Izquierda, derecha y la nación de los moderados

Por Daniela Alonso*
Ilustración por Fundie Biela


¿Lo que decimos de nosotros mismos se corresponde con lo que realmente somos? ¿Qué es ser de derecha o de izquierda? ¿Existe el centro, o es la máscara de quienes no reconocen su ideología? ¿Los estudiantes se comprometen más que el resto con la política? ¿Se puede permanecer al margen de “lo político”?

Vamos a acercarnos a estas preguntas a partir de datos reales. Basándonos en una investigación realizada en Córdoba (ciudad del centro de Argentina) y en estudios en otras partes del mundo, buscaremos comprender no sólo si nuestras posiciones ideológicas efectivamente coinciden con lo que decimos de nosotros mismos, sino también si es verdad que uno puede mantenerse al margen.

 

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Tras la Guerra Fría, las categorías ideológicas tradicionales se consideraron obsoletas. Se anunció hasta el cansancio el fin de las ideologías (este concepto que viene siendo atacado con singular virulencia en los últimos años), pero las categorías de izquierda y derecha, liberal o conservador -con todos los matices en medio- vuelven a mostrarse necesarias. La historia reciente de las democracias occidentales en general, y latinoamericanas en particular, nos muestra su resurgir en el discurso político. El giro a la izquierda (1) de América Latina en la década pasada, y la posterior -ya clásica- reacción de vuelta a la derecha (2) nos pusieron a hablar, de nuevo, de zurdos y fachos, de izquierda y derecha. También se dieron polarizaciones, aunque distintas, en Europa y en Estados Unidos. De cualquier modo, lejos de ser propiedad exclusiva de gobernantes, operadores mediáticos y periodistas, las categorías ideológicas de izquierda y derecha son apropiadas por las personas en el ejercicio de su ciudadanía. Incluso si creemos que “apolítico” es la etiqueta que mejor nos define, tarde o temprano vamos a sostener posiciones en relación a temas que son finalmente políticos, aunque no siempre lo hagamos de modo consciente y razonado.

Veamos cómo estas categorías persisten y se reinventan.

¿Qué es la ideología política? Una respuesta posible a esa pregunta nos habla del sistema de creencias que nos permite identificar qué creemos que está bien y qué mal, y cómo creemos que debería ser el orden social y político. La ideología cumple un rol en la orientación de nuestras acciones en distintas esferas, impactando en nuestros comportamientos sociales y políticos. Pero también opera a nivel social en la medida en que suele compartirse en los grupos de pertenencia: si bien una persona puede tener sus propias creencias sobre temas como la seguridad, el aborto y la acción colectiva, seguramente tendrá más de una coincidencia con las creencias de aquellos con los que se sienta más identificada. En esta función grupal, la ideología ofrece el marco para que cada persona pueda tomar su posición y comunicarla, por eso decimos que funciona como organizador social.

Ideología gráficosAhora bien, por otro lado la ideología nos ayuda a simplificar el mundo político, facilitándonos la toma de decisiones. Por ejemplo, pensando en el voto –comportamiento político por excelencia-, la ideología funciona como un atajo que nos permite la vagancia de no tener que contrastar las acciones de todos los candidatos y evaluar cada una de sus propuestas, gracias a que podemos ubicarlos en el espectro político en función de sus posicionamientos ideológicos (partidarios, pero también personales ante temas de relevancia pública) y decidir si concuerdan o no con lo que creemos. Si bien esto nos ahorra el trabajo de ponernos a analizar los pormenores de las promesas de cada candidato, si esta fuera la única estrategia de decisión, podría generar distorsiones en nuestras evaluaciones, sobre todo en un contexto como el nuestro, donde mientras más se acerca una elección más se parecen todos y todas.

Porque -es bueno recordarlo- el significado de estas etiquetas ideológicas no es universal ni permanente. Si bien las ideologías han ido transformándose, las etiquetas que usamos para definirlas se han mantenido, de modo que éstas no siempre nos dan tanta información sobre qué creencias subyacen a ellas. ¿Qué es la izquierda y la derecha hoy? ¿Lo que yo creo que es la izquierda, es lo mismo que cree mi mamá o mi abuela? Y con respecto a lo territorial, ser de derecha o de izquierda ¿es lo mismo en Bolivia que en Panamá? Muy posiblemente la respuesta sea negativa, y esto tiene que ver con que el contenido que le damos a estas categorías se produce socialmente en un contexto determinado.

