Vivir de esto: Brunancio II

Por Leandro Moscardó.
Fotos por Teresa Mir.


LM: -¿Ya pensabas en vivir en Buenos Aires?

B: -No, ni menos. Estaba en bolas, no sabía qué era lo que estaba haciendo. Sobre la marcha me fui dando cuenta de muchas cosas. Era: "Bueno, sigo Ilustración para decir que tengo un título. ¿Y después qué hago?". Me metí de improvisado y en caliente para ver qué onda, después no sabía qué iba a hacer. Donde yo estaba, el futuro era trabajar en Ediba, que era una editorial que contrataba gente de ahí. Más allá de eso, nada.
Y en Bahía Blanca pasó que la gente que me había abierto las puertas, cuando me empezó a ir un poco bien, esa misma gente se encargó de cerrármelas. Ejemplos pavos: iba a ferias a vender cosas y solíamos compartir mesa con algunos, pero después como yo vendía más, muchos se empezaron a alejar, porque no les convenía estar conmigo. Después, por eso mismo, hasta me dejaron de invitar a lugares. Fue re choto, era como: "Al final los que te tendrían que apoyar, te terminan haciendo mal". Yo ya había empezado a subir algunas cosas a Internet. Esto ya era después de los Fotolog, ya había empezado Facebook.

     IMG_0755_editedLM: -¿Qué cosas vendías en ese momento?

B: -Stickers. Una piba arrancó una especie de centro cultural y me invitó. No sabía qué llevar, y me dice: "Hacé stickers". Así que hice dos pliegos de A4, gustaron y se vendieron al toque. Yo no lo podía creer, era la primera vez que recibía plata por algo que hacía. Y empecé a querer más: "Quiero vivir del dibujo. No le quiero pedir plata a mis viejos". Tenía que encontrar una forma de materializar esto. Y de financiarlo.

LM: -Para bancar la inversión.

B: -Claro. Entonces empecé haciendo stickers. Cuando salía los fines de semana en Punta Alta, hacía una o dos planchas de stickers y las regalaba. Mi vieja me cagaba a pedo: "¿Para qué gastas plata en eso si lo terminas regalando?". Yo le decía: "Vos confía en mí, esto es una inversión". Empezaron siendo dos hojas, después fueron cinco, diez, quince. Después salía y la gente ya directamente me pedía, no es que esperaba a que se los regale. Algunos hasta los coleccionaban. Mis amigos me decían que tenía que empezar a cobrarlos. Y bueno, ahí empecé haciendo los stickers en packs y después fanzines. Así, de a poquito.

LM: -¿Todo en Punta Alta?

B: -Todo en Punta Alta y en Bahía, mientras cursaba la carrera, que no sabía ni para dónde me llevaba.

LM: -¿Pintabas algo en la calle en ese momento?

B: -No. Acá en Buenos Aires el boom fue en el 2010, pero allá llegó medio tarde. Empecé a pintar como en 2012, por ahí.

LM: -¿Dónde pintabas?

B: -Había empezado a pintar zapatillas, que estaba como de moda. Hacía zapatillas personalizadas y las vendía, o traían las zapatillas y se las hacía. También hacía parches pintados a mano, cuadritos y cosas así. Me las rebuscaba.

2- Brunancio-IMG_0869_editedLM: -¿Todavía vivías con tus viejos?

B: -Sí, con mis viejos viví un montón. Ya hasta me daba vergüenza. Tardé como siete años con la facultad y ni siquiera me recibí, porque llegó un punto en el que sentía que no me estaba sirviendo.

LM: -Que ya no ibas a aprender nada más ahí.

B: -No me estaba sirviendo. Me estaba empezando a pasar lo mismo que en la secundaria, que había un montón de materias que sabía que no me servían para nada. Me daba bronca. Y dije: "Bueno, acá en Bahía y en Punta Alta no hay futuro. Pongo las fichas en Internet". Internet llegó muy tarde allá, y mi barrio fue uno de los últimos a los que llegó. Entonces, cada vez que tenía que hacer un trabajo práctico me tenía que ir al centro, al ciber donde trabajaba, para no gastar, y me quedaba desde las ocho hasta que cerraba el negocio. Fueron todos palos en las ruedas y sin embargo seguía y seguía. Si ahora me preguntaras: "¿Harías todo eso de vuelta?", la verdad es que no sé. Estoy tan cansado que no sé si lo volvería a hacer.

