Mamá Lucchetti: Franco Saglietti I

Por Leandro Moscardó.
Fotos por Teresa Mir.


LM: -¿Quiénes son tus amigos?

FS: -Se armó una pandilla enorme. Tengo amigos de todo tipo, y muchos músicos obviamente. Hay una pandilla re linda alrededor de Francisca. Mirando un poco en retrospectiva, siento que el haberme ido de Córdoba y el desprenderme de todo lo heredado fueron procesos que me obligaron a reinventarme. Y ahí hubo una experiencia buenísima de autoconocimiento. Mi grupo de amigos lo representa muy bien. Es una mezcla. Hay gente que diferencia sus amigos, algunos súper profundos y otros más superficiales. Yo siento un amor parecido con todos. Quizás algunos me conocen más y otros menos, pero yo no necesito de tanta historia para sentir algo fraterno por otro mono. Me parece uno de los amores más lindos que hay, el del amigo. Amigas también, claro.

IMG_0127LM: -¿De qué se trató eso de salir de lo heredado y reinventarte?

FS: -Salir de ese plan que todos un poco tenemos cuando vivimos en la casa y en el barrio que eligieron nuestros viejos. Yo vivía en barrio General Paz [barrio de clase media de Córdoba], iba a las Pías [Escuelas Pías, colegio privado religioso]. Todo eso fue elegido por otra persona ajena a mí, ¿me entendés? Cuando rompés eso y te ponés a buscar vos cuál es el barrio que te gusta o cuál es la pandilla que más te representa, en ese proceso, primero te conocés a fondo, porque estás viendo lo que vos elegís; y segundo, esa interacción te va reinventando: vos conociéndote, moviéndote y diciendo: "Che loco, la verdad que hace como tres semanas que estoy con estos pibes y no me siento muy cómodo". Quizás cuando estás en tu barrio no te replanteas tanto esas cosas. Quizás sea algo de la edad, yo me vine a Buenos Aires con veinte años y la verdad es que no sabía todo esto que te digo. Simplemente me estaba yendo de Córdoba porque no la sentía. Ni siquiera tenía claro que quería ser músico, como después lo decidí. No fue que dije: "Che, me voy a ir a reinventar a Buenos Aires". Cero. Yo me escapé de mi casa porque era un quilombo todo, mi viejo estaba depresivo y mi vieja no paraba de hablar. Mis amigos adoraban ciertas cosas y yo no tenía mucho lugar ahí. Me di cuenta de que lo único que me daba un poquito de aire era la música y fue como: "Bueno, voy a apostar a ese lado, porque ahí es donde más cómodo me siento. No tengo que intentar pertenecer o cambiar para formar parte. Cómo soy naturalmente, encajo bien ahí”. Fue eso. Pero es algo que te puedo decir atando cabos desde acá, no en ese momento.

LM: -¿En Córdoba habías vivido solo antes de mudarte a Buenos Aires?

FS: -No.

LM: -De vivir con tus viejos pasaste derecho acá.

FS: -Sí. A los diecisiete empiezo a tocar el bajo, en sexto año. Tuve algunas banditas en el cole. Termino y me mando a estudiar Comunicación Social, dos o tres años y me iba bien. En el segundo o tercer año también me meto a hacer Sonido en La Metro, como que necesitaba estar un poco más cerca de toda esa cuestión. Había empezado a trabajar en un call center, y fue ese laburo de mierda lo que me llevó a tocar un poco el fondo. Estaba haciendo todo lo que se suponía que tenía que hacer: estudiaba dos carreras, tenía novia y trabajaba. Y no estaba muy sincronizado con el cosmos, ¿entendés? Fue medio tirar un poco todo eso a la mierda, saltar al vacío y cagarme dos años de hambre acá en Buenos Aires, hasta que la vi. Pero fue un período en el que no había mucho norte.

LM: -¿Cómo viviste ese tiempo? ¿Hablabas con alguien?

