Los pies sobre la tierra: Lía Copello III

Por Leandro Moscardó.
Fotos por Teresa Mir.


LM: -Quiero volver a la parte comercial del trabajo y, relacionado con lo que venimos hablando del mensaje o de la forma de pensar del personaje, me gustaría saber si tenés un criterio de decir "Con estas marcas voy a trabajar, con estas marcas no". ¿Hay un criterio más general o lo analizás según cada propuesta?

LC: -Lo analizo según las propuestas. Nunca me pasó que directamente con una marca dijera “No, con esta marca no laburo”. Sí me pasó que por ahí vienen propuestas y decido no ir por ese lado. A veces me pasa que me piden cosas que siento que no puedo hacer algo copado con eso. Y es un bajón rechazar laburo. Pero hay propuestas que desde el vamos arrancan con una exigencia que no es acorde a mi perfil, o que empiezan ratoneando cosas. Cuando hacés un laburo creativo a veces es difícil defender que eso vale plata, porque no todo el mundo lo considera tan valioso. Para mí, mi laburo vale tanto y hay momentos en que no me quiero bajar de eso. Me pasó una vez con una marca  de cosméticos para mujer, que armamos una campaña. Me habían pedido cinco ilustraciones de cosas que tuviesen que ver con cómo las mujeres nos cuidamos la piel o el maquillaje. Y yo había armado cinco ilustraciones más de mi generación, como dormirte con el maquillaje puesto después de una salida, cosas así. Desde el vamos me ratonearon la guita, me volvieron loca, me hicieron mil cambios, me hicieron redibujar cosas de nuevo, y el laburo no estuvo bueno. Y cuando lo publicaron, armaron un álbum en el que adelante de cada dibujo mío le habían puesto un texto muy del estereotipo de mujer que ellos manejan, y todo el mundo salió a putearme. Entonces medio que ahí dije "Bueno, cuando sienta que estoy haciendo cosas que me van a perjudicar, las voy a dejar de hacer aunque quede como el culo con alguien", porque la verdad es que después es peor porque te dejan re mal parado. Así que estoy aprendiendo cada vez más a darme cuenta a tiempo. También me ha pasado que te vienen ya con la propuesta armada, como “queremos que hagas este chiste”. Y si lo querés así, hacelo vos, dibújalo vos y listo.
Por suerte también tuve un montón de propuestas de marcas re piolas. En general tengo buenas experiencias, de poder yo sentarme, mandar la idea y tener libertad casi absoluta a la hora de hacer algo.

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LM: -En el caso de la compra de un trabajo artístico, muchas veces el cliente no entiende que no puede hacer lo que quiera con lo que vos le estás dando. En tu caso, la obra termina siendo la suma de todo lo que hace a la comunicación de la obra misma. Es decir, el copy que va junto al posteo también es parte. Pero si el cliente le mete otro texto que forma parte del JPG que publican, ya eso modifica tu obra.

LC: -Eso es una de las cosas que voy descubriendo. Por ejemplo yo trato siempre de mandar, junto al dibujo, el copy que va a ir junto, porque después te ponen pavadas arriba, como “Cuando estás indispuesta típico que te pasa esto y te ponés re histérica. By La Cope”. No. No pongas eso, ¿entendés? Porque eso no es La Cope. Entonces trato siempre de mandar el copy, y de hecho muchas marcas me lo piden.
Cuando recién arranqué, fue muy difícil porque cada vez que subía algo esponsoreado estaba esta cosa medio falopa de “¡Te vendiste!”. Y, bueno, tengo que laburar, la realidad es que éste es el juego, si vos querés que yo suba algo todos los días, si lo consumís gratis, yo por algún lado tengo que cobrar porque si no, no puedo hacerlo. Me acuerdo que una vez me saqué mal, un primero de mayo, día del Trabajador, estaba a la madrugada re triste porque había conseguido un par de laburos y cada vez que los posteaba era contraproducente. Entonces me salía un laburo y me bajoneaba.

LM: -Fue en la época del auspicio del banco Santander.