Por otra parte, nuestras creencias no son absolutamente estables y, además frecuentemente son inconsistentes. No porque me defina como una persona de izquierda voy a tener una posición que puede considerarse progresista en todos los asuntos. De hecho, distintas investigaciones (3) señalan que las creencias ideológicas se estructuran en torno a distintas esferas, principalmente en función de temas económicos y temas sociales. Así, una misma persona puede manifestar su apoyo a políticas como la ley de identidad de género, pero manifestarse en contra de políticas económicas redistributivas. Por esto, muchas investigaciones que abordan la cuestión de la ideología no se han limitado a confiar en las etiquetas ideológicas que nos adjudicamos, sino a profundizar en cómo nos posicionamos respecto a distintos temas de relevancia política y social.

Ante este panorama, desde el equipo de Psicología política de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) realizamos una investigación que nos permitió observar cómo se dan estas cuestiones en Córdoba, no sólo para conocer las actitudes de los cordobeses sobre distintos temas, sino también estudiar si éstas son coherentes con la posición en la que ellos mismos se ubicaban dentro del espectro izquierda/derecha. Mil personas respondieron voluntariamente a una encuesta exhaustiva. Veamos qué encontramos y por qué es importante.

 

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La muestra

Analizamos dos grupos de participantes diferentes. Por un lado, 622 estudiantes universitarios de distintas facultades de la UNC. Por el otro, 393 ciudadanos y ciudadanas de todas las edades (pero mayores de 18 años) y de distintos segmentos socio-económicos. ¿Por qué los separamos para analizarlos? Porque encontramos diferencias sustanciales en sus posiciones ideológicas. La más notable de ellas es que son significativamente más las personas de la población general que se identificaron con una posición ideológica de “centro” (30%) que los estudiantes universitarios que lo hicieron (10,6%). Además, como nos imaginamos en la previa, estos últimos se reconocieron proporcionalmente más como de izquierda y menos como de derecha, aunque estas distancias no fueron tan grandes como nuestro prejuicio de egresados de carreras sociales podría indicar.

La primer sorpresa con que nos encontramos es que un cuarto de los estudiantes universitarios señalaron que no adscribían a “ninguna ideología”, un porcentaje mucho mayor que el modesto 9,4% en la población general. Este resultado es llamativo dado que la literatura previa señalaba que las personas de mayor nivel educativo son las que mejor pueden ubicarse en el espectro ideológico (4). Si tenemos esto último en cuenta, podemos pensar que estos resultados se deban a un rechazo real a las categorías tradicionales y no a un menor conocimiento de ellas o a una incapacidad de tomar una posición. Otra explicación posible a este resultado radica en la juventud de este grupo (21 años en promedio) más que en su nivel educativo. Así, estas actitudes podrían reflejar una mayor inexperiencia respecto de la comprensión del mapa político (5). Además, el rechazo de los y las jóvenes -independientemente de su nivel educativo- hacia las categorías ideológicas tradicionales podría estar cuestionando su vigencia como atajos para interpretar el mundo político en la actualidad.

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Entonces, estas diferencias ¿Se deben a la edad? ¿Tienen que ver con el nivel educativo? Siempre que veas un título marketinero del tipo “Descubrieron que tal cosa es la causa de tal comportamiento”, desconfiá. No es tan sencillo determinar cuál es la causa de un fenómeno, sobre todo cuando se trata de cuestiones complejas (los amigos de el gato y la caja nos lo cuentan bien claro acá). Pero lo que sí podemos hacer es analizar si hay relación entre estas variables. Y la hay. Por lo pronto, no podemos atribuir las diferencias entre estos grupos solamente a la edad o al nivel educativo, pero sí podemos decir que se relaciona con ambas. En los gráficos que siguen se representan en barras las asociaciones del autoposicionamiento ideológico con la edad y con el nivel educativo.

 

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Lo que podemos destacar de estos gráficos es que la mayoría de las personas que se identifican con la izquierda son jóvenes de hasta treinta años. A su vez, el porcentaje crece a medida que se incrementa el nivel educativo. Con las personas que se posicionan hacia la derecha sucede lo opuesto: tienen mayor edad y menor nivel educativo.

 

¿Los jóvenes son de izquierda y los mayores de derecha?

¿Qué pasa con quienes no usan estas etiquetas? La identificación con el centro es más frecuente en el segmento de edad entre cuarenta y sesenta años y en las personas que tienen estudios secundarios incompletos o completos. Por otro lado, la dificultad de posicionarse ideológicamente (no sabe/no puede) parece asociarse más a niveles educativos bajos que a la edad. Por su parte, y aquí va la categoría que nos provocó más inquietud: ese grupo que no se identifica, que se expresa como apolítico, reúne sus mayores adeptos entre los más jóvenes (menores de treinta) y los de mayor edad de la muestra (mayores de sesenta), y entre estudiantes universitarios.