FS: -La verdad es que no lo hablaba mucho. Siempre fui muy emocional. Siento que estaba medio incómodo. Me acuerdo que habíamos hecho un intento un poco más serio de banda con Iván Malakkian y Rodri Banegas, que hoy está en La Isla Común. Teníamos una bandita que empezó a andar bien, vinimos a tocar una vez a Buenos Aires, salió un temita en la radio, qué sé yo. Todo muy novato, pero para nosotros había algo ahí. Y cuando esa banda se separó, me agarró mucha abstinencia. Yo necesitaba juntarme dos o tres veces por semanas a ensayar con los pibes. Me di cuenta que eso era clave para mí, que me mantenía en pie toda la otra estructura que era medio lo que me habían dicho que tenía que hacer. Entonces, cuando me sacaron eso, se cayó todo y fui en buscarlo de nuevo, pero a Buenos Aires, por una proposición de Juan Ingaramo: "Che wach nos gusta como tocás". A Juan lo había visto dos veces en mi vida, pero tenía un par de amigos en común. Ellos estaban armando una banda, pero no tenían bajista y cuando me lo dijo por primera vez le dije: "Ni en pedo negro, estoy re estudiando, tengo novia". ¡Y al mes estaba viviendo acá! Así de delirante, te lo juro boludo.

IMG_0263_editedLM: -¿Te viniste con algún laburo más allá de la propuesta de Juan?

FS: -Me vine con las dos manos atrás. Ellos habían pegado una casita, estaban hace un par de meses acá, viendo cómo hacerla. Yo me acoplé a ésa y empecé a agarrar laburitos para sobrevivir. Ese salto al vacío se lo recomiendo a cualquier persona, sobre todo si es artista. Porque en esa caída, en ese sentimiento de desesperación, hay actos de fe que marcan tu destino y decisiones que hacen que todo tenga más peso y más valor. Si tomás las decisiones desde la zona de confort, no sé cuán lejos podés llegar.

LM: -¿Qué tipo de trabajos agarraste acá?

FS: -Me acuerdo que lo primero fue esa mierda que te mandan a un supermercado a vender sopas disfrazado de Mamá Lucchetti. Ésa era increíble, boludo. Qué bizarro. Nos ponían un traje de Mamá Lucchetti y teníamos que dar vueltas por el super. Obviamente no teníamos nunca un mango, pero adentro del traje podía meter lo que sea. Entonces si de repente me veías por ahí, veías que desde la boca de Mamá Lucchetti salían dos brazos a agarrar un paquete de alfajores, ¡y se los metía en el traje!

LM: -¿Cuánto tiempo fuiste Mamá Lucchetti?

FS: -Eso debe haber sido un año o dos, pero no es que era un laburo de todos los días. Era cada un tiempo, cuando hacían esas promociones. Eran cuatro días por semana, pero el supervisor iba uno, así que faltábamos un montón. Era muy así, a la buena de Dios.
¡Boludo, también tocábamos en el tren! Ésa me la estaba olvidando. Contrabajo, cajón peruano, dos guitarras: los cuatro cantábamos temas de los Beatles en el tren que iba de Retiro a Tigre. Y vivíamos con eso. Robábamos a fondo de los súper. Todos los almuerzos eran robados.

LM: -¿Con quién ibas a trabajar de Mamá Lucchetti?

FS: -Con Juancito Ingaramo. La verdad es que era un embole, pero hoy lo recuerdo como algo muy divertido.

LM: -¿En el tren sacaban algún mango?

FS: -Sí, pero también teníamos mucho problemas. Viste que el tren se pone muy turbio, es como una situación re marginal. Hay vendedores a los que no les copa que vos estés ahí. Entonces medio que al final terminamos de hacerlo porque se ponía pesado. Un par de veces nos esperaron ahí cinco o seis vendedores. Flasheaban que les sacábamos la plata a ellos.

LM: -Y mientras tanto, ustedes seguían ensayando diariamente.

FS: -Ensayábamos a fondo, todo el día. Yo me acuerdo que me despertaba todos los días bien temprano a la mañana, porque Juan se ponía a estudiar en la batería. Su batería estaba en mi cuarto y él a las ocho ya estaba Pick-Pick-Tum-Tum, así que yo me levantaba. Y todo bien, estamos para eso. ¡Eso es lo que te digo! Es un salto al vacío. Si no te descubrís en eso, ya está, no hay nada. Porque es una situación de presión, y me parece que cualquier proceso natural necesita de esa presión.