LC: -Sí, en esa época había pegado los primeros laburos. Y un día me senté y escribí un texto larguísimo como: "En primer lugar, esto es un laburo, dibujar es un laburo, tener una empresa independiente es un laburo. Empecemos a respetar el laburo". Porque eso te mata, que vos cuando hacés lo tuyo, de forma independiente, o cuando creás algo, todo el mundo te cuestiona, que "¿Como ganás la plata?”, que “¿Por qué lo hacés con esa marca?", que “Te vendiste”. Y yo no le rompo los huevos a nadie. A mí nunca nadie me jodió por laburar en una agencia, nadie me cuestionó nada. Entonces es plantear que me dejen laburar, porque no puedo hacer esto gratis. En ese tiempo todavía tenía el anterior trabajo y quería renunciar, y me preguntaba cómo hacía para renunciar si cada vez que subía algo auspiciado me puteaban. Encima después las marcas no quieren laburar con vos si cada vez que subís algo, la gente te putea. Sin embargo, de alguna manera esto también llevó a un montón de gente a que a partir de ese momento, si alguien comenta bardeando que me vendí, abajo le contestan "¿Qué querés que haga? Es su laburo, dejala en paz”.
Yo tampoco soy muy amiga de esta cuestión de que ni bien tenés un par de seguidores, ya todas las fotos de tu Instagram son un chivo. Me da paja esa cosa de “acá me vine al evento de no sé qué y ahora te muestro esta remera”. A ver, a mí me regalan ropa o cosas a veces, y me pasa que me gusta mucho laburar con gente que tiene emprendimientos. Y por ahí me dicen “Che, ¿te puedo mandar una lámpara?”. Me encanta y subo una foto, pero bueno, también subo un montón de contenido todo el tiempo, y gratis, entonces no es sólo eso. Por eso siento que sí tengo el derecho de, cada tanto, meter un chivo de algo que estoy haciendo, como “vení a verme en tal lado” o “mirá qué linda la remerita que me regalaron”. Pero cuando ya es una cosa que es chivo atrás de chivo, para eso prefiero ver la tele. Hay que tener un límite, porque si no te volvés un quiosco. Y también creo que es medio obsoleto, que el día que dejes de estar de moda, fuiste. O esta cuestión de algunas fashion bloggers: capaz hay un montón de personas a quienes evidentemente le gusta, pero a mí me da paja seguir a una piba que lo único que sube son fotos de ella mostrando ropa de marca. Me chupa un huevo, no la puedo comprar, no me queda así y me da paja. Pero tampoco lo bardearía, cada uno está en su derecho de hacer lo que quiere y yo trato de laburar con cosas que me gustan, que tengan un propósito, y que me dejen plata para poder seguir haciéndolo. A ver, yo hago dibujitos, pero también pago las expensas, pago el alquiler, vivo, como y salgo.

LM: -Una cosa es la crítica que te dice “te estás vendiendo”, en la que el público no entiende que vos necesitás un acuerdo publicitario que te permita sentarte todos los días a hacer lo que ellos tanto disfrutan. Pero otra cosa es la crítica ideológica que te puede caer, de “si la Cope piensa esto, ¿por qué trabaja con tal marca?”.

LC: -Soy consciente de que decidí tener una ideología. Yo podría hacer tiras sin ninguna ideología, como hay tantas otras cosas que no tienen y también están buenas. Pero yo decido todos los días marcar una ideología y decir lo que pienso, así que también me tengo que bancar a veces tener que rechazar laburos. Si yo hiciera chistes sobre pelotudeces todo el tiempo, nadie me criticaría por eso.  Pero cuando uno más o menos intenta seguir una ideología, hay más chances de cagarse de hambre, porque eso lo hace más difícil. Laburar con una marca y no pegarla a tu ideología es bastante difícil, porque las marcas suelen no tener nada que ver con lo que uno se siente identificado.

IMG_5958_editedLM: -En una entrevista que te hicieron hace unos años, la periodista afirmó que vos lográs empatizar con los hombres porque no embanderás “un feminismo absurdo". Me hizo mucho ruido la expresión. ¿Qué es un feminismo "absurdo"?