De cualquier modo, las diferencias en los posicionamientos ideológicos entre distintos grupos sociales no puede interpretarse como un aspecto universal, sino que muestra variaciones en distintos contextos políticos y culturales. Por ejemplo, un estudio que compara las posiciones ideológicas de la ciudadanía entre los países europeos encuentra que, mientras en algunos las orientaciones de derecha se incrementan en los grupos de más edad -como en Alemania, España, Gran Bretaña y Suiza-; en República Checa ocurre lo contrario, siendo los jóvenes más conservadores. Por su parte, en países como Francia, Noruega y Suecia, predominan las posiciones de izquierda entre los jóvenes y éstas se profundizan a medida que aumenta la edad en lugar de decrecer.

También observamos la relación entre ideología y sexo y, si bien algunos estudios sostienen que hombres y mujeres tienen diferencias ideológicas, siendo las mujeres más conservadoras, esto no se comprobó en la población de personas con la que trabajamos.

 

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El centro

Ahora bien, si sumamos todas las personas que se ubicaron en el centro, aquellas que no pudieron ubicarse y las que dijeron no tener ninguna ideología, tenemos casi un 50% del total. Es decir, la mitad de las personas encuestadas no se identificó ni con la izquierda/centro izquierda ni con la derecha/centro derecha. ¿Qué quiere decir esto? ¿Acaso son personas que se mantienen totalmente ajenos a lo político? ¿Serán equilibristas profesionales, la nación de los moderados? ¿Serán realmente muy distintos de aquellos que sí se identifican con estas etiquetas o serán más parecidos que lo que creen?

Para responder a estos interrogantes, creamos una escala que contiene una serie de afirmaciones sobre temas sociales y políticos de actualidad, y reflejan posicionamientos ideológicos en función de la intervención o no del estado en ellos. Así, algunos reflejaban creencias conservadoras y otros creencias progresistas (6). En resumen, a quienes les preguntamos con qué etiqueta del espectro ideológico se identificaban, también les preguntamos acerca de su grado de acuerdo con afirmaciones acerca de políticas sobre:

 Drogas: consumo terapéutico y despenalización de la marihuana.
Seguridad: pena de muerte como medida para bajar las tasas de delincuencia y mayor presupuesto para fuerzas de seguridad en detrimento de otras áreas como salud y educación.
Sexualidad: educación sexual escolar, diversidad sexual, despenalización del aborto y legislación laboral para el trabajo sexual.
Rol Público de la Iglesia: relación iglesia/estado e intervención de la religión en la libertad de expresión en el arte.
Comunicación y Cultura: estado como garante del acceso igualitario a ella.
Nacionalismo: políticas de inmigración y recuperación de cultura de pueblos originarios.
Economía: propiedad pública de servicios esenciales, propiedad de la tierra para el trabajador, privatización de empresas públicas e inversión en asistencia social y subsidios.
 Acción Política: acciones de democracia participativa y actitudes hacia manifestaciones en la vía pública.

Para facilitar la interpretación de nuestros resultados codificamos las respuestas de 1 a 5, donde un puntaje más alto indica una posición más conservadora. Además, para hacerlas comparables, calculamos las puntuaciones promedio sobre cada tema para cada grupo y, en función de estos datos, usamos un análisis estadístico que nos permitió conocer si hay diferencias significativas entre ellos (7).

 

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Tanto entre estudiantes como en población general, encontramos diferencias significativas entre grupos en relación a sus posiciones sobre todos los temas estudiados. Así, las creencias de las personas que se reconocieron como de izquierda/centro izquierda fueron –sin excepción- diferentes y más progresistas que aquellas de quienes se reconocieron como de derecha y centro/derecha, tanto fueran estudiantes universitarios, comerciantes, electricistas o contadores. Esto nos muestra cierta consistencia ideológica de las personas que sí adscriben a las categorías propuestas. Estos resultados también fueron replicados en un estudio con datos latinoamericanos donde las posiciones sobre los orígenes y responsabilidades de la desigualdad social y la relación estado-mercado permitían diferenciar entre personas que se percibían como de izquierda y aquellas que se ubicaban a la derecha. Obviamente, esto era esperable y no nos sorprende demasiado. Lo que queremos saber ahora es qué pasa con los moderados del centro y con aquellos que no pueden o no quieren tomar una posición.


El centro, ¿existe tal cosa?

Estudiantes universitarios.