IMG_0213_editedLM: -Me decís que tu salto al vacío tuvo que ver con escapar de tu casa, de lo mal que estaba tu papá. ¿Qué hacía él, cuál era su trabajo?

FS: -Tiene la carnicería, la sigue teniendo. Mirá, recuerdo mucho la palabra sacrificio. Él la repetía todo el tiempo. Y el sacrificio es una muerte: el que estaba muerto era él. La verdad que yo siento que hago muy bien mi laburo y que le dedico un montón de horas, espíritu y cabeza, y no siento que se muera nadie, siento que estoy cada vez más vivo. Pero bueno, ése era su paradigma. Por suerte ya lo rompió y ahora anda excelente. Pero en ese momento el chabón estaba todo el día adentro del negocio, en un trabajo que detestaba y que lo hacía para mantener a una familia que era un quilombo. Y estaba ahí en el almuerzo, callado y con cara de orto. Con el video de "Automático", que hizo el sueco [Axel Byrfors], yo casi me vuelvo loco, porque yo nunca había hablado con Axel de esto, y el personaje del padre ahí en el video es tal cual es mi viejo. El chabón lo creó de esa forma y listo. Viste esas cosas mágicas que pasan. O sea, habíamos guionado lo que hacía la madre y el disparo, eso fue lo que habíamos planeado. Pero el concepto del padre, ese personaje que está tomando sopa con la cara muerta, eso se le ocurrió a él. Yo lo vi en la edición y no lo podía creer, porque era mi viejo y yo nunca se lo había contado.

LM: -¿Tenés hermanos?

FS: -Tengo una hermana más chica, tiene veintisiete. Ella tiene una vida más normal, por decirlo. Vive a dos cuadras de mi vieja, tiene dos hijas y trabaja con mi viejo.

LM: -Cuando estabas saliendo del cole, ¿había alguna propuesta o presión por parte de tu viejo de que vos sigas el negocio de él?

FS: -No, siempre me estimularon más a que haga una carrera. La que yo quisiera, pero que estudie, porque ya se notaba que lo de la carnicería no me salía, que no era mi fuerte. Pero siempre estaba ahí como el plan B, como que si la cosa no me salía, podía laburar ahí. Si lo hubiera hecho, habría tenido guita, pero no vida.

LM: -¿Y tu mamá?

FS: -Mi vieja es profesora de geografía. Ella laburó mucho, hasta que nos fuimos a vivir a Catamarca.

LM: -¿A qué edad se fueron a Catamarca?

FS: -Yo tenía cinco. Siete años viví en Catamarca, desde los cinco hasta los doce.

LM: -¿Por qué se fueron allá?

FS: -Era así: mi viejo era empleado en un frigorífico de un tío y mi vieja trabajaba como profesora. Fueron tras el sueño americano, a ponerse una carnicería en Catamarca. El plan funcionó, mi viejo terminó poniendo tres carnicerías, pero ahí fue cuando el chabón entregó su vida. De repente yo tenía plata, pero no tenía viejos. No tenía tiempo con ellos, nada. Eso me mató un poco.
Catamarca estuvo bueno. Aunque era tranquilo y hasta un poco aburrido para mí, también pude tener una infancia mucho con la bici y ese plan, un poco de calle. Pero un tiempo vivimos en un barrio en el que me aburría mucho porque no había muchos niños. Y creo que es eso lo que ahora me hace ser tan amiguero, haber estado esos años ahí, un poco solo. Después mis viejos decidieron que volvamos a Córdoba. Nos mudamos a barrio General Paz y empezamos a ir a las Pías.

LM: -¿Y con tu vieja cómo te llevabas?

FS: -Mal. Todo lo que no hablaba mi viejo, lo hablaba mi vieja, quizás para cubrir ese vacío. Pero bueno, me llevaba mal por cuestiones de adolescentes, esas huevadas. Mi vieja era la que ocupaba el rol de romper las bolas y todo eso. Mambitos de adolescentes, nada grave, pero que en ese momento son tu vida y es un poco cansador.

LM: -¿Qué tipo de adolescente eras?

