Perfo: Franco Saglietti II

Por Leandro Moscardó.
Fotos por Teresa Mir.


LM: -¿Cómo elegiste los temas de Barbuda? ¿Hubo otras canciones que dejaste afuera?

FS: -No, quedaron muy pocas afuera. No soy mucho de hacer cien temas para un disco. Para RA [2015] tenía esos siete y para Franco [2016] tenía esos ocho. Las hago para los discos. Ya tengo compuesto el próximo y está mortal.

IMG_0186_editedLM: -Cuando sacaste Barbuda, ¿cómo fue la recepción del disco?

FS: -Para mí era gigante, porque yo venía de la nada, y de repente había algo ahí y había gente que se conectaba. Lo que más me sorprendía era que gente que yo no conocía me saludaba como si fuese un amigo, por haber escuchado mi música. Eso no tiene precio, porque ya estás hermanado con esa persona. Hay como una intimidad, porque el chabón sabe bocha de vos.

LM: -¿Sos consciente a esta altura de lo que puede significar tu música para otra persona?

FS: -No, ni idea. Sé lo que significa la música para mí y eso ya es un montón. Y sé lo que significa Lennon para mí, o Charly García, o cualquiera de esos culiados que nos volvieron locos. Sé que la música es magia, y nada, de ahí es infinito. Lo que significa para otra persona, ni idea. Espero inspirarlos, porque eso es lo que más me gusta de los artistas que me gustan: que escucho un disco de ellos y me dan ganas de ser como yo, no como ellos.

LM: -¿En aquel momento vos veías otros músicos que tenían una búsqueda similar a la tuya? Desde el punto de vista sonoro, del estético y de la letrística.

FS: -Sí, Tomi Ferrero. Rayos Láser me volvió loco en ese momento. El primer disco de ellos me cambió la vida, porque era un chabón que se animaba a cantar tranca, desde otro lado, que no necesitaba gederla y que buscaba la belleza desde un lugar que a mí me tocaba. En un momento, Hernán Ortiz de Hipnótica y Juancito vivían juntos en el microcentro porteño, y me acuerdo la noche en la que Hernán me mostró el disco de los Rayos. Me mostró dos temas y yo los ponía de nuevo, fueron una re puerta para mí. Por eso también Tomi estuvo en la grabación de Barbuda, yo lo re admiraba.

LM: -Y encontraste una familia en Discos del Bosque.

FS: -Al toque, sí. Éramos un montón de suavecitos que nunca habíamos pertenecido a ningún lado y queríamos sentir cosas lindas, conmovernos.

IMG_0181LM: -Creo que lo que más me sorprendió de Barbuda, más allá de la música y la búsqueda estética, fue la letra. Hay un componente político muy fuerte en las letras.

FS: -Sí, pero a primera vista ni se ve, por el audio. Antes para ser político tenías que hacer ruido. Esto era como todo rosita. Me sorprende que me sigan gustando las letras. Me parece que es porque fueron honestas, y lo siguen siendo.

LM: -La letra de "El día de la lenteja" parece una crítica social muy ácida.

FS: Man, es que es la vida adentro con todo esto. Lo bueno de esa canción es que el chabón lo dice en primera persona y no toma mucha posición. Te lo cuenta: "Soy así". No es que dice: "Soy así y esto está mal”.

LM: -Cuando el personaje de la canción habla de mirar el noticiero para saber lo que pasó ayer, cuando dice: "voy a comprar un gran televisor", ¿dónde veías eso?

FS: -Lo había visto toda mi vida, pero en ese momento, si te soy sincero, siento que esa canción no es mía. Son esas cosas que bajan así derechito. Vos sos un médium, ni te metas y mientras menos lo hagas mejor va a ser la canción. Bajo así, la vomité. Lo había visto veinte años, pero ahí la vomité.

LM: -Hay algo que no entiendo de lo que acabas de decir, y es algo que lo has dicho muchas veces, esto de ser un médium y que Francisca es una especie de entidad. ¿Qué es eso?

FS: -El arte, boludo. La inspiración. Viene de otro lado.

LM: -¿De dónde?

FS: -No sé, ni idea. Viene.

LM: -Digo, para los que no trabajamos con ese registro, para los que no tenemos ese tipo de espiritualidad.