En el gráfico que sigue vamos a ver las puntuaciones promedio de cada grupo para cada tema (recordemos que mientras más alta la puntuación, más conservadora la posición). Como muestran las líneas, efectivamente la izquierda y la derecha representan los extremos. Sin embargo, los estudiantes que respondieron “centro” tuvieron posiciones mucho más cercanas a la derecha que a la izquierda; de hecho, en la mayoría de los casos los de centro no fueron estadísticamente diferentes de los de derecha.

Por su parte, aquellos que no conocían las categorías o no podían identificarse con ellas, y aquellos que decían ser apolíticos o no tener ideología, sostuvieron posiciones muy similares entre sí y diferentes tanto a los de izquierda como los de derecha y centro; en este caso sí se parecen más a una posición ideológica “moderada”.  Además, notamos que los temas vinculados a políticas sobre drogas, seguridad y nacionalismo (inmigración y pueblos originarios) fueron los que generaron mayor polarización; mientras que los vinculados a la acción política y la sexualidad fueron los que tuvieron valoraciones más cercanas entre los distintos grupos.

 

CUATRO

 

Población en general

En esta porción de la muestra tenemos participantes de todas las edades, niveles educativos y socio-económicos. Lo primero que notamos es que, en general, las puntuaciones promedio son más altas que las de los estudiantes; es decir, que la población en general tiene actitudes más conservadoras que las de la población estudiantil. Sin embargo, si las analizamos estadísticamente, estas diferencias no son suficientes para ser significativas. Aquí, nuevamente las personas que nos dijeron ser de “centro” se parecen mucho a las que se identifican con la derecha, a excepción de temas de seguridad donde efectivamente tienen una posición relativamente más central. Por su parte, aquellos que no saben o no pueden identificarse con las etiquetas ideológicas, frecuentemente son los más conservadores de la muestra, específicamente en relación a temas de drogas, sexualidad, rol de la iglesia y nacionalismo. De cualquier modo, en el resto de los temas son también cercanos a la derecha, diferenciándose significativamente de la izquierda. Finalmente, en el caso de los que dicen no tener ideología, encontramos que sus posiciones son más variables, aunque también tienden más hacia el extremo conservador.

 

CINCO

 

 


Conclusiones

¿Qué nos dicen estos resultados? Varias Cosas. Primero, nos permiten sostener que las tradicionales etiquetas ideológicas siguen vigentes: las personas que se posicionan en la derecha tienen creencias y actitudes diferentes a las de la izquierda y, además, estas posiciones son consistentes con lo que –en términos amplios- tradicionalmente ha representado a una y a otra posición.

Además, podemos decir que el “centro ideológico”, en este caso, está más cerca de ser una ilusión que una realidad y se parece más a un tengo vergüenza de decir que soy de derecha que otra cosa: enfrentados a la posibilidad de opinar sobre distintos temas de relevancia pública, las personas que se habían ubicado en el centro no sólo manifestaron una inclinación, sino que ésta fue cercana (y a veces aún más conservadora) a la de quienes se inclinaron hacia la derecha. Además, es importante enfatizar que el contexto político tiene mucho que ver con la relevancia de la etiqueta “centro”. En este sentido, un estudio con datos de una multiplicidad de democracias mostró que cuando los sistemas políticos se polarizan, las adscripciones político-partidarias de la ciudadanía también tienden a hacerlo. En el caso argentino, nos encontramos con un sistema en el que coexisten varios partidos, muchos de los cuales no manifiestan grandes diferencias ideológicas entre sí, tendiendo a confluir en posiciones “moderadas”.

 

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Por su parte, también pudimos cuestionar la idea de que se puede permanecer al margen del mundo político y no tener ideología. Es cierto que existen ciudadanos con distinto nivel de lo que en psicología política entendemos como sofisticación política (una combinación de la motivación que les generan los temas políticos con el conocimiento que tienen sobre ellos). Además hemos comprobado que la población que tiene conocimiento e interés sobre estas cuestiones es una proporción menor de la sociedad. Por ejemplo, en un estudio del año pasado, el 30% de los cordobeses entrevistados no pudo mencionar correctamente los tres poderes del estado y casi un 80% no pudo identificar el organismo que decide acerca de la constitucionalidad de las leyes. Es cierto también que este nivel de conocimiento, sumado al bajo interés en asuntos políticos, impacta negativamente en la posibilidad de generar evaluaciones ideológicas de modo consistente y estable.