FS: -Tuve varias etapas. En Catamarca era muy buen alumno y flasheé esa más nerd. Era buenito, siempre había como una bondad de base. Pero también me gustaba juntarme con los bandidos, aunque en ese momento yo me portaba bien. Me gustaba estar con ellos. Más de grande se empieza a manifestar el monstruo. No sé si habrán sido las hormonas, o toda esta situación de presión de ver a mis viejos en cualquiera, o la escuela. En el cole nuevo sentía que no pertenecía, y en Catamarca había sido así como el capo. Cuando llegué a las Pías todos eran más grandes que yo, más pillos, y yo venía como de un pueblito. Ahí hubo como dos años que me caí groso, y todo empezó a generar como una olla a presión. No sé, empecé a prender fuego cosas. Encontré mi lugar en ese grupo bardeando. Pero bardeando next level, más zarpado que todos. Y era raro, porque la verdad no sé cuán mío era eso, pero era lo que encontré como modo de aparecer y pertenecer.

LM: -¿Escuchabas música ya para ese momento?

FS: -Sí, yo en Catamarca ya había empezado a escuchar música. Me acuerdo que ya me conmovía con la música. Tipo, tenía rituales rarísimos que no sé quién me habrá enseñado: ir al living, poner un disco, apagar la luz y quedarme acostado, cosa que todavía hago. Lo recuerdo ahora y me sorprende, porque creo que fue como mi primer encuentro. Te voy a contar, así como intimidades, que quizás hasta me conmovía con Arjona. Lo que me importa de eso es que ya me conmovía. Podía escuchar Mercedes Sosa, de lo cual me enorgullezco infinitamente, pero también Andrea Bocelli, ¿me entendés? A mí me re pegaba. Me acostaba en mi cama con auriculares a escuchar "La Novia Blanca" de la Mona y no podía creer la letra. Como que ya había una conexión ahí. Obviamente que no lo comprendía, pero siento que estaba como vivo ahí.
Algo lindo de rescatar es que mi viejo, en toda esa depresión y en todo eso de estar muerto, me acuerdo que un día al mes ponía música y, cuando el chabón ponía la música, estaba de buen humor y se lo veía vivo. Él te mostraba un tema, lo bailaba y se copaba. El único momento en el que lo veía vivo y apasionado a mi viejo era con la música. Analizando eso ahora, me vuela la cabeza, porque yo fui tras ese sueño. O sea, mucho tiempo de mi adolescencia era huir de lo que para mí era mi destino, que era trabajar en la carnicería y terminar depresivo como mi viejo. Y el único momento donde el chabón estaba vivo y feliz era o en la cancha (yo nunca jugué bien al fútbol), o escuchando música. Entonces dije: "Vamos por ahí".
Después hay otra historia linda de mi viejo, que él vivió en un pueblo en la montaña un tiempo, su papá era médico rural. Y mi papá cayó una vez re chocho con una trompeta que le habían regalado. Pero la madre no lo dejó y se la hizo devolver. Me parece que ahí ya estaba un poco el fenómeno, mi viejo contándome esa historia y yo pensar: "Ah, no lo dejaron ser músico, quiero ser eso". Siento que ahí ya se iba construyendo mi inconsciente.

LM: -¿A qué edad tu papá te contó eso?

FS: -Supongo que de pendejo. Es muy loco, porque son un montón de cosas que hoy cobran un gran sentido, pero en ese momento eran manifestaciones súper normales.
Otra era que el papá de mi vieja era albañil, muy pobre, la remó toda su vida. Y de vez en cuando, los domingos a la tarde después del asado, me pedía que le busque una armónica que él tenía, y tocaba unas canciones para la familia. Todo muy amateur, pero no importa, el chabón cuando se ponía a tocar la armónica se largaba a llorar. Mi abuelo, al albañil, el duro, él que nunca expresaba nada, el borracho. De algún modo la música siempre tocaba a mis personajes favoritos conmoviéndolos y dándoles vida. De repente mi viejo, depresivo, ponía música y estaba chocho; mi abuelo, borracho, duro, se largaba a llorar delante de todos tocando la armónica. Ellos ni deben saber que me dieron esas señales, pero pensándolo hoy, me parece que esas cosas fueron tremendas. Para mí había luz detrás de eso, sin dudas era algo mágico. Los villanos, por así decirlo, se transformaban y se convertían en héroes cuando eran tocados por la música. Era precioso.