FS: -Pero alguna vez te sentiste inspirado y dijiste: "¿De dónde vino esta idea?". ¿Viste? Ese momento, el de la lamparita. Eso, ¿de dónde viene? ¿Cómo le explicas?

LM: -Yo intento ser más racional.

FS: -¡Un trabajador de la idea!

LM: -De buscar entenderlo.

FS: -Obvio que lo quiero entender, pero no sé si se puede. Cuando el acto poético ya sucedió, darle explicación es encasillarlo en este mundo aburrido, pixelarlo.

LM: -Ok. Viene de otra dimensión, vamos a decir.

FS: -Ponele.

LM: -Eso me lleva a pensar en la espiritualidad, en aquello de lo que se compone la vida. Supongo que esa guitarra no es simplemente cuerdas y madera, sino que hay algo más.

FS: -Esto es cuerdas y madera, hasta que lo agarra un chabón. Esa es una de las pocas cosas que me hacen todavía confiar en la humanidad: el arte. Si todo lo demás está mal, y hasta contaminamos el arte. Pero bueno, el arte está ahí, todavía está vivo.

 

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LM: -¿Cómo se dio tu primer viaje a Europa? ¿Cómo lo bancaste?

FS: -Recién sacaba el disco y quería hacer un viaje. Mis viejos le habían regalado un viaje a mi hermana, para sus quince años, y me dijeron que lo mismo que le habían dado a ella me lo querían dar a mí.

LM: -¡Qué buena noticia!

FS: -Sí, me alcanzó para el pasaje nomás, pero ya fue, me fui.

LM: -¿Conocías alguien allá?

FS: -No, fui muy donado, negro. Caí tres meses con 500 euros. Igual, hacía casi un año que acá yo era homeless, real. La única guita que tenía por mes la ponía en una salita de ensayo, que era como una caja fuerte de tres metros por dos. Eso era mi sala de ensayo y mi casa. Dormía adentro de la funda del contrabajo. Y estaba tan en ésa que fue: "Me voy a tirar la misma, pero a otro lado para ver qué onda". Iba a conocer Europa, que era mi sueño. Nunca había hecho un viaje tan grande. Y de paso aprovechaba para tocar el disco allá. Estaba ahí prendido fuego, quería hacerlo, no le tenía miedo a nada.

LM: -¿Cómo es esto de que eras homeless? ¿No vivías con Juan Ingaramo todavía?

FS: -No, en ese momento ya no. Fue así: viví tres años con los pibes en San Telmo; después me puse de novio con Cati [Urtubey, hoy dueña y cabeza de la galería de arte El gran vidrio] y nos fuimos a vivir juntos a Almagro. Eso duró unos seis meses y nos sacamos los ojos. Y fue muy loco, porque ahí -cuando toqué fondo- fue cuando empecé a componer. Era el primer gran palo que me daba el amor. Y bueno, cortamos, nos separamos, y yo quedé boyando. Primero le alquilé el cuarto a un amigo, después cuidé una casa. Después no pintaba nada, así que alquilé una sala y caí ahí. No sé, estaba muy en cualquiera. Lindo, pero en cualquiera.

IMG_0047_editedLM: -Así, fundido, ¿cómo pagabas la sala de ensayo?

FS: -Yo alquilé la sala por mes, no por horas de ensayo. Fui a conocer a los pibes, me mostraron toda la sala y no había lugar. Y medio como en joda me mostraron lo de abajo, y yo les dije: "Dale, me quedo con ésta". Y era como una caja fuerte, posta. Una caja fuerte grande. No tenía ventanas, nada. Era un sótano chiquito de tres metros por dos. Y bueno, fue mientras estaba en ésa, que apareció la oportunidad y me fui a Europa a hinchar las bolas. A seguir limando, a chupar data, a tocar el disco.

LM: -¿Conocías lugares a donde tocar allá?

FS: -No. Nada. Caí a la casa del Laicha [Lisandro Mansilla, músico cordobés] en Madrid, y estuve unos días ahí. Después me fui a Francia, y ahí me acuerdo que la pasé como el orto.

LM: -¿Por qué?

FS: -Porque me sentía muy solo, no me entendía con nadie, no entendían mi música, no tenía guita. Tocaba en la calle un par de veces y no andaba. Desde esa primera vez, Francia siempre fue hostil conmigo. Después en Berlín la re flasheé, y en España también.