LM: -La energía que tenías en ese momento, ¿de dónde venía?

B: -Venía de adentro mío. Sentía que podía cerrarles el orto a todos, que vieran que se podía: "Yo voy a poder y después van a venir y me van a decir 'perdón, me equivoqué'". De alguna manera usé toda esa mala energía para convertirla en esto.

LM: -Como combustible.

B: -Sí, siempre sentí que todos esos palos en la rueda en vez de frenarme, me daban más ganas.
Vos sabés que en Ilustración, como éramos pocos, empezamos a hacer movidas para agitar la carrera. Éramos seis cuando empezamos, y de hecho todavía nadie se había recibido. Entonces con los profesores empezamos a hacer cosas dentro de la universidad, para que se viera lo que se hacía en la carrera. Hicimos un evento en el que llenamos los lockers de stickers, pintamos vidrios, como una muestra para vean lo que hacíamos. Pero había un grupo dentro de la universidad que flasheaba arte, que flasheaba Banksy, y que eran boludos grandes ya. Eran de otra rama, pero estaba el tema del boom de los muralistas y estos querían hacer algo de eso. Y a mí me habían agarrado una pica, no sé por qué. Yo veía que había mala onda para con mis cosas. Ponele, en una época, para rebuscármelas había organizado un sorteo que vendía números y sorteaba cuadritos y un montón de giladas, y había puesto unos afiches en la universidad. Entonces un día estaba en una clase y veo que pasa uno de estos pibes, ve mi cartel, lo agarra y lo rompe. Yo pensaba: "¿Qué onda? Si no estoy haciendo nada malo, me la estoy rebuscando. ¿Por qué haces eso?". Ahí había empezado a fichar la mala onda. Hasta que otro día llego a la universidad y sentía como que todos me miraban, y no entendía por qué. Se me da por ir a mirar mis cosas y estaban todas escrachadas.

2- Brunancio-IMG_0856 (1)_editedLM: -¿Los stickers que habían hecho con tus compañeros y profesores?

B: -Sí, les habían dibujado encima: pijas, culos, tetas. Pero únicamente a los míos. Y me pegó, me pegó feo. Sentía: "¿Qué onda? ¿Qué grado de cinismo te lleva a escrachar así lo de una persona? Si estamos en un mismo palo".

LM: -Vos no les habías hecho nada, no habías tenido ningún enfrentamiento con ellos.

B: -No, era pura envidia. Me puse mal en ese momento, medio como que me descompuse. Una profesora de ahí saltó por mí y, fuimos a hablar con los directivos. Mágicamente las cámaras ese día no anduvieron, así que no supieron quiénes eran. ¿Pero qué pasó? Eso hizo que después toda la escuela hablara de mí y de lo que había pasado. Y fue mucha la gente que se acercó a decirme: "Che, qué giles estos". En vez de hacerme mal, terminaron haciéndome bien, porque los que no me conocían me terminaron conociendo. Y después los pibes de los otros cursos hicieron una movida para limpiar todas mis cosas. Yo me sentí re agradecido. Pero a los directivos les chupó un huevo, nunca buscaron responsables. A los tres años, me encontré con un pibe que soltó la boca y me dijo: "Che, ¿te acordás cuando te escracharon? Fueron tal y tal", y yo: "Sí, era obvio. Sabía que eran ellos". Esos pibes hoy son profesores en esa universidad.
Cuando pasó eso, ya estaba harto de la carrera, de esas materias que sentía que no me servían y las tenía ahí colgadas, así que me atrasaba años.

LM: -Con eso que te pasó, fue una buena señal el hecho de muchos salieran a bancarte. ¿Qué te generó ese respaldo?

B: -Fue lindo y raro, porque apareció mucha gente que pensé que no daba ni dos mangos por mí. Estuvo bueno. Muchos profesores, sobre todo. Me empezaron a dar consejos sobre lo que iba a pasar de ahí en más: "Si así ya empezás, acá que recién estás naciendo, esto no es nada de lo que te va a pasar durante tu carrera, porque ya vemos que tenés una cierta chispa para esto". Me decían que me vaya acostumbrando, que iba a tener que aprender a convivir con eso. Estuvo bueno, fue lindo tener todo ese aguante.