LM: -Supongo que te habrá permitido respetar la música de una manera distinta a quienes no tuvimos una relación con ella hasta hacernos grandes.

FS: -Claro. Pero, ¿vos le llamarías a eso una relación con la música? No sé, mi hermana vio lo mismo y no le pasó eso. Creo que a mí de alguna forma eso me pegaba. Todo este análisis, de nuevo te digo, lo hago ahora, es descontextualizado. En ese momento cualquiera podría haber dicho: "Qué viejo borracho, se larga a llorar tocando la armónica".

LM: -Sí, lo que para otros es una anécdota, a vos te marcó.

FS: -Claro, se ve que me clavó al medio.

IMG_0050_editedLM: -¿En algún momento pensaste en tu futuro en relación a lo económico? Pensar qué tipo de carreras te permitirían vivir más cómodo.

FS: -Sí, obvio. Ahí cuando estás por salir del secundario, medio que nadie elegiría ser músico, a menos que tengas un entorno que te lleve para ese lado: ver que tus padres fueron músicos y les fue bien. O si ya venís estudiando música desde pendejo. Pero si no, la mayoría no piensa en ser músico. Solamente se nos ocurre estudiar algo y zafar. Sí, lo pensaba a eso que decís. Fueron uno o dos años de esos que apenas llegaba a Buenos Aires y todavía no decidía ser músico, y estaba viendo qué onda. Creo que cuando tomé esa decisión fue un alivio muy grande. Vino ahí cuando tenía que venir. Tuvo que ver un poco con empezar a hacer canciones mías, porque yo ya venía trabajando como músico para otros chabones más grosos, y ya estaba tratando de meterme en el mundillo de la música acá a Buenos Aires. Entonces ya conocía, ya había viajado a hacer giras con algunos músicos, como Gonzalo Aloras y Dani Spalla, tocando el bajo como sesionista.
Y cuando empecé a hacer canciones, ahí cerró. Porque además ya tenía la materia prima. Cuando sos sesionista siempre dependes de alguien, sos como un kiosquito al que le tercerizan algo. En cambio, cuando empecé a hacer canciones me cerró mucho, porque tenía la materia prima y ya sabía cómo era el bussines: hay que grabar un disco, empezar a moverlo, ir a tocar a todos lados, después te armas una banda. Eso ya lo había visto, y cuando hice mis canciones, fue como: "Ya está. Si yo me siento bien con esto y más o menos sé cuál es el camino, vamos a remarla". Listo. Veinte años de estar perdido hasta que encontré ahí el norte. Fue ¡Pum! Es un chorro de luz que me tiene en la vía hace casi diez años, a toda máquina.

LM: -¿Cómo pasas de tocar en el tren a hacer sesionista con Aloras o con Daniela?

FS: -Eran cosas en paralelo. Mi trabajo como sesionista empezó porque un amigo se había puesto un bar en Uruguay. Entonces nos fuimos a tocar con Globo (la banda que teníamos con el Juancito). Y cuando estábamos allá nos llama Dani Spalla. Me acuerdo esa noticia, ¡qué lindo, boludo! Me iba de gira por primera vez a tocar canciones con Dani, que me re gustaba. Y por primera vez hotelcito y esas huevadas así, que te vuelven loco. Después tocamos otra vez en Capital con Dani, nos ve Aloras y ahí subimos el level. Y nos dice: "¡La re flasheé! Quiero que sean mi banda". A mi él me enseñó muchísimo, me subió un punto de profesionalismo: me re cagaba a pedos, viajábamos y tocábamos un montón, empecé a ver la escena y la música desde otro lado. El chabón la verdad que está lleno de música y trabajar con él me enseñó muchísimo. Ya ponerme a sacar sus canciones era todo un desafío, porque yo venía  tocando cosas muchos más simples y esto era algo para lo que todavía no estaba a la altura, así que me tuve que poner. Me hizo crecer obligatoriamente.

LM: -¿Ya veían algún mango ahí?

FS: -Sí, pero tranca. Para nosotros era guita. Pero lo más importante es que eran miles de horas de ensayo, mucho crecimiento personal y profesional, y de vez en cuando meter una fechita. Nos pagaban bien, pero todavía seguíamos robando en el supermercado y yendo a tocar al tren. Era como una ondita entre tanto desastre.

