llegó el cable, mucho Music21, Much Music, MTV.

LM: -¿Y cuando eras más chica?

LB: -Veíamos Heidi con mi hermana. Me acuerdo de que en esa tele, si escuchabas el sonido no veías la imagen, y si veías la imagen no escuchabas el sonido. Entonces íbamos alternando entre imagen y sonido para poder entender algo. Heidi, Tom y Jerry, La Pantera Rosa. Aunque no éramos tan chicas, porque la tele llegó bastante tarde a mi casa.
Leíamos mucho, teníamos la colección Robin Hood y yo leía un montón, me encantaba. Después de adolescente me fui volviendo más rockera, más música y recitales.

LM: -¿Con quiénes ibas a los recitales?

LB: -Iba con mis amigas. Éramos todas chicas que íbamos a recitales, nos volvíamos juntas y solas. No íbamos con varones. Sí te encontrabas con chicos que por ahí conocías y te hacías amiga ahí, pero el núcleo era de chicas.

LM: -¿En qué momento comenzaste a pensar desde el Feminismo?

LB: -Mirá, creo que se dio de manera mucho más inconsciente; después uno le puede poner palabras. Yo siempre fui el bicho raro en mi familia: la que quiso trabajar, estudiar, vivir sola. La que se vestía raro y que hacía cosas por fuera de lo que la familia entendía o esperaba. Siempre prioricé el hecho de independizarme y valerme por mí misma. Pero en aquella época no tenía conciencia del Feminismo, fue una construcción a partir de los hechos. Después tomó forma lo simbólico: la palabra y el entendimiento del núcleo familiar de que uno es distinto.
Desde muy chica fantaseé con irme a vivir sola, deseaba terminar el secundario y encontrar un trabajo para irme. Luego pasó que el trabajo que encontré no me daba monetariamente para hacerlo, pero existía el ahorro y así me compré una casa y me fui a vivir con un novio. Siempre teniendo en cuenta esto de independizarme de mi familia por sobre todo.

LM: -¿Cómo que te compraste una casa?

LB: -Sí, nos compramos una casa. En esa época se podía, digamos. Sacamos un crédito hipotecario y compramos una casa de dos ambientes en Floresta.

 

 

LM: -En algunas entrevistas has contado que comenzaste a acercarte a la fotografía a partir de un libro de tu abuelo. Para él la fotografía era un hobby, ¿verdad?

LB: -Éll tenía una cámara 110, con la que sacaba fotos de paisajes, de la ventana o de lo que veía. No me gusta decir hobby, pero es que ni siquiera tenía herramientas de fotógrafo amateur. Era una cuestión más contemplativa. Hay algunas fotos de lo que se veía desde la ventana del edificio, árboles y ese tipo de fotos. Se ve que tenía cierta inquietud y eso lo llevó a comprarse ese libro que, cuando él murió, llegó a mí por descarte. Yo flasheé ahí y le di rienda suelta.

LM: -Después fue tu papá quien te compró tu primera cámara.

LB: -Fue en pleno menemismo. Me acuerdo de que él estaba durmiendo la siesta y lo desperté. Le dije: "Papi, acabo de ver una cámara. Por favor te lo pido, es lo que más quiero". Estaba re dormido y me dijo: "Agarrá", no sé de donde. Fui corriendo y me la compré. Costaba cincuenta mangos. Era una Zenit rusa, muy básica.

LM: -¿Vos sabías qué tipo de cámara era?

LB: -Sí. Pero me tiré de cabeza igual. Antes de ésa, la primera que me había comprado era muy trucha, de las de visor directo, sin fotómetro. No sé si la había comprado en una feria o dónde, pero sí me acuerdo de que sacaba fotos y no salía nada.
Así que después de eso, le pedí ese día los cincuenta pesos a mi papá y me fui a una casa de fotografía en Floresta, que era muy famosa. Fui y el vendedor, muy amable, me dijo: "Andá, sacá un rollo y fijate. Si ves que anda bien...". Me explicó cómo funcionaba y saqué mi primer rollo. Era una cámara económica, no muy profesional. Pero para ser la primer cámara, me sirvió bastante.

LM: -Estabas en el cole todavía, ¿no?

LB:  -Tenía dieciséis. Fui a un colegio artístico, donde a partir de tercer año podés elegir la especialidad. También me impulsó a ser fotógrafa una amiga del colegio, que me enseñó un poco más. Los padres tenían ampliadora y todo para revelar. Hicimos una especie de dúo, y ella me enseñó las primeras cosas. Después empecé a estudiar Fotografía en la secundaria, pero fuera de mi educación formal, en una escuela que funcionaba en un colegio primario de esos que a la noche dan especialidades. Seguí haciendo ese curso a la noche durante toda la secundaria.

 

 

LM: -¿Cómo venían esto tu papá y tu mamá? ¿Como una afición o ya intuían que buscarías vivir a partir de esta profesión?

