Cambiar la piel: Lala Pasquinelli III

Por Mauricio Caminos.
Fotos por Teresa Mir.
Fotos de obras y talleres, gentileza de Lala Pasquinelli.


MC: -¿Cómo pasaste de ser abogada a convertirte en una artista?

LP: -Mirá, cuando era chica tocaba la guitarra, dibujaba y hacía actividades creativas. Todo de un modo bien estructurado, con clases y eso. Después siempre escribí relatos, cuentos, cosas mías. Pero ya cuando volví del viaje a Nueva York, pintaba y hacía cosas distintas con la mano. Sabía con mi corazón que ahí había algo para mí, que ese era mi lugar, aunque aún no sabía qué era concretamente.
Por esa época tuve el pensamiento de que, por lo menos para mí, la palabra estaba agotada. Se había agotado la palabra como herramienta de autoconocimiento y de comunicación. Entonces me dije que a partir de ese momento iba a conocer con el cuerpo, no con la cabeza o la palabra. Para mí eso era empezar a experimentar cosas y tener conciencia del registro físico; darle cada vez más espacio a eso, y tener prácticas espirituales y corporales. Empecé a sentir mucho más bienestar y tenía esa sensación de: “Es por acá”. Aunque ese “por acá” era enorme y borroso, no es que tenía una flecha y listo.

Lala-IMG_1077_editedMC: - Y el viejo camino, el que te habían enseñado, tenía señales claras pero había que abandonarlo.

LP: -Tenía la sensación de que mi cuerpo ya no podía estar más ahí. Es ridículo cuando lo digo pero sentía que si seguía ahí me iba a morir.
Mi pregunta “¿Qué estoy haciendo acá?” también tiene que ver con esas preguntas que parecen placas de Facebook, que te preguntan qué te gustaría que pasara hoy si supieras que esta noche te vas a morir. Tenía que ver con eso: “¿Cuál es mi huella? ¿Cuál es mi gesto? ¿Qué es estar viva? ¿Qué es estar acá: que yo me levante y vaya a laburar puteando a todo el mundo, queriendo que el día se termine? ¿Laburar todo el año para irme de vacaciones? ¿De verdad eso es todo?”. Yo no soy boluda. Me decía: “Vos sabes que esto no es, ¿por qué no podés salir de acá?”. Pero llega un momento en que ya no podés no escucharte, porque algo explotó en tu cabeza, y las cosas empiezan a ser más claras.

MC: -¿Qué ves en el arte?

LP: -A mi no me interesa el arte como objeto; al contrario, me genera algo como que está muerto. Sí me interesa el arte como experiencia, acercar el arte a las personas, compartir la experiencia con otros.

MC: -Es lo que hoy hacés en el taller de Mujeres que no fueron tapa. Porque si vos no vas, si no ponés el cuerpo, no hay taller.

LP: -Ésa es mi clave. Yo necesito que me pasen cosas.

MC: -¿Qué hiciste al volver de Nueva York? ¿Cambiaste de trabajo?

LP: -Yo seguía laburando de abogada y me iba bien. Me había organizado bastante bien porque tenía los mismos clientes hacía muchos años, y había cosas que funcionaban solas, entonces no me demandaba tanto, en el sentido de tener que estar. Entonces comencé a organizarme para que mi trabajo como abogada fuera cada vez más chiquitito, aunque resignara dinero, y así darle cada vez más espacio a lo que venía haciendo: experimentar, probar cosas, pintar.
En un momento con unas amigas pusimos una agencia de comunicación con foco en storytelling, y capacitábamos a empresas y personas para hacer presentaciones más atractivas. Lo hicimos un año y estuvo bueno, pero tampoco me llenaba, era más de lo mismo.
Después hice dos cursos que me volaron la cabeza: El mundo de las ideas, que te comentaba recién; y Obrador, que es de experimentación audiovisual.

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Fotografía: Pablo Piacentini
MC: -¿Qué te pasó en El mundo de las ideas?