LM: -Cuando decís que se estaban intentando meter en el mundillo de la música de Buenos Aires; en la práctica, ¿qué era intentar meterse?

FS: -Número uno: pasar diez horas por día en la sala de ensayo mejorando nuestra música. Y después, para pertenecer a un movimiento me parece que tenés que estar en la noche: compartir amigos de ahí, ir a ver bandas, ir a ver cómo se mueven. De repente te das cuenta que te podés meter a festivales, que pagan mejor; después agarras un SADAIC y con eso ya cuenta distinto; comenzás a tener un nivel de exposición más grande; empezás a armar tu pandilla y los seguidores de la banda; empezás a armar tus fechas, tus giritas; y a vender humo en redes. Fue un poco eso.
Pero sobretodo me parece que los más importante fue pertenecer al movimiento, juntarte con colegas. En ese momento se difuminaba un poco la línea de colega/competencia, porque uno es medio boludo y se compara. Ahora estoy con una filosofía mucho más fraternal, dándome cuenta que pesa mucho más si laburamos en pandilla, si somos miles armando una tribu.

LM: -Me decís que un momento decidiste ser músico. ¿Cómo fue eso?

FS: -Fue darme cuenta de que no había plan B para mí, que no me cabía ninguna otra remera. Entonces en un momento pensé: "Y me la juego por acá, negro, porque la verdad que con todas las otras cosas que probé no me sentí ni la mitad de bien".

LM: -¿Fue cuando empezaste a hacer las canciones tuyas?

FS: -No, creo que había decidido ser músico ya cuando empecé a sesionar, y vi que podía funcionar por ese lado. Dije: "Ok, voy por acá. Estoy generando un poco de plata, me gusta viajar y me gusta lo que se da alrededor de eso". Pero sobre todo era que además no me gustaba nada más. No me podía meter a estudiar, porque el formato academia no me enseñaba tanto como meterme diez horas en la sala con mis amigos. No disfrutaba de ningún trabajo, no podía estar haciendo otra cosa ni una hora. Me repelía, mi espíritu me decía: "Andate de acá", era algo muy instintivo. Estaba entre las góndolas vestido de Mamá Lucchetti y decía: "Ya fue todo. Tengo que hacer música. Voy a dejar de perder tiempo y voy a estudiar más duro. Ya está".

IMG_0184_editedLM: -Estudiabas por la tuya.

FS: -Fui un rato a estudiar contrabajo al conservatorio Astor Piazzolla, pero eso también me hizo darme cuenta que tocando con los pibes en el tren mejoraba mucho más que yendo a audio perceptiva. Fue darme cuenta de que mi cabeza aprende más del ensayo/error, de ese ritual compartido de la música que me daba mucho más y además me mejoraba técnicamente, antes que meterme a un aula y pasar lista, que me mataba la libido.

LM: -¿Cómo te dabas cuenta vos qué es lo que tenías que aprender? Porque en la facultad, el alumno entra en un camino de aprendizaje que está armado y que teóricamente contempla todo lo que hay que aprender. Pero, de manera autodidacta, ¿cómo identificabas tus falencias?

FS: -Me acuerdo de una vez que Aloras me dijo que en el escenario yo parecía que estaba en overdose [sobredosis]: me cagaba a pedo porque yo le ponía demasiada pasión. Y eso estuvo bueno, fue darme cuenta de que tenía que estar más cool, más tranca. No fue algo que yo me di cuenta. Supongo que es mucho esto de lo que te decía del ensayo y error, como probar y cagarte a palos con la pared. Compartir la música con chabones más pro y más grande siempre te pasa data. También fui desarrollando una virtud, que es la observación. Es muy importante observar los detalles, la gestualidad de los cuerpos, el medio.

LM: -Quiero volver a tu laburo en el supermercado.

FS: -Yo no. Ni un segundo.

LM: -Vamos un rato de visita. Hoy es una anécdota, pero en ese momento, ¿vos tenías alguna conciencia de que eso estaba siendo sólo una experiencia que contarías en el futuro?