LC: -No tengo idea. Quizás tenga que ver con que la generación de nuestros padres, y sobre todo con los colegios, que nos educaron diciéndonos que el feminismo es lo mismo que el machismo pero al revés. Entonces uno crece con esa idea de mierda. Creo que realmente son pocas las personas que entienden de lo que estamos hablando. Está instalado que el feminismo en realidad es una cagada, un extremo. Porque hay mucha mala información desde los medios, desde la gente que tiene llegada, que suelen repetir "Estas feministas", como si fuésemos unas locas. Yo con el tiempo tuve que ir dándole un encuadre a todo eso que me pasaba, de encontrarme con cosas que me parecían injustas o de ver que nos ponían a las mujeres en un lugar horrible. Y al investigar lo que era el feminismo, te vas dando cuenta de que es la respuesta lógica a todas las cosas.
También está esta cosa de gente que no sabe que es machista pero lo es, e intentan destruir el feminismo con estos conceptos de "feminismo absurdo" o "feminismo falopa". No hay tal cosa como feminismo "malo", porque el feminismo es simplemente la noción de que las mujeres necesitamos tener los mismo derechos que tienen los hombres, que los tienen y nosotras no. Entonces, tiene un montón de agenda, un montón de cosas de las cuales ocuparse. Y yo la verdad es que me encontré con estos conceptos no hace mucho. Hace un par de años empecé a leer cosas y me dí cuenta de esto. Sobre todo esta cosa que decía esta periodista por la que me preguntás, de "empatizar con los hombres", que es algo que parece que las feministas no podemos hacer. Nada que ver, hay un montón de hombres feministas y yo claramente puedo empatizar con esos hombres.
Yo trato siempre de hablar simple, con lo que voy aprendiendo. Trato de recomendar libros que a mí me sirvieron para entender todo esto. Para mí es como un despertar. Como que un día te despertás y te das cuenta de que estabas dormida en un montón de cosas que creías que eran tuyas, pero en realidad eran ideas que te pusieron. A mí me pasa mucho, por ejemplo, con el peso, con la figura y con el cuerpo en general. Yo toda la vida sufrí un montón, pero como algo habitual eso de "Soy gorda", "tengo estrías", "tengo celulitis" o "no me depilé". Y das por hecho esto que tenés que sufrir porque sos mujer y hacer dieta, e ir a hacer una actividad de mierda sólo para que la bikini te quede un poco mejor. Y un día te hace un click la cabeza y empezás a leer sobre feminismo, a hablar con otras feministas; leés la teoría de King Kong  [de Virginie Despentes] y decís "Wow boluda. Soy cómplice de todo esto de alguna manera, porque me vivo quejando de que estoy gorda o fea". Y de golpe te despertás y decís "No, pará. Yo no puedo pensar de esa manera. No puedo seguir dándole de comer a un sistema que dice que yo tengo que sentirme mal conmigo misma todo el tiempo". Y con eso van pasando un montón de cosas. Por eso es importante tratar de ser honesta con lo que me pasa y no venir a jugarla acá de "Yo soy feminista desde que nací, y la tengo re clara". Nadie es feminista desde que nació, porque nadie te explica que eso está bien. Todo el mundo te dice que es cualquiera que "son unas locas". Inclusive en los medios, que hay toda una moralina con la violencia y con "no solucionar la violencia con más violencia". Y vos prendés la tele y ves un informe de la marcha de Ni Una Menos, que cada vez estalla más las plazas a medida que pasa, pero los medios deciden mostrarte cómo cuatro pibas -con toda la razón del mundo- pintaron una pared. Mucha gente viene con este discurso de "Con la violencia no se soluciona", que a mí me enferma, porque no es desmedido el reclamo. Es muy injusto que hagan pasar el reclamo como algo desmedido, como "Ay, rompieron un patrullero". Loco, son muchas las injusticias. No es que estamos enojadas porque alguien nos dijo una cosa una vez. Estamos enojadas porque se muere más de una mujer por día, porque hay más de cincuenta violaciones por día. Es un montón. Porque todas las mujeres -si tuvimos la suerte de que nadie nos golpeara o nos violara- todo el tiempo sufrimos acoso en la calle, en el laburo, en los medios. Porque te ponen en un papel de mierda, violencia porque sos gorda, violencia porque sos torta, violencia porque sos trans, o trava, o puta. Entonces es como "¿Vos me estás cargando que encima de todo me castigas a mí porque yo estoy enojada y estoy pintando en la pared Ni Una Menos?". Es una injusticia súper grande.
Es muy difícil entender que el feminismo está bien, porque todo el mundo te dice que está mal. Entonces lo veo en mis amigas, que cada vez más son más las que se van haciendo cargo de que son feministas. Capaz ya se venían sintiendo de esa manera hace un tiempo, de sentir esa sensación de injusticia, pero siempre con esa cosa de "Yo no soy feminista, pero...". Entonces siento que vamos abriendo el juego, y que más mujeres van a hacerlo. Se va escuchando esto de "Sí, soy feminista. Lo entendí, punto".
A veces, está bueno tratar de hablarlo con tranquilidad. Me ha pasado que hablaba con un pibe que trataba de entender, y él me decía "Bueno, pero tampoco les puedo decir algo lindo por la calle". Y es un re buen pibe, pero, bueno, tenía los conceptos completamente errados, y yo me puse re violenta, diciéndole "¡Sos un pelotudo! ¿Cómo me vas a decir eso?". Sin embargo, después trato de calmarme y decir "Bueno, a ver, voy a tratar de explicarte", aunque a veces te dé bronca tener que explicarle todo a todo el mundo. Pero también entendés que un montón de gente te lo explico a vos, o te lo hizo ver de alguna manera. Siento que estamos en ese proceso de abrir cabezas y mi cabeza se va abriendo cada vez más, entendiendo cosas que no las entendía hace uno, dos o cinco años, que no tenía ni idea de que todo funcionaba de esa manera.

IMG_6105_editedLM: -Me parece que el feminismo ya se abrió un camino en la discusión social, y generó un cambio a partir de la estrategia del reclamo y la visibilización. Me pregunto si no será momento de cambiar la estrategia, de ir más allá del reclamo, porque veo que los discursos feministas están circulando entre convencidos, y parece que desde ambos lados de la discusión se hubieran cerrado filas. ¿No sería momento de pensar en una mejor estrategia de convencimiento?