LM: -¿A partir de ahí empezaste a creer un poquito más?

B: -Yo sabía que quería vivir de esto. ¿Cómo? Eso sí que no lo sabía. Me concentré en internet. Subía, subía y subía. Ahí empecé a tener más contacto con gente de Capital. Entonces empecé a venir una vez al mes. Y lo vivía como si fuera ir a Bariloche. Era venir, estar, pasear y vender. Volvía con plata, mis viejos no lo entendían. Imaginate, de no saber ni cómo ir a Bahía, después terminé yendo a Capital a conocer gente con la que sólo teníamos contacto virtual.
Me fui largando de a poco. Empecé a vender stickers, haciéndome un lugar. Y después llegó un pibe y me propuso hacer tazas. ¡Eso para mí era tecnología avanzada! Hicimos dos o tres y volaron, y dije: "Epa, esto es negocio". Seguimos haciendo, pero para un día del amigo, el chabón me dejó clavado con un montón de pedidos, así que seguí solo. Ya había visto que daba plata, que no era como el sticker.
Y bueno, seguía con la carrera ahí, que no daba para más. Iba a cursar sin ganas. No le encontraba la vuelta, me la pasaba tirado en la cama y deprimido. Hasta que un día mi viejo me encaró y me dijo: "¿Qué es lo que necesitas para que pueda verte haciendo plata o algo? Porque yo no te puedo ver así tirado, tenés que hacer algo con tu vida". Ahí fue una de las primeras veces que agaché la cabeza y le dije: "Ok, necesito tal cosa". "Bueno, lo vamos a comprar", fue su respuesta. Y ahí le dije que a la carrera ya no la veía, que yo ya era alguien, tenía un nombre y que no necesitaba un título que dijera que era buen ilustrador: “Siento que estoy perdiendo tiempo y vida acá, que si estaría haciendo lo que tengo ganas o tuviese lo que necesito para fabricarlo, ya estaría en otro lugar".

3 - Brunancio 2LM: -¿Qué cosa le pediste a tu papá?

B: -La máquina para sublimar tazas, con una impresora y todo. Vinimos a Capital y la compramos. Y vimos que me salía más barato quedarme a vivir que llevar todas las tazas y la máquina a Punta Alta para hacerlas, y después mandarlas acá, porque el público que tenía era más de Capital que de allá. Y justo una de estas amigas que conocía de venir tanto me dijo que se desocupaba la habitación de una amiga. Así que me vine así, en menos de una semana. No sabiendo qué iba a ser de mi futuro, terminé en Capital.

LM: -Y ahí tus viejos ya te estaban ayudando.

B: -Ahí mis viejos me hicieron un aguante bárbaro, me compraron todo: la máquina, una impresora, una cama y las cosas básicas. Yo no tenía nada para vivir solo, y ni sabía usar un lavarropas. Los primeros dos meses me tiraron un poco de plata y ya después comencé a ingeniármelas.

LM: -¿Qué edad tenías en ese momento?

B: -Ya estaba grande, era el 2013. Tenía como veintiséis. Había estado estancado muchos años, pero ya la estaba moviendo en internet.

LM: -¿Tus papás podían entender la popularidad que empezabas a ganar?

B: -No, ni tampoco qué era lo que hacía todo el día en la computadora. Para ellos estaba boludeando, cuando yo en realidad estaba haciendo de todo.
Pasaba que no les mostraba nada. Lo empezaron a ver hace poco, hará dos años. Mi papá se compró una notebook y se anotó en un taller para ir a aprender. Entonces les empecé a mostrar algunas cosas, lo que creía que era políticamente correcto para ellos. Después mi viejo se metió y empezó a chusmear. Y mi vieja a su modo le fue encontrando la gracia, aunque hay algunos dibujos que no entiende. Pero aunque no lo podían asimilar ni entender, empezaron a ver lo que movía.

LM: -¿Cómo fue llegar a Buenos Aires?

B: -Acá caí en el 2013 y me pasé la primer semana de joda. Cuando volví a la realidad y me cayó la ficha de que estaba solo, tuve mi primer ataque de pánico.

IMG_0752_editedLM: -Llegaste y paraste en la habitación que esa chica te avisó que estaba libre.