LM: -¿Y cómo conseguías tocar?

FS: -Había como algo del azar, de estar ahí, de la iniciativa de querer tocar, de necesitar el dinero, de un austero planeamiento virtual. No sé, creo que siempre me movió la necesidad. Por eso me parece tan importante esto del vacío, del salto ese de fe, de estar un poco al horno.
En Berlín paré en la casa de unos músicos, y con ellos entendí un poco más la lectura de la ciudad. Compartimos una fecha y estuvo bueno. Yo ya venía haciendo eso en Argentina, de mandarme a Banfield a ir a tocar un día, conocer la pandilla de ahí, me quedaba a dormir y después me iba para otro lado. Muy gitano. Pero en Europa no tenía contactos y encima yo tampoco me sabía vender muy bien. La verdad es que no debo haber tocado más de diez veces en esos tres meses. Me acuerdo una de Francia. Había un amigo francés que había vivido en Argentina y trabajaba en un bar de Lyon. Él sabía que yo estaba al horno. Fui a visitarlo y consiguió que yo toque un día en el bar. Me tiraban cincuenta euros, eso para mí era un montón de guita. Pero ¿qué pasó? Fue terrible, estaba tocando y los franchutes no me daban ni cabida. Todos hablando en francés, nadie entendía nada. Todos pensaban que yo era como un tipo de la calle y no me daban ni bola. Entonces toqué tres temas y pensé: "Esto es terrible. Ya está, no quieren que toque, no sigo tocando". Y como dejé de tocar, el dueño después no me pagó. Me había sometido a esa exposición horrible y no había ganado ni un mango. Me acuerdo que pensaba: "¡La puta madre, boludo! Los únicos cincuenta euros que iba a hacer los perdí, y encima me comí alto garrón". Pero bueno, a la vez, de algún modo, eso también me daba mucha fortaleza.

LM: -Volviste más fuerte a Argentina.

FS: -Mirá, cuando volví pasó algo con mi familia. Y fue que mis viejos empezaron a confiar un poco más en mí, como si en ese viaje yo les hubiese demostrado algo. Entonces me dijeron que me iban a tirar dos lucas por mes, por un año. Y eso para mí era un montón, ya me aseguraba un lugar más o menos bueno, una casita, qué sé yo. Un colchoncito ahí, mínimo. Eso me permitió soltar todo lo que tenía que hacer por plata. Por eso está bueno que a veces alguien te de una mano, que te apoye un poco, porque es difícil meter ésta en el mundo real. En el 2013, con eso me podía pagar un alquiler. Eso ya me daba un mínimo orden. Porque si bien yo estaba más fuerte por los tres meses de estar afuera, y haber curtido esa soledad en Francia, cuando volví a Buenos Aires todavía ni siquiera podía dormir dos noches en el mismo lugar, era un delirio.

 

 

LM: -En una entrevista de hace algún tiempo te preguntaron por tu palabra favorita, y respondiste Perfo.

FS: -¡Qué pelotudo! Pero sí, sí. Es mi acción favorita.

LM: -Pienso en tu show en vivo. A partir de tu tercer disco, Franco, la performance fue apareciendo en una dimensión más orgánica: desde la búsqueda en el vestuario, y en lo sonoro, metiendo más ruido en el escenario. ¿De dónde vino eso?

FS: -Creo que el primer video que hicimos con Elefante Diamante, el de “El día de la Lenteja”, ya tenía un montón de perfo, aunque ahí yo no lo sabía. Se dio naturalmente. Después, ya como algo consciente y racionalizado, la cuestión performática tiene dos años en mí, más o menos. Quizás el eslabón siguiente puede ser el video de “Gorila”. Esa vez me vestí de mujer y fui a una fiesta, y de eso salió un video. Mucha gente creía que era en serio, y era un poco en serio. Se arma ahí una dualidad linda. Es poner el cuerpo como obra. Ahora busco desarrollarlo más: empecé a sumar objetos, herramientas y personas. La perfo tiene mucho de que vos te liberás para que suceda, eso te devuelve algo y se empieza a armar como un ping-pong re interesante que se va a la mierda. Uno después agarra cosas que salieron naturalmente y comienza a repetirlas. A partir de eso, suceden otras cosas distintas. Y bueno, ¡así sigue! Tenés que estar atento, pero está bueno.