LC: -Creo que en parte tenés razón. Pero sigue siendo muy difícil sentarte con paciencia y explicarle a un flaco: "Bueno, pero vos no podés decirle a las mujeres por la calle que les querés romper el orto". Te da tanta bronca porque te pasó tantas veces y te sentís tan humillada, tan asustada y tan ofendida que simplemente querés que pare. Entonces siento que de eso nace Ni Una Menos. Cuando recién empezó Ni Una Menos, la gente cuestionaba y preguntaba "Pero ¿qué reclaman? Están reclamando un montón de cosas." Y bueno, es que son un montón de cosas. Creo que se va politizando más, que se van formando grupos y se van organizando. Hay cada vez más movimientos feministas que militan en serio, que se meten en los barrios. Bueno, la legalización del aborto está cada vez puesta en escena.
Entiendo eso que decís de encontrar una manera de convencer al que hoy es machista. Pero también creo que hay gente a la que realmente no se la puede cambiar. Es horrible lo que estoy diciendo, pero yo realmente creo que hay gente a la cual no la podés cambiar. A un chabón que caga a piñas a la mujer, yo creo que realmente no lo podés cambiar. No siento que haya una manera de sentarte, hablar y decirle, porque ya es un nivel muy avanzado. Creo que podés convencer a una persona de pensar ciertas cosas distintas, convencer a una persona de que el aborto tiene que ser legal. Hay cosas que sí, que podés tener argumentos. Pero ya cuando hay algo tan arraigado, lo veo complicado.
Además, como vos decís, hoy la cosa está tan en boca de todos, que también pienso "Bueno loco, si estás escuchando esto, entonces tomate tu laburo de leer, de informarte, y si querés debatimos", pero no me vengas con "Ay, pero Mahatma Gandhi hizo una revolución sin violencia". Bueno, está todo bien, pero no podés estar comparando que yo esté pintando una pared con todo lo que pasa. Me parece muy cruel y muy injusto que se deslegitime un reclamo que es tan palpable y tan evidente. Pero hay una gran cantidad de gente que viene con "Estas son cuestiones que están arraigadas desde siempre". Y sí, bueno, pero si no las cambiamos es lo mismo que sigamos tirando a los pibes desde la punta de una pirámide porque nacieron enfermos. O sea, lo que quiero decir es que la evolución es inevitable. Y la evolución, y la revolución, son inevitablemente feministas, porque esto no se sostiene más. Y, si miramos el feminismo desde sus comienzos, la verdad es que lleva muy pocos años. En comparación a la historia llevamos muy pocos años. A mí me da mucha bronca cuando la gente se pone en ese papel de "los grandes inventos los hicieron los hombres". Pero, ¿cuándo nos dieron la oportunidad a nosotras de salir de la cocina, ir a estudiar e ir a laburar? Hace muy poco tiempo. Entonces siento que estamos en un punto que está bueno, pero que recién arranca.
Yo a veces pierdo un poco la esperanza. Uno de los comentarios que más me afectaron cuando pasó lo de la birrita, fue uno de un chabón que había generado -te juro- un debate en Facebook sobre cuál era la mejor forma de violarme. ¿Entendés? Yo trataba de no leer nada, pero era medio inevitable. Había uno que ponía "Yo no me la cogería, pero le metería una botella de birra en el orto hasta que se desangre". Posta que decía eso, literal. Y bueno, una pensaría que por ahí se trata de un loquito, pero ese comentario tenía dos mil quinientos likes. No es un loquito, es simplemente el modo en que funciona todo, cómo está aprobado que funcione de esa manera. Y funciona así, porque si vos investigás un poco en Facebook te encontrás con página súper nazis, con página homofóbicas. Cuando fue lo del Chotazo, había gente que proponía "Vamos a cagarlas a trompadas". Es demasiado grande y hay tantas cosas que cambiar, que a veces es agotador que, encima de todo, haya tanta gente negando tu reclamo y tener que fumarte a los que te dicen que sos una loca exagerada. Pero creo que vamos organizándonos cada vez más. Internet está sirviendo mucho como espacio para poder expresarnos y darnos cuenta de que también hay gente que está dispuesta a hacer cosas.

LM: -¿Cómo te ves en este rol de referente?