B: -Sí, ella me escribió porque cuando yo todavía vivía en Punta Alta, había hecho un descargo en mi Facebook: que estaba harto y me quería ir. Entonces esta piba, como le había pasado algo similar, sin conocerme me abrió las puertas de donde vivía para darme una mano cuando quisiera venir para acá. Así la conocí. Ella me abrió esa puerta. Había sido tal mi desesperación que acudí a mi Facebook personal pidiendo una manos. No sabía cómo me iba a ir, porque no tenía plata.
También me seguía quedando en Punta Alta porque tenía un apego muy grande con mi gata, que es ésta que tengo acá tatuada. La re quería. Entonces cuando venía a Capital, la re extrañaba. La gata era el único cable que me ataba a Punta Alta. Mis viejos me chupaban un huevo en realidad. Y me había prometido internamente que iba a estar ahí hasta el día en que se muera la gata. Hasta que, cuando tuvo que ser, en tres días se la comió un cáncer. Después de eso, mágicamente pasó esto que hablé con mi viejo y me terminé viniendo a Capital. No sé si fue la gata o qué, pero se acomodó todo en la galaxia y yo sin saberlo me terminé viniendo a vivir a Capital con una mano adelante y la otra atrás.

LM: Además de a esta chica, ¿conocías a alguien más en Buenos Aires?

B: -Sí, conocía a otras personas, pero a todos lados iba siempre de arrimado.

LM: -¿Y qué tal fue el primer tiempo?

B: -El primer año fue duro porque se me rompió la impresora. ¡Yo hacía todas las tazas y se me viene a romper la máquina! No sabía para dónde disparar. Averigüé y me salía más barato comprar una nueva que arreglarla. Tenía un montón de pedidos, así que había que solucionarlo. Y bueno, encontré a uno que me las hacía y es el mismo con el que las hago hasta el día de hoy.
La taza me dio el comienzo. A partir de ahí todo se fue encaminando. Fui conociendo personas y lugares que duraban lo que tenían que durar y me pasaban la posta de otros lugares, y así. Siempre sobreviviendo.

LM: -Cuando llegaste y te pasaste esa semana de joda, ¿qué buscabas?

B: -Quería salir y ponerla, quería estar en todos lados. Imaginate que yo vivía con mis viejos y no podía llevar a nadie a casa. Encima vivía en el culo del mundo. Por eso cuando venía una vez al mes era como venir a Bariloche.
Lo que siempre estuvo fue la gente de Internet. A mí lo que me hizo sobrevivir fue la predisposición de la gente de siempre querer lo que hago.

2- Brunancio-IMG_0906_editedLM: -¿En qué zona de la ciudad estaba la pieza que habías alquilado?

B: -Acá a tres cuadras, cerca de Niceto. Después me mudé, pero al lado, así que siempre me mantuve por acá. Es una zona hermosa y me queda todo cerca. Desde que llegué, a todos los eventos a los que tuve que ir, fui caminando. La zona fue soñada, porque yo no sabía a dónde estaba llegando a vivir, no tenía ni idea sobre la ciudad de Buenos Aires. Lo empecé a aprovechar recién el año pasado, porque me agarró una depresión con internet y entonces dije: "Voy a salir a hacer la calle", para encontrar nuevos rumbos. Salí y pegué un Fort por allá en un coso de Edesur y después salí a pegar por todo Palermo. Y pasó que pegué uno al frente de Il Ballo del Mattone, y el dueño le sacó una foto, y después la subió a Instagram. Luego una prima de él le dijo que eso era mío, entonces el chabón me contactó y me dijo: "Estoy por abrir una galería. Me gusta lo que hacés, quiero que hagas todo el frente". Y es esto donde estamos ahora.

LM: -En ocasiones tu trabajo te lleva a los lugares de moda. ¿Cómo lo manejás?

B: -Es una lucha constante ese tema, es algo con lo que tenés que lidiar. Yo transo hasta cierto punto. Hay lugares a los que me han invitado y dije que no, porque tengo cierto orgullo. Pero sé que mi trabajo gusta a ciertos sectores y contra eso no podés hacer nada. Si viene un re mil cheto y me quiere comprar, le vendo, más vale, pero queda ahí.
Palermo también tiene mucho de gente que la quiere pegar con algo. Si te ponés a pasear por la zona vas a ver un montón de gráfica apuntaba a una idea de moda con la que algunos se quieren salvar. Bueno, yo no. Es muy fácil la fórmula de la frasecita inspiradora, de que está todo bien y todo positivo, pero yo no busco eso. No podría hacer eso -que es muy fácil- porque no quiero vivir engañándome a mí mismo.