LP: -Es un curso de seis meses, al que vas todos los viernes y te encontrás con cuarenta personas de distintos ámbitos de todo el espectro social. La idea es que vos puedas desarrollar tus ideas y comunicarlas. Te encontrás con gente de palos completamente diferentes. Hay encuentros con mucha buena onda y cada viernes había charlas y actividades para disparar tus ideas. Al final terminás dando tu charla. Y yo la verdad que el día que me tocó, no pensaba decir nada, estaba en pelotas: sabía que no quería trabajar más de abogada, estaba surfeando ese proceso, y por momentos la pasaba bien y por momentos como el culo. Entonces me dijeron que hablara de eso. Y ahí me dí cuenta de que si hablaba de eso, se me desarmaba la identidad. Tuvo todo un efecto simbólico pararme ahí arriba y decir: “Yo no soy más esto”, después de estar 35 años construyendo esa identidad. Tenía mucho peso darme cuenta de que esa vida no iba más, fue muy aliviador. Era un momento en que todo lo que hacía lo disfrutaba mucho. Estaba recuperando la paz.

MC: -¿Y Obrador?

LP: -Lo hice con dos artistas: Florencia Fernandez Frank y Gabriela Messuti. Es un taller que te sirve para desarrollar, reconocer y apropiar tus herramientas creativas. Todos tenemos un proceso aunque generalmente no de manera consciente. Es importante saber cuál es el tuyo y cómo potenciarlo. Este taller también duró seis meses y fue muy potente. En ese tiempo yo estaba pintando, y ahí empecé a hacer grafitis, collage, comencé a escribir y a hacer cosas diferentes. Me obligó a hacerme preguntas que ahora tienen mucho sentido.
Cuando lo terminé fue raro: ¿Cómo iba a ser artista si no estudié arte? Además venía de millones de años de estudiar abogacía. Sentía que tenía que aprender cosas que no sabía. Entonces armamos un plan y trabajamos durante un año. Hoy sigo yendo a Obrador, pero con cosas muy concretas de mi obra que yo quiero trabajar.

MC: -Otra vez, le pusiste el cuerpo a las cosas.

LP: -Es que yo no podría compartir algo que no haya experimentado. Obrador fue importante en término de hacer cosas. También hice cursos de stencil, de graffiti, de escritura, fui a bailar flamenco, aprendí a tocar el cajón peruano; hice clases espirituales, meditaciones, distintos tipos de yoga, retiros.
Hoy sigo haciendo muchas cosas pero en ese momento era todo el tiempo. También probé abstenerme de determinados consumos: por ejemplo, ¿qué pasas si no compro ropa por un año? Y pasan un montón de cosas en términos visuales. En mí también tenía que ver con otra cosa: no usar nada que me generara incomodidad en el cuerpo. Pasan cosas en tu percepción del mundo cuando experimentás cosas así, no son boludeces.
Eso de descubrirme también me pasó con el pelo. Había hecho un proceso con un chamán pero sin tomar ayahuasca ni drogas, que no me gustan, y después de la práctica me dijo que lo único que puede vivir en el presente es el cuerpo, porque nuestra mente puede ir para atrás o para adelante. Y yo había leído “El poder del ahora”, de Eckhart Tolle, y me quedó esa frase dando vueltas. Y un día me miré en el espejo y me dí cuenta de que tenía las canas teñidas. Se me vino la pregunta: “Cómo soy yo ahora, cómo seré?”, y me llevó un tiempo dejar el pelo como es. Me tuve que pasar la máquina porque era un desastre y fue re lindo. Me acuerdo que el encargado del edificio me miraba como diciendo: “¿Esta piba estará enferma o loca?”.

Lala-IMG_1084_editedMC: -Te descubriste en todos los planos: físicos, espirituales, materiales. ¿Cuál fue la reacción de la gente que te rodeaba? Tu familia, por ejemplo.