LC: -Me cuesta aceptarlo, la verdad. Me causa gracia, porque me cuesta sentirme expuesta. Me pasó lo que te contaba del otro día en el Pecha Kucha, que yo fui a saludar re cholula a las chicas de Mamá Cultiva y de AMMAR, que para mí son referentes, y de golpe me di cuenta de que ellas me estaban hablando de igual a igual, y fue muy flashero. Me da mucho orgullo y mucha responsabilidad, la verdad. Una responsabilidad muy permanente y muy grande, de cuidar el lenguaje sobre todo. Porque una por ahí dice algo y te das cuenta de que eso lo está leyendo un montón de gente que cree que vos tenés razón, que eso es ser una referente. Que más allá de que la gente no va a aceptar cualquier cosa que una diga, muchas personas y sobre todo las chicas más jóvenes consideran que lo que una está diciendo tiene algún tipo de veracidad. Es una responsabilidad que me lleva a formarme y ser responsable con lo que digo. Me pasa también con chistes viejos, que los analizo y pienso "¿Estuvo bien esto o no estuvo bien?" y quizás no hoy no los haría o los haría de otra manera. Por eso trato a veces de ser honesta y humana con lo que hago, porque claro que me puedo equivocar, puedo decir algo que está mal, puedo arrepentirme en un par de años de haber dicho algo que dije, pero bueno, esto es lo que pienso y esto es lo que defiendo.

LM: -Si te equivocas, la viñeta recorre lugares a los que vos ya no vas a poder llegar para explicar el equívoco, lo cual es un riesgo muy grande. En este sentido, te quiero preguntar por tus viñetas sobre las compras. Por supuesto que entiendo la casi inexistencia del poder adquisitivo de los empleados mal pagos, pero es un tema recurrente lo de las compras o las deudas con bancos. ¿Por qué el lujito que se da un empleado tiene que ser ir a comprarse algo? ¿Por qué La Cope tiene esta felicidad al comprar cosas?

LC: -Yo bromeo mucho con endeudarme con la tarjeta y a veces digo "Mmm, capaz no es tan gracioso". Pero también pasa por esto, por a veces tratar de hacer humor con lo que a una le pasó o con lo que una vive. Tampoco quiero ser una careta de decir "el dinero no importa", porque a mí me encanta gastar plata en pelotudeces cada vez que puedo.
Cosas discutibles también me pasan mucho con viñetas que tienen que ver con salir con alguien. Una vez hice una que era como que defendía que si vos querías meter un pibe a tu casa la primera vez que lo veías, estaba todo bien -no me acuerdo bien como era el chiste en sí, pero era más o menos así-. Y me escribió bocha de gente, no puteando, pero sí diciéndome "Che, fijate, porque esto puede ser inseguro y estás incentivando a alguien a ponerse en riesgo" y yo no quería ir por ese lado. Iba más por el lado de si querés estar con alguien, está con alguien, no te enrosques con esta cosa de "No, tengo que esperar". Pero bueno, ahí me quedó como una veta que yo no le había visto, pero tampoco es que estoy incentivando a cualquiera, sino más a que cada uno haga lo que quiera. Otra vez una mina me decía "¿Este es el mensaje que le das a nuestras hijas?". Yo no tengo que darle un mensaje a la hija de nadie. Un montón de gente me puede haber adoptado a mí como alguien a quien seguir y a quien leer, pero mi responsabilidad tampoco es educar a alguien. Yo tampoco voy a salir a decirte a vos "¿Sabés qué? Anda y endeudate todo", pero me voy a reír de que a veces nos endeudamos y lo pasamos como el orto. Igual, sí me llegan estas cosas que me dicen. A veces una, por ser honesta o qué sé yo, termina naturalizando algo que no está tan bueno.

IMG_5987_editedLM: -Contaste ya en varias entrevistas cómo fue el proceso de nacimiento de La Cope. Pero me gustaría saber por qué la creaste.

LC: -Porque necesitaba sacar afuera lo que a mí me estaba pasando, que en ese momento eran un montón de cosas. No estaba nada bien. Estaba muy rayada, muy deprimida, y necesitaba sacarlo de alguna manera. Siento que todos en la vida tenemos que encontrar nuestra manera de expresarnos, que puede ser cualquiera: una terapia, dibujar, cantar, armar rompecabezas. No sé, de algún lado sacar y decir "Che, me está pasando esto", que a veces es re difícil decirlo, como sentarte delante de alguien y decirle "No sabés. Estoy angustiada porque no consigo un trabajo que me guste". Así que empecé a dibujar y a bromear con esas cosas, ya que toda la vida mi mecanismo de defensa había sido el humor. Sentí que necesitaba dibujarme a mí, atravesando por cosas y pudiendo reírme de eso, como diciéndome "logré hacerlo mientras trabajaba en ese lugar de mierda". Reírme de cosas que yo capaz en realidad no me estaba riendo, no me causaba gracia trabajar en ese lugar. Pero empecé a encontrar ahí este cable a tierra. Era un poco terapéutico. Y después fue formándose sólo, digamos. Los primeros dibujos de La Cope son mucho más yo hablando de mí misma, y no tanto de la cuestión más generacional que fue dándose después, cuando el personaje se separó de mí y empezó a expresarlo a su manera.