LM: -¿Te inspiraste en otros músicos que trabajaran de esa forma?

FS: -Ahora el más capo con eso es Louta.

LM: -Sí, pero Louta es muy nuevo. Cuando vos empezaste a desarrollar este tipo de trabajo, él todavía no había aparecido en la escena.

FS: -Me acuerdo una vez en un barcito de San Telmo, que vi a Fok Electrochongo y fue un flash, me pegó. También Dani Umpi me marcó de alguna forma.

LM: -La decisión de iniciar una exploración en cuanto al vestuario, ¿fue tuya o hubo alguien que te sugirió ir por ese lado?

FS: -Lau, mi novia [la artista Laura Hita]. Ella me abrió los ojos y me despertó el interés hacia el vestuario. Gracias a ella yo pude acercarme más hacia esa faceta. Una vez que yo desarrollé un poco el ojo crítico, ya fue más fácil.
También me ayuda mucho Mayte Stevani. Ella la tiene re clara, e hizo los vestuarios de casi todos mis videos. Siempre me cae con referencias, me presenta diseñadores y cosas así. Además me da un poco de confianza, porque la primera vez que empecé a tirar estas ropas más freaks, era difícil verme tan diferente. Pero también descubrí que el escenario te permite ciertas cosas que están buenísimas.
El nuevo vestuario me lleva a otro lugar. La gente también ya me pone en otro lugar. Y eso es para mejor. Es increíble, porque no hay nada mejor que después de tocar, poder sacarte la ropa y ser un civil de nuevo. Me saco el sombrero, me ato el pelo y ya la mitad de la gente que está ahí no tiene idea quién soy. Me quita peso, porque toda la mística se quedó ahí.

IMG_0182_editedLM: -Los músicos de tu banda también ya de por sí son muy visuales.

FS: -Sí, de una, son unos personajones. Y cuando se mete Mayte a couchearnos ya le da como más profundidad.

LM: -Y ellos se prenden.

FS: -Sí. O sea, mientras no los saque de ellos, está todo bien. Yo obviamente no quiero que estén fuera de ellos, porque necesito de su seguridad a la hora de ejecutar instrumentos. Si ellos no están seguros creo que no lo harían tan bien. Pero sí, todos cedemos un poquito, sabemos que hay gente que sabe más que nosotros sobre algunas cosas. Me gusta que terminemos formando el fotograma de una peli con varios personajes.

LM: -Más de una vez dijiste que con tu banda no ensayan tanto para los shows en vivo, sino que te gusta que intervenga el azar, que arriba del escenario vayan encontrándose, y que ese riesgo de estar cerca de cagarla los va estimulando. ¿Alguna vez la cagaron en serio?

FS: -La cagué un montón de veces, obvio. Si no, no sentiría el riesgo.

LM: -¿Y qué te pasa cuando sucede eso?

FS: -Y nada, lo disfrutás, lo aprovechás. Si podés, lo das vuelta. Hay veces que ni podés y bueno, te ganó. Me acuerdo una vez en Mar del Plata, en un festival donde tocábamos muchas bandas amigas. Salimos, tocamos el primer tema y todo bien. Después, vamos con el tema dos, que tenía un comienzo instrumental, y cuando yo empiezo a cantar, sin darme cuenta, voy con la letra de la canción anterior. ¡Una laguna! Ya por la mitad de la canción, cuando ya había pasado un montón de tiempo, y mis músicos se habían dado cuenta pero yo no, recién ahí me doy cuenta. Miró al batero que miraba con cara de "¡¿Qué estás haciendo, man?!". Nos fuimos a la B. Ese show no lo pudimos remontar. Nos quedamos ahí helados en el tema dos y ya no lo pudimos dar vuelta.

LM: -Me estoy acordando del festival La nueva Generación del año pasado, que hiciste una especie de zapada al final de tu show. Recuerdo ver a Hernán Ortiz [de Hipnotica] en plan de “¿Qué está pasando acá?”.