LB: -Fue siempre muy conflictivo. Mis viejos no eran conscientes de ciertas cosas que ellos mismos decidían. Quisieron que yo fuera al Fader, que era un colegio artístico, pero después no querían que sea artista. Veían ciertas cualidades en mí, que tenían que ver con el dibujo y la sensibilidad, pero también querían otra cosa. Mi vieja me anotó en el Fader para que yo fuera arquitecta, pero después cuando decidí otra cosa y elegí la rama de Arte, mi vieja freakeó y empezó con eso de: "¿De qué vas a vivir?", pensando que yo iba a hacer bijouterie e iba a terminar en el Parque Centenario. Ésa era la visión de mi mamá, que era quizás mucho más presente que mi papá, que se desentendía de esas decisiones. Él estaba en la suya, tenía una vida política muy activa y dedicaba mucho tiempo a eso, su libido pasaba por ahí.

LM: -¿Cómo manejabas entonces este conflicto frente a tu mamá?

LB: -Ella siempre me decía: "No le digas a mis amigas que estás estudiando artesanías". Y más vale, es que había un prejuicio, yo la entiendo: éramos una generación muy distinta. Yo me teñía el pelo de todos colores, iba a al colegio sin guardapolvo, aparecía con aros por todos lados.

LM: -¿Te acordás de tu primer muestra? ¿Fueron tus padres?

LB: -Mis viejos no van a mis muestras. Yo los invito, pero ellos no van. Hay algo ahí… No sé qué es, y tampoco indago mucho. Respeto en silencio esa no-conexión con lo que hago. Yo sé que en el fondo están orgullosos -hablo en plural aunque mi papá ya no esté [falleció en enero de 2017]-, pero siento que hay algo que no entienden. Creo que pasa más por ese lado. Con mi papá tuve muchas peleas con respecto a lo que hago, a lo que me dedico y a las decisiones que tomo. Él quería que su hija tuviese un trabajo formal en una empresa o en un lugar que me diera los beneficios que tiene un trabajador en blanco. Y que en ese espacio yo militara y luchara por los elementos para vivir mejor.

LM: -Lo que hacía él.

LB: -Lo que hacía él y también lo que hice yo un tiempo, porque no me quedaba otra que trabajar en esas cosas. Igual en los trabajos siempre fui muy solidaria, muy comprometida. Desde chica milité en espacios sociales, lo sigo haciendo y me interesa. Pero en aquel momento, cuando trabajaba en Telefónica, yo estaba atravesada por otro núcleo, no quería trabajar ahí hasta no tener más vida, sólo por un sueldo a fin de mes y cierta seguridad. Elegí la angustia de no saber si podría llegar a fin de mes, si comería arroz durante quince días, pero yo iba a vivir de lo que a mí me gustaba. Fue muy traumático para mi papá.

LM: -Quizás se trate de los distintos mitos que se crea cada generación. Para nuestros viejos era trabajar duro toda la vida para lograr cierta estabilidad en su ancianidad.

LB: -Y hacer esto como un hobby. Mi papá no me decía: "No seas fotógrafa. No te dediques a eso". Pero sí me decía que yo tenía que encontrar "un equilibro”. Que me dedicara, por un lado a un trabajo estable, y por otro a la Fotografía. Yo no quería, no quería negociar.

LM: -Me habías dicho que él estaba más ausente.

LB: -Sí. Pero esto se dio cuando me hice más grande y me volví más independiente. El trabajo en Telefónica me lo había conseguido él. Laburé tres años ahí, desde los veinticinco hasta los veintiocho.

LM: -¿Y antes?

LB: -Anteriormente había trabajado en Blockbuster seis años. Me echaron y les hice juicio. Venía de una época de cosas espantosas, porque cuando me echaron, me separé. Entonces me quedé sin trabajo, sin casa y sin pareja.

LM: -¿Cómo sin casa?

LB: -La casa que habíamos comprado quedó en posesión del masculino, así que volví a la casa de mis viejos, que para mí era terrible. Entonces mi viejo me puso en la bolsa de empleo de la empresa. Y entré.

LM: -¿Qué hacías ahí?

LB: -El peor trabajo del mundo, atendía el 112, que son reclamos de facturación. En ese lugar yo era una bolchevique, una terrorista. Mi papá tenía una historia muy larga en Telefónica: era delegado sindical y hacía como quince años que lo venían eligiendo. Y bueno, como yo había entrado con apellido, medio que estaba en esa de: "No me vengan a joder".
Era un laburo muy exigente, muy quemador y muy malo para la salud. Nunca me enfermé tanto como los tres años que laburé ahí: si no tenía tendinitis, tenía rectificación de columna o me quedaba afónica. Era un estrés muy alto, lo que provocaba que me volviera mucho más punk. Si venía la supervisora, la enfrentaba.