LM: -¿Te ves haciéndolo para siempre?

LC: -Me cuesta definir qué va a pasar a largo plazo. Me cuesta imaginarme la vida sin La Cope, me gusta muchísimo. Pero también tengo en claro de que hay muchas chances de que tenga que cambiar a lo largo de los años. Me encantaría, sí, que fuese a algo que perdure y que pueda adaptarse a los pasos del tiempo. Hace poco empecé a pensar en esto, entonces también me pregunto qué otras cosas quiero hacer. Mi pasión es la radio, entonces quiero hacer radio. Y obvio, voy a aprovechar que un montón de gente me sigue y voy hacer un programa para esa gente. O voy a sentarme a escribir o seguiré haciendo stand-up. Yo quiero seguir siendo la autora de algo, quizás no sea La Cope, quizás sea otra cosa. Pero no me gustaría que muera en esto y nada más.

LM: -En estos años lograste cosas que nunca pensaste que lograrías, que de hecho quizás ni siquiera te habías propuesto. ¿Cuáles son los objetivos que te planteás hoy?

LC: -Mi meta hoy es, en primer lugar, controlar la ansiedad, que crece mientras más grande son los desafíos. Todo esto me trajo desafíos diarios. Son cosas que antes no me había imaginado, pero hoy mi laburo es dar una charla, un taller, publicar cosas, tener una llegada. Entonces todo el tiempo tengo que luchar con esto de ser feliz con lo que hago.
Ahora tengo el objetivo de sacar un libro nuevo, pero distinto al anterior, porque el primer libro son todas viñetas, y me gustaría sentarme y realmente escribir un libro que esté bueno y que sirva de algo, no sólo de tener una recolección de mis cómics. El desafío puntual de hoy es ése: cómo sentarme a hacer algo que esté bueno y poder hacerlo crecer y no caer en la inseguridad.

LM: -Decís que aprendiste a manejar la repercusión del personaje, la notoriedad que te dio a vos. ¿Cómo hiciste para lograrlo?

LC: -No lo hice del todo, la verdad. Pensé que lo tenía re manejado, pero con todo lo que pasó el año pasado me di cuenta de que claramente hay algo que todavía me afecta. Intento concentrarme y disfrutar de lo bien que están saliendo las cosas, de poder llegar a la gente que quiero llegar. Cuando me puse re mal en diciembre, mi novio me abrió un montón de perfiles y me dijo "Esta es la gente que te putea. Miralos". Entonces entrabas y mirabas gente que compartía cosas de la dictadura o cosas ultra homofóbicas y decís "Bueno, me está puteando esta gente, no me está puteando la gente que me importa a mí".

LM: -Es muy llamativo que te pregunté por una cosa y me respondiste por otra. Es llamativo porque demuestra cuánto mal te hizo ese momento. Pero lo que yo quiero saber es cómo manejás todo lo bueno, es decir, todo lo que sería el reconocimiento o “la fama”.

LC: -Me divierte la verdad. Me jodería ser una de esas personas ultrafamosas que no pueden caminar media cuadra sin que alguien les hable o les saque una foto. Pero en mi caso, como es todo tan virtual, no es ese tipo de relación con la gente. Me pasa seguido que alguien en la calle me reconoce, pero hasta es gracioso el modo en que se da, porque de golpe viene alguien y me abraza y me da algo o se quiere sacar una foto conmigo, y a mí me encanta. Es como una devolución linda, obvio. Al principio fue raro y difícil. Porque yo soy muy rara cuando alguien me encara en la calle. De hecho, siento que me comporto de una manera muy extraña. Pero porque la situación es extraña, ¿viste? Es como "¿Me estás pidiendo a mí una foto?". ¡Cualquiera! Pero puedo vivir en paz. La gente que se me acerca lo hace con re buena onda siempre. Aunque es raro. Ponele, ayer venía en el bondi y se acercan unas chicas: "¿Vos sos La Cope?". Sí, le digo y salta una "Aahh, ¡vos sos La Cope! Me muero por tu gatito, es hermoso". Y ahí también me di cuenta de que tampoco puedo estar quejándome: yo soy una persona que, sobre todo en Instagram, me muestro, subo fotos, subo videos, cuento lo que estoy haciendo. O sea, soy bastante de mostrar. Y sí a veces algo me jode, me la tengo de fumar porque yo podía haber pasado desapercibida completamente, pero decidí abrir el juego y mostrar mi cara. Y bueno, la verdad es que me divierte un montón.

LM: Quiero volver al modo en que lograste construir esto. Estoy pensando ahora en cualquier persona, de cualquier género, que quiera trabajar en cualquier cosa que sea extraña para el mercado laboral, ¿cuáles son para vos los obstáculos que una persona debe superar?