LP: -Con mi familia fue difícil, y fue lo más duro precisamente porque es la familia. Yo a mis viejos los adoro, pero siempre sentí que yo nunca hacía lo que había que hacer. Ahora de grande puedo entender lo que les pasa a ellos con esto, pero yo voy para otro lado. Hay resistencia, hubo y habrá, pero yo estoy primera.
Por otro lado, más allá de mi familia, a nivel general pasa que cuando vos empezás a cambiar tu forma de verte, de ver el mundo, de estar, inclusive de lucir, ese cambio se manifiesta aunque vos no quieras. Entonces los otros, que te conocieron hasta ese momento, muchas veces se sienten interpelados por tus propios cambios. Vos estás así, haciéndote estas preguntas y diciéndote que tu vida, así como era, no te cierra más. Entonces el otro piensa: “Y entonces yo, ¿qué? Hago lo mismo que ella hacía hasta ayer”. ¿Entendés? Hay algo en lo que vos estás haciendo que, aunque no le preguntes nada al otro, lo interpela. Y no todos nos queremos cuestionarnos.

MC: -¿Tuviste que dejar de ver a algunas personas?

LP: -Si no hay encuentro, no hay conversación, entonces ¿para qué? Somos mente, cuerpo y espíritu, y todo lo que hacés te atraviesa. Creo que hay que ser coherente, mirar la propia coherencia: que lo que vos hacés sea lo que pensás y sentis, y que los motivos por los que hacés las cosas sean los correctos, que son los tuyos. Eso tiene consecuencias re power. Es un círculo muy grande que se alimenta con eso y tiene que ver con recuperar la paz.
La gente con la que te relacionás cambia, es normal. Yo desconfío en la gente que dice que sigue teniendo los mismos amigos de la infancia. ¿Qué pasó? ¿Cuarenta años y seguís teniendo los mismos amigos? ¡Dale, boludo! No puede ser. Esas cosas me hacen pensar.

MC: -Pienso que cuando tenés tantos amigos, tal vez no te das bola a vos mismo.

LP: -Hay que ser muy respetuoso con uno porque tenemos una sola vida. Me gusta mucho viajar sola y te juro que no conozco gente. Supongo que conocer gente debe ser mucho más divertido que estar sola, pero para mi es difícil porque me gusta estar sola, tengo mucha conversación.

MC: -Además, conocer a alguien más, también requiere de cierto esfuerzo.

LP: -Yo soy re solitaria y la verdad es que no tengo tiempo para boludear mucho en relaciones que yo no sienta que tienen algo que nos conecta en lo profundo.
Si nos juntamos y hablamos, yo quiero salir pensando cosas que no había pensado hasta ese momento, y quiero que a vos te pase lo mismo. Si eso no pasa, no me dan ganas.
Tampoco me gustan las multitudes, no voy a los cumpleaños, ponele. Todo bien, pero no me gusta ir a un casamiento. Y entendí que está todo bien con no ir, porque antes iba y la pasaba como el culo. Entonces, ¿para qué? ¿Por qué hay que hacer lo que hace todo el mundo? ¿Por qué? No. Y posta que estoy más contenta desde que digo que no a un montón de cosas que no me gusta hacer.

MC: -¿La paz está ligada a la libertad?

LP: -La libertad lo es todo, y la paz está muy ligada a la libertad. No sé, soy re desconfiada de lo que hace todo el mundo. Pero no por snobista. Cuando hay algo que todo el mundo hace y que hay que hacer, me da mucha desconfianza. Ahí hay una trampa, hay algo que no está bien.
Yo lo que había que hacer ya lo hice. Tuve el marido, la casa, el perro, la profesión. Faltaron los pibes nada más, pero ya hice todo eso. Me fui de ahí y no voy a volver.

 

 

MC: -¿Cuánto tiempo le dedicás actualmente a Mujeres que no fueron tapa? ¿Ya pudiste dejar la abogacía?