FS: -¡Uh cualquiera! Bueno, tocamos fondo ahí. Igualmente, yo creo que nos podíamos permitir eso. Hay que saber ver esas cosas como un regalo. Eso de ver a los músicos siendo siempre geniales me parece una mierda. A mí también me gusta verlos malflasheando. Viste ese documentalcito que sacó Aloras de una vez que Charly, Fito y Cerati estaban metidos en un camarín, porque Charly había la bardeado en Ecuador. Estaban los milicos ahí y ellos tres re asustados. Cerati agarra la viola y le suena todo mal. ¡A Cerati le suena mal una viola! Nunca lo viste en tu vida. No sé, me gusta ver la fragilidad en los artistas. Me parece que es tan real como cuando nos hacen creer que son geniales.

IMG_0103LM: -Por otro lado, estas veces en que el show se te va de las manos y no podés remontarlo, son la evidencia de que cuando decís que está el riesgo real de que te la mandes, estás hablando en serio, no es una pose.

FS: -Claro. Y también hay que saber que caerse duele, y que arriesgarse igual es un acto de valentía, de audacia. Me parece que ahí hay un montón de energía. Si estamos pensando que la música es magia y vos estás jugando con esa alquimia rara, y le metés adrenalina y le ponés fracaso, ¿sabés lo que significan esos ingredientes? Que todo esté ahí en la olla, me parece que le da fuerza. No sé, no me gustan los shows todos preestablecidos. Puedo disfrutarlos, pero las cosas que a mí me cambiaron la vida son más fuertes, más reales, más autenticas y espontáneas. Eso es lo que me mueve, lo real. Siento que ahí está la luz.

LM: -Ya que mencionás lo real, lo auténtico. Hace un rato me decías que del Tomi Ferrero te atraía que no estaba en la pose típica del rocker. Esa pose sigue estando. ¿Qué sensación te da?

FS: -Yo creo que se huele al toque. Lo ves en el comportamiento gestual de una persona. Cuando están ahí, ya sea en la zona de confort o en el personajito, no es tan atractivo. Por otro lado, creo que cuando alguien es espontáneo, brilla. Lo ves, se huele, es real y te pega. ¿Y qué vende más? No sé qué vende más, yo te digo que está más piola construir. Antes el rock se lo asociaba con la destrucción, pero últimamente me parece más rockero construir. Creo que a la gente le podés vender un montón de cosas, pero no son ningunos boludos.

LM: -¿Qué cambió en vos desde ir durmiendo de casa en casa hasta hoy? ¿Tu proceso de trabajo sigue siendo el mismo? ¿Ahora tenés una rutina más establecida?

FS: -Nada cambió mucho. No tengo ninguna rutina más que dormir hasta que me despierto o comer lo que me gusta. Cositas que sé que me hacen bien al espíritu.
Sí pasó que encontré el amor y eso me hizo muy bien, me dio mucha fuerza a nivel cuerpo y a nivel espíritu. Formamos esta casita re linda y me hace muy feliz, antes estaba más perdido. Pero adentro estoy más o menos igual, sólo que crecí un poco, aprendí un par de cosas y estoy más profesional. Estoy laburando bien, hay un lindo equipo. Me gusta trabajar mucho en equipo, antes estaba más solo. Y bueno, hoy las ambiciones son un poquito más grandes, como que voy pensando qué paso sigue, antes estaba más a la buena de Dios.

LM: -¿Te sentís más posicionado como músico?

FS: -Siento que mis colegas me respetan y eso es muy lindo. Me muestran mucha música. Eso me encanta. Yo soy bastante duro en esas situaciones, porque me lo tomo en serio, entonces digo cosas que mucha gente no se anima a decir, pero creo que eso está bien. Me encanta colaborar. Siento que a casi todos mis colegas les puedo decir: "Wach, ¿puedo cantar este tema?" y se coparían. Eso se siente re bien. Pienso que mucha gente se coparía en hacer colaboraciones conmigo, eso también es lindo. Te hablo más como mi gente, mis amigos, que son artistas zarpados. Es re cercano por eso, porque somos amigos.

LM: -¿Sentís un poco más de tranquilidad ahora que podés vivir con mayor comodidad?

FS: -Siento que estoy enfocado, que me gusta mi vida y que noto crecimiento, entonces siento que estoy en el camino. Tengo mucha paciencia y disfruto de mi día a día, entonces no estoy pensando tanto más allá. Mis deseos son cosas concretas de hoy, cosas que se van haciendo decisiones.

 

> Final | Parte 3: Otras dimensiones.

 

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