FS: -Cero. Yo simplemente tenía que juntar un mango para pagar el alquiler, como todo el mundo. Y ese laburo medio que me dejaba tiempo para ensayar e ir a tocar a la noche, que eran las cosas que me gustaban. Sí sabía que ese laburo no iba durar tanto tiempo, porque no me gustaba. Ahí es cuando dije: "Ok, esto no me gusta. Plan b no tengo. El plan A sería hacer guita con lo que me gusta y está difícil, pero no me queda otra".

LM: -Ya que estamos retrocediendo, vamos hasta tu escuela. ¿Qué tipo de escuela experimentaste vos?

FS: -Era un cole católico. Eso tiene cosas buenas y cosas malas. Viéndolo desde ahora, creo que eran bastante machistas y se nota. Inclusive las mujeres eran machistas. Pero a la vez siento que tenían una iniciativa espiritual que de alguna forma estaba buena. Si bien ellos lo vinculaban a algo que no me gustaba tanto, que es como toda esta magia de la religión, la verdad es que los retiros y esas cosas un poco me gustaban. De prejuicioso te diría que no, pero en realidad estaban buenos. Te hacían preguntas que estaban piolas, hacían que el grupo se vincule desde otro lado y en un cole que no tiene una inclinación religiosa no hay mucho hincapié en lo espiritual.
Tuve un par de profesores que me marcaron mucho. Había una profe de literatura, Ana, a quien le debo infinitos estímulos. Creo que fue una de mis primeras conexiones con la palabra, de una forma linda. Recuerdo analizar poesía casi como un juego y sentir la belleza y la pasión, entender el mensaje entre líneas. Eso estuvo muy bueno. Después, un profe de música, que estaba muy apasionado. Siempre ver a las personas vivas, llenas de pasión me conmovió mucho. Creo que todos somos más lindos en ese momento, más sanos y más puros. Es cuando podemos darle algo al mundo.
Por otro lado, creo que el bullying forma parte de todos los colegios. Recuerdo haber sido muy cruel con gente que quería y recuerdo que fueron crueles conmigo.

LM: -¿Sentías que el colegio era un lugar de contención?

FS: -Sí, un poco sí. Qué loco, tengo muchos sentimientos encontrados, porque siento que sí hubo gente que me supo contener, pero también me siento bastante reprimido en ese momento. Cosas como "Cortate el pelo", cosas raras que vos decís: "¡¿Qué onda, men?!", que venían del mismo chabón del que podía recibir un consejo re profundo.
Inclusive la religión interpretada desde un lugar lindo y sano, es algo posible. La vida la podés leer de mil maneras. Había un cura, el padre Luis, que en una misa lograba conmoverte. Y es raro, porque son un embole las misas. Pero el chabón sacaba algo lindo de eso. Eso también es pasión. Pero después ese mismo chabón mandaba a otro a que te jodiera por el pelo. Nunca termine de entender eso.

LM: -Tuviste una experiencia más o menos positiva de algún tipo de catolicismo ahí en la escuela. ¿Vos en ese momento eras creyente?

FS: -No. Mi experiencia fue buena, pero yo no sentía que detrás de eso estuviera el Dios que ellos decían. Estaba el amor. Para mí es muy distinto el verdadero amor de la idea que tiene la iglesia católica sobre eso. Yo no me siento que haya sido creyente alguna vez. Nunca sentí mucho ese tipo de fe. Y ya más de grande, cuando empecé a medir todos los daños que había causado la Iglesia católica, ahí ya me enojé. Después tuve un quiebre fuerte con la religión, que fue en un momento en que mi vieja flasheó esa en extremo.

 

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LM: -Cuando vos te viniste a Buenos Aires, ¿cómo fue comunicarle esa decisión a tu familia?

FS: -Cuando yo se los dije, ya estaba decidido, entonces vieron que no había vuelta atrás.

LM: -¿No te manifestaron algún miedo?

FS: -Sí, hasta hace tres años todavía me decían que volviera a la facu, que estudiara.

LM: -¿Cómo era la relación con ellos en tu primer tiempo acá? ¿Te llamaban seguido, venían a verte, vos ibas para allá?

FS: -Iba de vez en cuando a Córdoba. ¡A comer! Alguna que otra vez vinieron, pero fueron pocas.

LM: -¿Vos extrañabas?

FS: -No, estaba haciendo mi vida.