LP: -En este momento todo lo que hago está atravesado por Mujeres que no fueron tapa. Entonces me está pasando que se me aparecen otras cosas que me hacen sentir que ésta puede ser una mirada muy acotada de las cosas. Y no sé, quizás yo vaya cada vez más hacia hablar de lo humano, que me atraviesa profundamente. La gente, el arte y la acción.
No me imagino que Mujeres que no fueron tapa vaya a ser una cosa de diez años, y que me vaya a cansar en algún momento. Pero este proyecto sí me trajo mucha información sobre que el arte es la experiencia expresiva, es algo indispensable en la vida de las personas. Y eso antes para mí era una intuición. En este momento tiene color de certeza, aparece en forma constante en los talleres. No hay fisura ahí.

MC: -En tu taller hay un trasfondo, que es el trasfondo de tu vida.

LP: -Yo trabajo con ejercicios de respiración, con estímulos visuales. No es sólo agarrar una revista y punto. Para mí la coherencia tiene que ver con convidar las cosas que yo probé. Y en el taller hay mucho concentrado: lo de poner el cuerpo está muy fuerte. El saber está en el cuerpo y el registro está ahí, no es mental. Vos necesitás el cuerpo para tener registro de la experiencia, y es eso lo que permite atravesar umbrales de conciencia.
Al taller siempre entro con el cuerpo a través de un ejercicio de respiración o con música u olores. También hay silencio, que cuesta porque la gente no se regala silencio. Si no hay silencio, no hay escucha y no hay conversación. Ni tiempo de detenerse a hacer esto en este momento. Y para que eso suceda, la gente no tiene que saber qué va a suceder después, porque si no la ansiedad y la velocidad cortan los papeles. Se necesita tiempo. Cuando vos te hacés una pregunta, te tenés que dar el tiempo para que la respuesta aparezca de alguna manera.

MC: -¿Hacés alguna pregunta clave como disparador?

LP: -La pregunta es “¿Cuándo te encanta ser vos, a vos?”. Esa pregunta sucede después de que escribiste, cortaste, respiraste, oliste cosas; después de que toda tu memoria emotiva empieza a aflorar, y entonces cerrás los ojos y visualizás. Y con la respuesta que aparece en tu cabeza, vas a buscar esos colores y esas sensaciones que aparecieron en esa escena. Entonces cuando vas a organizar lo que cortaste, lo que veas será lo que visualizaste. Y después vas a escribir.
Hay un registro muy profundo de esa experiencia. Para mí eso tiene sentido.

Fotografía: Pablo Genovesio
MC: -¿Qué les sucede a quienes van al taller?

LP: -Ya pasaron como mil personas por los talleres. Es impresionante. A cada persona le pasan cosas distintas. Algunos te dicen que lo que más les gustó fue el ejercicio de respiración. Los nenes quedan sedados. Mirá que yo nunca tuve hijos, ¡pero me encanta porque ellos piensan muchas cosas que yo sigo pensando igual!
Es un flash las cosas que aparecen. Cuando les pregunto “¿Cuándo te encanta ser vos, a vos?”, ahí siempre aparece lo expresivo: “Cuando bailo, cuando escucho música, cuando juego, cocino, pinto, estoy en la huerta”. Ninguno responde “cuando estoy en Facebook” o “cuando me fui a comprar la PlayStation”. Y en la gente grande aparece lo mismo, lo creativo, aunque generalmente en tiempo pasado. Pero tampoco aparecen las redes sociales o el consumo.
No darte el tiempo para vos implica no tener una válvula para drenar eso del mundo que te hace mal. Y si no te das tiempo, hay algo que se rompe, que es indispensable y hay que volver a unirlo porque nos sostiene.

MC: -Porque si no, nos caemos.