Sin embargo, nuestros datos también nos muestran que, aún así, la ideología nos atraviesa como ciudadanos y ciudadanas y, con mucha o poca información, tomamos posiciones sobre temas que son políticamente relevantes. Y que nuestras posiciones no son inofensivas, las creencias que tenemos respecto de cómo deberían ser las cosas y las actitudes que tomamos en relación a una multiciplicidad de temas que forman parte de la agenda pública, condicionan en gran medida muchas de nuestras acciones: desde algo tan evidente como poner o no un determinado voto en una urna o acudir a una manifestación, hasta cuestiones mucho menos obvias como nuestras reacciones a situaciones de desigualdad y exclusión. En relación a esto, hay muchos estudios que profundizan en la relación entre ideología y actitudes y comportamientos sociales y políticos desde múltiples perspectivas (abajo dejamos algunos recursos sobre ello para el lector más curioso).

Así, este artículo pretende ser simplemente un punto de partida que nos permita traer a escena la importancia de la ideología política, reconocerla como uno de los condicionantes de muchos de nuestros comportamientos -desde los más típicamente políticos hasta otros más vinculados a las relaciones grupales- e invitar a la reflexión crítica sobre cómo influyen en nuestros propios comportamientos estos lentes que parece ser que, en ocasiones, no sabemos que tenemos puestos.

 

VIDELA

 


 

* Daniela Alonso es becaria doctoral del Conicet, integrante del equipo de Psicología Política de la UNC que llevó adelante la investigación que comenta este artículo.

 

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Notas

  1. Dos abordajes más sobre el giro a la izquierda. Aquí y aquí.
  2. Un segundo abordaje sobre la vuelta a la derecha, aquí.
  3. Brussino, S., Rabbia, H., Imhoff, D., & Paz García, A. P. (2011). Dimensión operativa de la ideología política en ciudadanos de Córdoba, Argentina. Psicología Política, 43, 85-106.
    Feldman, S., & Johnston, C. (2014). Understanding the determinants of political ideology: Implications of structural complexity. Political Psychology, 35(3), 337-358.
    Jost, J. T., Federico, C. M., & Napier, J. L. (2009). Political ideology: Its structure, functions, and elective affinities. Annual review of psychology, 60, 307-337.
    Lefkofridi, Z., Wagner, M., & Willmann, J. E. (2014). Left-authoritarians and policy representation in Western Europe: Electoral choice across ideological dimensions. West European Politics, 37(1), 65-90.
  4. Jacoby, W. G. (1991). Ideological identification and issue attitudes. American Journal of Political Science, 178-205.
    Lisi, M. (2010). The consequences of cognitive mobilization in comparative perspective: political sophistication and voting behavior in old and new democracies. Annual Meeting of the American Political Science Association, September 2-5, 2010, Washington D.C.
  5. Brussino, S., Imhoff, D., & Alonso, D. (2016). Posicionamientos ideológicos de quienes se ubican en el" centro" o “no poseen ideología”.
  6. Estos ítems fueron probados y estudiados en sus propiedades estadísticas para determinar si efectivamente eran una forma adecuada de medir aquello que queríamos medir. A los fines prácticos, vamos a saltearnos aquí el tortuoso proceso de confeccionar una escala ¡y que funcione!, pero si querés saber cómo es ese proceso, animate a este paper.
  7. Si tenés curiosidad de saber cómo hicimos esto, animate a este paper.

Bibliografía

  • Brussino, S., Imhoff, D., & Alonso, D. (2016). Posicionamientos ideológicos de quienes se ubican en el" centro" o “no poseen ideología”. Quaderns de Psicología, 18(1), 7-19.
  • Brussino, S.; Imhoff, D.; Paz García, A.P. & Dreizik, M. (2017). El análisis psicopolítico de la Ideología Política. En S. Brussino (coord). Políticamente, contribuciones desde la psicología política en Argentina. Buenos Aires: CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas). ISBN 978-950-692-130-9.
  • Brussino, S., Rabbia, H., Imhoff, D., & Paz García, A. P. (2011). Dimensión operativa de la ideología política en ciudadanos de Córdoba, Argentina. Psicología Política, 43, 85-106.
  • Jost, J. T., Federico, C. M., & Napier, J. L. (2009). Political ideology: Its structure, functions, and elective affinities. Annual review of psychology, 60, 307-337.
  • Lupu, N. (2015). Party polarization and mass partisanship: A comparative perspective. Political Behavior, 37(2), 331-356.
  • Sánchez Medero, G., & Sánchez Medero, R. (2009). Las orientaciones ideológicas de los ciudadanos en Europa. Papel Político, 14(2), 645-667.
  • Wiesehomeier, Nina, and David Doyle (2012), Attitudes, Ideological Associations and the Left–Right Divide in Latin America. Journal of Politics in Latin America, 4, 1, 3-33.

Recursos para el lector curioso