LM: -En los momentos previos de decidir ser músico, cuando ya veías que la cosa iba para ese lado, ¿tenías algunos miedos o algunas preocupaciones hacia adelante?

FS: -Sí, obvio. Creo que estos dos últimos años recién perdí un poco ese miedo, pero me puede volver el mes que viene. Nos pasa a todos. La primera vez que volví de Europa, volví más plantado. Viste que cuando volvés de un viaje, además de que creciste, también la gente lo tiene muy idealizado y te ven de otra forma. Me acuerdo que esas dos variables juntas hicieron que empiece a cobrar más caro, o que en algún punto yo empiece a valorar mi trabajo. Y cuando yo lo empecé a valorar, cambió todo y pude empezar a mantenerme.

IMG_0079_editedLM: -En el momento en que empezaste a pensar en armar una banda propia, ¿cómo llevabas adelante la gestión de eso? Porque supongo que lo que a vos te gusta es tocar, componer y mejorar como músico.

FS: -Sí, pero también me gusta la parte de producción y el desarrollo de la marca, por así decirlo. Me parece re interesante. Hace un tiempo que lo hago re consciente y me encanta. En ese momento creo que había adquirido conocimiento y experiencia de ver moverse a Dani Spalla y a Aloras. Y después, bueno, uno tiene que tener algo distinto a ellos y ver cómo insertarlo.
Obvio que cuando empecé, en la época de Barbuda [su primer disco], no sabía nada de management. Más que todo quería que la obra tenga sustancia y contenido, y que esté cerrada conceptualmente. Tenía ganas de expresar algo muy claro. Tenía un amigo que me gustaba cómo dibujaba, le caí con una idea, y listo, estuvo la tapa de Barbuda. Qué se yo, me prestaron una placa de audio, una computadora, y me iba a Salsipuedes, donde mis viejos tenían la casa de campo. Ahí los invitaba un par de días a Cande Zamar, a Hernán Ortiz, a Nahuel Barbero, a Agus Vivián, a Fran Kreiman y a Tomi Ferrero, que eran los colegas más cercanos que tenía. Ahí grabamos Barbuda. Yo aprendí a usar el Pro Tools el primer día de grabación. Fue como: "Ok, tenés que grabar con este software que no sabés qué es". Era así, no estaba muy pensado. Todo eso te lo digo ahora desde acá, pero en ese momento era medio lo que podía, lo hacía. Era como muy emocional, fluido y espontáneo.

LM: -¿En aquél momento todavía vivías en Córdoba?

FS: -No, me fui allá a grabarlo.

LM: -Te fuiste a grabarlo con cordobeses. Es extraño, te venís a Buenos Aires para desarrollarte, pero para hacer el disco te vas y lo laburas en Córdoba. ¿Por qué ellos?

FS: -Claro, porque antes de grabar el disco yo ya había empezado a sacar temitas y había una sesión en vivo en la que tocaba Agus y Nahuel, porque eran mis amigos.
Che, lo voy hacer de nuevo, ¡me voy a ir a grabar un disco a Salsipuedes!

LM: -¿De dónde los conocías a todos ellos?

FS: -A Hernán lo conocí en la Metro, y a Agus Vivián lo conocía del cole. Agus me marcó zarpado. Él fue el que me prestó la placa y la compu, fue clave. Nos sentábamos al lado en el cole y era su amigo. Él era guitarrista hacía un montón y necesitaba un bajista. Yo estaba todo el día con él y me dijo: "Wach, ponete a tocar el bajo, dale"; y yo: "¡De una!". Me cambió la vida Agus. Qué loco, porque hay tantas cosas de mi vida que no me acuerdo y eso, que parece tan efímero, me marcó. Me acuerdo que ya estaba esa idea dando vueltas, de que podía sumarme a la pandilla desde ese lado, y un día caminando cerca de mi casa, veo una academia de música. Me acuerdo patente la imagen del cartel que decía algo como Clases de música, de bajo, no sé. Tengo esa imagen como si vibrara, como si estuviese viendo un portal, pero un portal que me trae hasta hoy. Fue saber que a dos cuadras de mi casa había una academia. Listo, ya estaba, al otro día llamé y empecé. Me prestaron un bajo y le metí.

 

> Parte 2: Perfo.

 

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