LP: -La gente se enferma, tiene depresión y ataques de pánico. Y me parece que tiene que ver con que no hay un espacio para lo expresivo como válvula y como huella, como esto de “estoy acá”. Lo expresivo también es todo lo que hacés con tus manos. Las personas, antes de esta forma de producción y consumo, se hacían su propia ropa, sus zapatos, se cortaban el pelo, se hacían sus comidas y sus herramientas. Estábamos en todo. Y ahora no estamos en nada. Porque todo lo que hacés tiene que ver con tu laburo, y encima probablemente no tenés posibilidad de ver cuál es el propósito que tiene ese laburo, porque vos estás ahí como una ruedita más en un mecanismo gigante. ¿A quién le estás haciendo bien y a quién mal? No lo sabés.
A mi me resultó muy fuerte cuando fui a Asia y vi cómo la gente come en la calle. En Bangkok hay puestitos en la calle y el tipo que está haciendo la comida te la da desde su propia mano. Compró los productos en el mercado y te va a dar eso que hizo a vos. No es parte de una cadena que está haciendo hamburguesas y las pone en una cajita. Hay algo del hacer para el otro, que existe en la realidad, que lo cambia todo. No es lo mismo no saber que saber.

Lala-IMG_1043_editedMC: -Vos, que ya sabés. ¿Cómo es vivir de lo que sabés, de lo que te gusta?

LP: -Es muy raro. No hay fines de semana. Obvio que tengo una agenda, por el taller, pero es un continuado de cosas.
Mi cabeza cambió mucho con temas como el hacer y el dinero. Esto del fluir, de la abundancia del universo. Hay algo de eso que se te mete adentro.
A mí me generaba mucho malestar y sufrimiento pensar: “Todo muy lindo pero ¿de qué mierda voy a vivir?”. Tuve que parar porque sino la energía se me iba en esa pregunta. Tuve que darla vuelta y silenciarla. Ahora hay que hacer y después vemos. Si no me estoy muriendo de hambre, entonces por qué carajo me lo pregunto.

MC: -De última siempre hay alguien a quien llamar para que te ayude.

LP: -Yo hablaba con una amiga de que mi miedo era terminar viviendo abajo de un puente. La verdad es que casi no hay chance de que eso suceda. Pero la cabeza va por otros carriles. Ella siempre me hacía el chiste del puente y en un momento necesité parar esa conversación, y pasar a esta conversación de que lo único que hay que hacer es hacer cosas.
Tengo la percepción de que si vos das, recibís, todo es circular. A mí me funciona.

MC: -Mujeres que no fueron tapa se inscribe en el debate sobre la cuestión de género. También colaborás en el colectivo Economía femini(s)ta y ahí, como abogada, escribiste dos proyectos de ley que presentó Victoria Donda en el Congreso: uno busca garantizar la provisión gratuita de elementos para la gestión menstrual y el otro, exceptuar del IVA a todos los productos de gestión menstrual. ¿Te sentís una referente en la cuestión de género?

LP: -No me considero referente. Mi trabajo es claro sobre violencia simbólica, pero hay gente que sabe muchísimo en términos teóricos. Saben más que yo. La conversación, que es lo que yo intento mostrar, tiene que trascender el límite de los convencidos. Eso sí me interesa, interpelar a otros. O sea, que una chica que no sabe lo que es el feminismo, y tiene un concepto errado o una percepción negativa, pueda sentir que hay algo en lo que yo estoy haciendo que le habla.
A mí no me interesa el casillero: decir que soy artista y feminista. Hoy hablo de esto porque me atraviesa y tengo coincidencias con conceptos del feminismo y cierta dogmática. Capaz a mí me habla más el feminismo comunitario, pero yo no quiero ser referente. No sé hacia dónde va mi trabajo y probablemente no hable siempre de esto, porque me interesan un montón de cosas que tienen que ver con las personas. Y a veces hay prácticas del feminismo con las que no estoy de acuerdo. No quisiera sentirme encorsetada. Quiero hablar de lo que quiero hablar y de lo que me interesa.

MC: -Hablar de lo que te atraviesa.

LP: -Exactamente. Y para mí eso forma parte de la coherencia en mi trabajo y en mi vida, que es hablar desde lo propio. Después, obvio que si el proyecto tiene visibilidad, genial. Y ojalá llegue a un millón de personas, porque es una idea simple, cualquiera lo puede entender. Es ver las imágenes y entender de lo que se habla. Y a partir de eso, empezar a mirar distinto. Y eso creo que está buenísimo.

 

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