LM: -En tu trabajo podemos ver dos vías: una de crítica social y la otra puramente de humor. Por ejemplo, Fort es humor. Y de hecho toda la serie Popó art es humor sin mucha pretensión de hacer pensar. Pero por otro lado desarrollás ilustraciones donde hay una clara toma de posición política. ¿Cómo te movés entre estas dos variantes?

B: -Depende de mi humor y de lo que me venga, pero también del tiempo. Antes tenía mucho más tiempo para sentarme y hacer.
Todo lo que viene random va para la serie Lo que pinte, por eso se llama así. Por otro lado, cuando quiero hacer algo y necesito que se venda, me tiro para el Popó art, en base a lo que pienso que va a salir más. Y cuando me siento realmente con ganas de dibujar y tengo tiempo, ahí voy para donde yo quiero y el dibujo sólo dependerá de mi humor. Por eso, lo que te decía primero: depende de las condiciones en que lo haga. Hay un montón de ideas que tengo anotadas pero que no las llevé a cabo por falta de tiempo.
Por otra parte, ahora estoy intentando cambiar la manera de mostrar lo que hago, porque estoy cansado del choreo. Ya no me siento libre de subir cosas a internet. Antes mi libertad era dibujar y subirlo, largarlo. Pero ayer, ponele, estaba mal e hice un dibujo en alusión a lo que me estaba pasando con la muerte de mi viejo. Cuando lo subo, el primer comentario era: "Esto re garpa para una remera". Y yo sé que después van con el dibujo, se lo llevan a alguien y lo hacen remera. Y a ver, si vos dijeras que yo estoy arriba de un Audi, ni me afectaría. Pero estoy viviendo de esto, entonces ese choreo me enoja, porque ahora no puedo sentir la libertad de subir lo que tenga ganas, porque cualquier gilada que suba, a la semana ya alguien la está haciendo en taza o en remera. Te lo juro, porque me entero después.

3 - Brunancio 8LM: -En una entrevista contaste que en Tucumán había uno que estaba vendiendo tazas con tus dibujos a cuatrocientos pesos. Es lo que tiene Internet, ¿no? Habilita nuevas posibilidades, pero va modificando todo el esquema de negocios que te imaginás.

B: -Yo soy muy ansioso, entonces lo que dibujo, ya lo quiero subir, pero ahora le encontré la vuelta para poder hacerlo. Lo que encontré es cuando dibujo algo, no lo tengo que subir al toque, sino que tengo que subir el dibujo ya en la taza o en el cuadro, porque así ya no lo pueden copiar, a no ser que lo redibujen, pero no le va quedar igual.

LM: -¡A menos que hagan una taza que tenga el dibujo de tu taza!

B: -No me sorprendería. Pero bueno, ¿sabés qué pasa con todo esto? Que mi página deja de ser Brunancio y pasa a ser el comercio de Brunancio. Yo si hago un dibujo no quiero esperar una semana que esté en la taza para recién poder subirlo. Es choto, pero es lo que tengo que hacer.
Ahora mi nuevo rumbo, al que quiero ir y en el que siento que me voy a reencontrar con el dibujo, es el tatuaje. Estoy en ese proceso. Ya compré las máquinas y todo.

LM: -¿Y vas a tatuar vos?

B: -Sí, yo voy a tatuar. Siento que eso me va a volver a mis raíces. Voy a hacer dibujos y voy a poner: "Esto es lo que quiero tatuar. ¿Quién se lo quiere hacer?". Entonces ahí vuelvo a las raíces de dibujar por gusto. Y a la vez tratar de encontrar un estilo en el tatuaje, y que la gente se venga a tatuar por mi estilo. En cuanto a lo económico es un poco más fácil, por así decirlo, que el tema de las tazas, que tampoco es que voy a dejar de hacerlas. Pero hoy en día necesito una estabilidad económica y mental.

LM: -¿A todas tus redes las manejás vos?

B: Sí, todo yo. No pongo un mango por nada, todo lo que hice siempre fue de abajo. Ahora estoy viendo la posibilidad de poner alguna que otra publicidad para los bastidores.

LM: -Y hasta el momento lograste un arrastre orgánico interesante.