-Dale, atendé el llamado.
-No, no lo voy a atender. Voy a esperar, voy a descansar y después lo voy a atender.
-No podés hacer eso.
-¿Ah no? ¡Delegado!

Era muy difícil trabajar conmigo y también era muy difícil para mí trabajar así, porque nadie quiere estar con esa tensión. Era un laburo en el que te estaban todo el tiempo encima. A ver, es el 112, ¡todo el mundo llamando para quejarse de la factura! Puteadas a la orden del día.
A pesar de todo, la pasaba bien con la gente, mis compañeros eran re copados. Y eran pocas horas, pagaban muy bien y me permitió empezar a trabajar como fotógrafa.

LM: -¿Mientras tanto seguías haciendo fotos?

LB: Sí, desde el secundario ya nunca dejé de sacar fotos. Más esporádicamente, con menos o más cotidianeidad, pero siempre estuve ahí sacando.

 


LM: -De tu escuela primaria, ¿qué te acordás? ¿Te gustaba?

LB: -Me encantaba ir al colegio, siempre me gustó. Me encantaba estar con gente más allá de mi familia.

LM: -¿Fuiste a una escuela religiosa?

LB: -No, mis viejos son ateos totales. Tampoco estoy bautizada, en mi familia no hay creencia religiosa. A los diez u once años tuve una cuestión medio mística, que rezaba a la noche. Después una vez mi papá me mandó a estudiar guitarra a la iglesia, donde se había armado una especie de centro cultural barrial, pero cuando empecé a cantar las canciones religiosas me sacó y me llevó a otro lado. Así que no, religión no.

LM: -Y este brote por el rezo nocturno que te dio, ¿de dónde vino?

LB: -No sé. Me parece que era más de mi imaginario, de pedir por la gente, pedir por mi abuela. Flasheaba con esas cosas, lo sigo haciendo con todo lo religioso. Me copo con las iglesias y las estampitas, y me gustan los poetas místicos. Hay algo de lo misterioso y de la fe que me resulta muy interesante, pero no creo en el dios católico, soy más racional.

LM: -¿Pero creés en algo?

LB: -Creo en el amor, en las personas, en la naturaleza. Creo en los milagros que tienen que ver con el orden de lo no esperado, en cosas que no se pueden materializar. Para mí lo más cercano a Dios es el amor que se tiene la gente, ahí está mi creencia.

LM: -¿Y con respecto a tu filiación politica? Me da la sensación de que vos le creés a los políticos. A Cristina, por ejemplo.

LB: -Sí, por supuesto.

LM: -Y me parece además que vos creés que ella creé. ¿Creés que los dirigentes peronistas realmente creen en lo que dicen?

LB: -Yo le creo a Cristina sabiendo que atrás hay un montón de cosas que no sé. La creencia tiene que ver un poco con eso: uno cree consciente de que no está sabiendo todo. Es algo un poco relacionado con la fe, con el sostener un vínculo no sabiéndolo todo. Pero soy consciente de que hay un montón de cosas que no sé, que no voy a saber y de las que no tengo el poder de enterarme, entonces me fijo en mi base. Yo creo en la gente. Mis amigos que son peronistas, son gente que ayuda, gente que quiere cambiar las cosas, que se preocupa por el otro, son gente que trabaja en las villas, que tiene preocupaciones sinceras por la gente que no tiene qué comer. Digo, para mí eso es el peronismo, el peroncho de al lado.
Ahora, vos me hablás de la cúpula del peronismo y seguro tenés veinte traidores. Qué sé yo, no puedo pensar en ellos. Yo pienso en la gente común. Empezó a hablarse de este concepto de que la patria es el otro, y la patria también es el macrista. El peronismo también debe entender eso. Y cada persona también lo tiene que entender. Ese entender que la patria somos todos es lo que para mí va a hacer que la cosa empiece a cambiar.

LM: ¿Cómo se vive el peronismo en esta ciudad que siempre parece ir en sentido contrario?

LB: -Capital Federal suele ir a contramano de lo popular. El capitalino siempre quiere cagar más arriba de lo que le da el culo, entonces siente rechazo por el populacho y dice: "¿Cómo yo voy a estar en un mismo movimiento con todos estos negros?". Por mi parte, yo desde siempre fui parte de la negrada y nunca me interesó pertenecer a alguna clase social distinta de la que provengo.
Esto tiene que ver con el lugar al que sentís que pertenecés. En las las clases altas es muy difícil encontrar empatía. Yo creo que hay algo del orden de la solidaridad que va más allá de la creencia política, algo como una postura frente al otro. Hay gente que nunca pasó hambre y que tampoco tuvo al lado a alguien que pasara hambre, y ese desconocimiento los hace menos sensibles. Yo siempre me supe parte de la lucha, en mi adolescencia ya militaba en la izquierda. Después vi un montón de otras cosas y comencé a sentirme mucho más parte de esto popular.

 

 

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