LC: -En primer lugar, manejar la crítica. Porque te vas a encontrar con un montón de gente que te dice que no lo podés hacer, entonces tenés que concentrarte un montón en que sí lo podés hacer. Hay que alimentarse de eso. Yo soy medio competitiva, entonces si me decís que no lo puedo hacer, yo lo voy a intentar el doble.
Y después, la cuestión de la guita. No es como esta cosa medio de fotito de Facebook de “Esfuérzate y podrás conseguir todo”. Eso realmente no es verdad. A veces necesitas comer. Yo soy una piba consciente de que a veces podré estar sin un mango, pero nunca me faltó un plato de comida. Es decir, yo tuve la oportunidad de intentarlo, de sentarme a romperme el orto dibujando, pero desde un lugar, digamos, bastante cómodo. Cuando uno emprende un camino distinto, una de las primeras cosas que se encuentra son las dificultades económicas. Eso hace que no sea nada fácil. Entonces, el desafío es mantener vivas las ganas, que no te gane esa mierda que te tiran con el “no podés hacerlo” que está dictaminado.

LM: -Recién estuvimos hablando de cómo La Cope va deconstruyendo determinados mandatos sociales. Generalmente hablamos del sistema, de cómo el sistema opera, pero me gusta pensar en personas, porque sino el sistema se torna algo abstracto. ¿Quiénes son las personas que construyen esos mandatos estéticos, esa presión por tener el cuerpo imposible? ¿Quiénes arman el discurso que promueve tener el cuerpo imposible?

LC: -Es que eso es lo difícil. Realmente es un gran sistema. Por ejemplo, la industria de la moda o la industria de la belleza ganan millones y millones. O sea, pienso en esto, en la ropa, en los talles. Y yo soy una persona que no tiene ningún problema real de sobrepeso. Soy alta y soy grandota nomás, pero me cuesta conseguir talles de jean en una marca. Y yo pienso, si yo a veces me siento como el culo, ¿cómo se siente una piba que tiene veinte kilos más que yo? No puede comprar ropa. Tiene que ir directamente a comprar en un lugar de marca de talles especiales, como horriblemente se le dice, y vestirse como una vieja de sesenta. Y vos realmente te pones a pensar: si un jean de marca sale dos lucas, ¿me vas a decir que hacerlo en talles más grandes no se puede porque una cuestión de plata? No, no es por la plata. Es porque no quieren que una gorda use su marca. Y atrás de esta manera de pensar, hay un montón de gente haciendo plata con cirugías estéticas y con tratamientos de belleza.
Por otro lado, los medios, desde Tinelli hasta los noticieros. Ves a las conductoras de algunos noticieros y ¡son modelos! A ver, no pasa nada con que sean modelos, pero claramente quedaron afuera un montón de pibas porque tal vez tenían los dientes más chuecos o las tetas más chicas.
Es una opresión donde todos son engranajes de la misma cosa, no se lo puede individualizar, la verdad. Creo que hay gente cómplice de eso, como la persona que conduce un programa de televisión, que lo único que hace es mostrar culos y celebrar los culos, como que el culo es lo más grande que hay y lo único que importa de una mujer es el culo. Y detrás hay algo muy grande, te diría que hasta de esclavitud, porque las mujeres realmente somos esclavas de todo esto. La dieta es algo esclavizante, por ejemplo. Cuando La Cope habla de esto, muchos saltan con que yo fomento la gordura. Yo no fomento la gordura, aguante estar sano. Yo hago deporte, como súper sano, me encanta la vida sana. Pero no me parece sano que te dé culpa ir a tomarte una cerveza o comerte una porción de pizza porque te va crecer un rollo. Un rollo es parte del cuerpo. ¡Ya está! Podés tener una pancita, podés tener un poco de celulitis, no pasa nada. Sin embargo, te dicen todo el tiempo que eso está mal.

LM: -¿De dónde nació lo del stand up?

LC: -De Rodri, nuestro productor. Y de Cris, que es con quien hacíamos Postre. A mí nunca se me había ocurrido hacer stand up. Me gusta, pero cuando veo a alguien que lo hace más o menos, me da tanta vergüenza ajena que siempre dije que nunca lo iba a hacer. Y con Cristian nos juntamos un par de veces porque él quería armar una dupla. Me animaba, me decía que escriba algo y yo le decía “No hay chances. No quiero, no quiero, no quiero”. Hasta que un día me quedó en la cabeza y empecé a pensar y escribí un montón de cosas de un saque y se lo mostré. Él me ayudó un poco a darle la estructura que tiene que tener un monólogo de stand up, que es medio complicada. Cuando me sentí un poco más cómoda con lo que había escrito, empecé a ir a bares y probarlo. En realidad ellos me mandaban, yo los quería matar porque me mandaban a lugarcitos donde el escenario era un pallet, una vergüenza horrible, había tres personas, pero así le fui perdiendo el miedo a algo que es rarísimo hacer. A mí hablar en público no me da vergüenza, pero acá es distinto porque si tirás un chiste y nadie se ríe empezás a pensar “me quiero ir de acá, no puedo creer lo vergonzoso que es esto”. Lleva un tiempo hasta darte cuenta, porque hay cosas que en tu cabeza causan un montón de gracia y después las decís y nada que ver.  Entonces, a medida que fueron pasando las prácticas, una vez que yo me sentí cómoda, arrancamos en el Velma y fue una experiencia rara pero muy buena. Perdí el miedo, aprendí un montón y creo que hubo una evolución.