B: -Sí. Antes me gustaba Instagram, porque no era tan pide guita como Facebook, pero ahora cambió y es lo mismo. Ponele, cuando hice el video de la taza de Macri, que fue lo que más movió mi Instagram, le llegó a sesenta mil usuarios, de ciento doce mil que tengo. Y eso fue lo más arriba. Antes no era así, las cosas llegaban a una proporción mayor, pero ahora está siendo como Facebook. La cagaron. Por eso los que empezamos antes tenemos muchos seguidores, porque era una época en el que el algoritmo era otro y para posicionar la red social todo era más viral. Ahora la restringieron un montón. Pasa también con las ventas, de cada quince en Instagram, me entra una de Facebook, y en Facebook tengo el doble de seguidores que en Instagram. Ya si no subís cosas todos los días el espectro se va cerrando y no lo levantás con nada.

1- Brunancio-IMG_0763_editedLM: -Es frenético.

B: -Y sí, las redes sociales en una época me enfermaron mucho; sentía que tenía que subir algo todos los días y me sentía re esclavo de eso. Me frustraba si subía algo y no tenía tantos likes o compartidos, me volvía loco. Eso sumado a que me choreaban, me enfermó tanto del balero que dije: "Me tengo que alejar un poco" y ahí fue cuando salí a hacer la calle.

LM: -Por lo que se puede ver, tenés poca relación con marcas, al contrario de otros colegas.

B: -Trabajé con pocas marcas. Tuve una experiencia con Bon-o-Bon que no estuvo buena, y a partir de ahí dije: "No, cada vez que se quieran meter con mis lápices, por más plata que haya, me bajo, me chupa un huevo".

LM: -¿Qué es lo que no te gustó de esa experiencia?

B: -Habían convocado a un montón de ilustradores para hacer el rediseño por el aniversario. Éramos como quince. Después, como era poca la plata, se les bajaron casi todos y quedamos dos nomás. Era la época en que yo necesitaba todo el mango que fuese, porque recién llegaba a Capital. Así que accedí igual, por dos monedas. Después encima se tardaron un montón en pagarlo. Y el trabajo en sí no estuvo bueno, teníamos que hacer unos posteos y un dibujo. Antes de cada posteo, había que mandárselo para que te lo aprueben. Y yo me expresaba como me expreso siempre, con el lenguaje con el que trabajo. Y ellos me decían: "No, no queremos que diga 'wacho', no queremos que diga ‘esto’, no queremos ‘aquello’". Me terminaron retocando toda la ilustración y finalmente no era yo el que estaba escribiendo. Me quedé re caliente y a partir de ahí dije: "Esto no lo hago nunca más". Con las otras pocas marcas que trabajé, lo hice porque me dieron libertad total. Una de esas fue Cynar.

LM: -O sea que vivís cien por ciento del ingreso que viene por tus propios productos, no por relación con empresas.

B: -Sí, vivo de mis cosas. Sobre todo ahora que el trabajo con las agencias se paró porque muchas se pasaron a trabajar con youtubers.

 

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LM: -¿Qué es lo que más hacés? ¿Tazas, pins, stickers?

B: -Ahora me estoy tratando de pasar más al pin y al bastidor. La taza es muy complicada de transportar, muy pesada. En cambio el pin es más llevadero y deja más o menos lo mismo.

LM: -Con el bastidor es distinto, ¿no?

B: -Sí, y es más artesanal, porque todo lo hago yo: los imprimo y también los monto.

LM: -¿Tenés la idea de venderlos en galerías?

B: -No, mi idea es que sean accesibles a todo el público que los quiera, por eso hay diferentes medidas y tamaños. Lo hago en bastidor para que quede más lindo en las casas, pero quiero que todos tengan acceso. Por eso hago de varias medidas. Originales no hago, porque si los hiciera tendría que fajar un montón con el precio; y hacerlo una sola vez, claro, porque si no, sería un ladri.
Hacerlo en bastidor surgió porque me pedían muchos, entonces averigüé y dije: "Bueno, fue. Me mando". Aparte queda lindo, prolijo. Siento que los dibujos fueron creados para eso, para estar en las casas. Me gusta esa idea y jugar con que sea como un pop art como los que me hubiese gustado tener en casa.

 

> Parte 3 | Final: ¿Dónde estoy parado?

 

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