IMG_5959_editedLM: -¿Cómo hacés para mixturar las diferentes actividades? Desde la Cope comunicás Wachas y Postre, y desde Wachas también comunicás las otras cosas.

LC: -Yo siempre había tenido programas de radio, así que cuando arranqué con la Cope y le empezó a ir bien, intenté ir relacionándolos. En ese momento hacía un programa más de música, de cine y de cosas que no tenían que ver con La Cope. Entonces era difícil comunicar cosas del programa desde la Cope porque la gente no se enganchaba. Pero se abrió un nuevo lugar en la radio y con mi mejor amiga, con quien hacíamos el otro programa, decidimos hacer algo que tuviera que ver con lo que nosotras teníamos ganas de comunicar, y además con lo que mi público se copara. Y bueno, desde Wachas generamos un montón de contenido, no sólo hacemos la radio, y así es más fácil compartir algo desde La Cope. Con Postre era más difícil porque es sólo avisar que vas a estar en un lugar, no hay mucho más que eso. Los canales de comunicación de La Cope también son una herramienta para difundir otras cosas que hago. A veces funciona mejor, a veces no tanto, pero me parece que está bueno, que eso son las redes sociales. Me gusta hacer varias cosas ahora que tengo más tiempo. Hoy puedo agarrar una misma idea y trabajarla en formatos distintos. Cuando tenía los laburos más fijos era complicado porque se me agotaba la cabeza. Hoy que le puedo dedicar un montón de horas al día a pensar cosas y a hacer cosas que a mí me gustan, trato de aprovecharlo porque es la primera vez que tengo tiempo para meterle a la página, escribir algo, hacer radio, hacer lo mejor de todo lo que uno hace.

LM: -¿Cuál es el mayor desafío que tenés en radio?

LC: -Que alguien algún día me pague por hacerlo. Hasta ahora es un hobby, porque nosotros pagamos el espacio y lo hacemos recontra a pulmón, porque nos gusta. Trabajar en medios es una cosa que a veces agobia un poco porque es muy difícil comenzar. Pero no pienso mucho en eso. Yo hago mi programa, lo disfruto y me gusta. Obviamente, si el día de mañana pudiese trabajar en una radio más grande, y no tener que bancar el propio espacio sino ir a laburar y que te paguen por eso, bueno, eso es un desafío y un objetivo, por supuesto.

LM: -¿Te preocupa que tu laburo como humorista gráfica te pueda encasillar y no te permita abrirte un lugar en la radio, o por el contrario, creés que te puede abrir un lugar?

LC: -No lo había pensado hasta ahora. No sé, estoy laburando bastante en hacer de la mejor manera todas las cosas que me gustan. Logré un lugar como ilustradora, ahora estudio locución, trato de hacer un programa de radio y lo escucha mucha gente. Entonces todas las fichas que le puedo poner a eso la verdad es que se las estoy poniendo. Si no se logra, bueno, yo me voy a quedar tranquila, sabiendo que hice todo lo que pude. También estoy muy cómoda con mi laburo y con lo que hago, no es que si nunca trabajo en radio me voy a matar, es algo que me encantaría que pase y creo que hago todo lo necesario para que pase, pero por ahora no me quita el sueño.

LM: -¿Cuál te gustaría que fuera el legado de la Cope dentro de cuarenta o cincuenta años?

LC: -Que haya conservado la identidad, vos ves a Mafalda hoy en día y ya sabés quién es Mafalda, podés haber leído dos cosas o todos los libros de Quino, pero sabés quién es Mafalda y lo que piensa. Eso quisiera, poder mantener la identidad de La Cope, que siga conservando sus valores y las cosas que me gusta transmitir a través de eso, que no se venda, pero no en el sentido de relacionarse con marcas, sino que no termine haciendo cualquier otra cosa sólo porque no supe qué hacer con el devenir del personaje.
Me gustaría que siempre conserve el aporte feminista, y verme en la necesidad de ir adaptándolo a los cambios porque las cosas fueron mejorando. Quisiera no tener que seguir peleando por las mismas cosas en cincuenta años, realmente espero que no haga falta. Eso me parece lo más importante.

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Las fotos son de Teresa Mir.
Aquí pueden conocer más sobre su trabajo.