decime la post verdad

Por José Heinz.


Como bonus track de la conversación que tuvieron Javier Pallero, José Heinz y Leandro Moscardó sobre la generación millennial y los desafíos que afronta internet en la actualidad, publicamos este adelanto de ¿Olvidaste tu contraseña?, el libro de José Heinz que se presentará en la ciudad de Córdoba en las próximas semanas.


Existe un engaño que se conoce desde 1938. No sabemos si lo inventó Orson Welles, pero sí fue el primero en llevarlo a un límite artístico, digamos, de ciencia ficción, cuando lo testeó en su primera implementación masiva. El engaño consiste en inventar algo y difundirlo a través de un medio para que la gente lo tome como algo cierto. En aquella precursora ocasión, Welles orquestó un radioteatro cuyo argumento consistía en la invasión de un grupo de marcianos, con una locución tan convincente –atenta a las entonaciones, los miedos, los gritos– que provocó olas de pánico en Nueva York y New Jersey. Ya se habrán dado cuenta que me refiero a su adaptación de La Guerra de los Mundos.

Años más tarde, con la llegada de nuevos medios de comunicación, el engaño encontró otras formas de volver a funcionar. Antes de internet, incluso. Mucho antes de esas noticias truchas que vemos desfilar en nuestro inicio de Facebook. Durante un buen tiempo el reinado fue televisivo, con informes falsos divulgados para que algunos cayeran en la trampa, una práctica que de vez en cuando vuelve a usarse. Ahora recuerdo un informe de CQC en el que le inventaron un romance con una famosa a Gonzalito, uno de sus noteros, para que los programas de chimentos mordieran el anzuelo. En Córdoba, el programa ADN de Tomás Méndez también lo hizo algunas veces, con la intención de dejar una moraleja expresada en segunda persona (“mirá, así te engañan”) que dice que, a fin de cuentas, no siempre lo que te muestra la tele, la radio o los diarios es cierto.

Desde hace un tiempo es suficiente con tener una conexión a internet medianamente decente para sembrar estas noticias ficticias, y eso nos obliga a estar más atentos. Ya todos sabemos que lo publicado en la web tiene el potencial de llegar a muchísimas personas. Así tengas veinte seguidores en Twitter, si publicaste algo de espíritu viral cabe la posibilidad de que llegue a miles de usuarios en cuestión de minutos. Para el periodismo es una situación de riesgo permanente, porque chequear fuentes lleva su tiempo y el tiempo se lleva mal con la primicia. Muertes de celebridades, declaraciones distorsionadas de funcionarios, romances entre famosos, atentados en el primer mundo: para el hambre voraz de los medios en la web, esa clase de noticias son un banquete, pero primero tienen que cruzar el peaje de la veracidad y recién después agarrar los cubiertos, mientras observan cómo otros medios con menos escrúpulos –y por detrás usuarios comunes y corrientes– les pasan por el lado y devoran con las manos todas esas delicias que generan tantos clics.

Con un poco de ingenio y un poco de cinismo, a esta altura cualquiera de nosotros puede inventar su propia Guerra de los Mundos. Creo que la primera vez que tomé real conciencia de esto fue en 2009, cuando se difundió la receta de una supuesta nueva jarra loca llamada “Grog XD”, un mix de bebidas que supuestamente tomaban los adolescentes a modo de previa, antes de salir a los boliches. Entre los ingredientes del cóctel había querosén, grasa para ejes, una cosa llamada “Scumm” y endulzantes artificiales. Aunque efectivamente existe una bebida a base de ron que se llama Grog, esa mezcla inverosímil de ingredientes era la receta de un trago de fantasía muy conocido entre los aficionados a los videojuegos, porque el Grog era lo que tomaba el pirata Guybrush Threepwood en el legendario Monkey Island, uno de los grandes títulos de aventuras de la década del 90. Se le agregó ese “XD” al final para volverlo todavía más ridículo, ya que se trata de un emoticon que expresa una carcajada.

C5N mi almaCualquiera con un poco de cultura gamer podía reconocer la broma, pero sus autores sospecharon que C5N, que en aquel momento venía en una cruzada contra las conductas salvajes de la juventud, se mostraría interesado en el asunto. La noticia era demasiado atractiva para dejarla pasar, porque ratificaba la postura del medio. Fue así como el noticiero del canal levantó el tema, alarmado por la toxicidad de la bebida, y disparó un previsible aluvión de opiniones sobre las conductas desviadas de los jóvenes. En el informe, mientras algunos panelistas elevaban el grito en el cielo, un escéptico doctor Cormillot se preguntaba qué sería eso llamado “Scumm” y no arriesgaba a dictaminar los efectos de la bebida, argumentando que probablemente fuera “un disparate”. Mientras tanto, en Taringa! (estamos hablando de 2009, no se olviden), los usuarios no dejaban de comentar lo absurdo y cómico de la situación.

Más allá del humor, casos como el del Grog plantean temas un poco inquietantes. En el 2010, cuando estuvo en Córdoba Matías Botbol, uno de los propietarios de Taringa!, le pregunté sobre el sitio como generador de agenda periodística, incluidas las noticias falsas. “Sabemos que Taringa! es una comunidad importante, que tiene fuerza, pero no nos detenemos en eso. Es una cualidad más del sitio, pero nuestro foco está en otro lado. No es algo que estemos pensando y nos haga sentir más poderosos”, dijo. Su respuesta es parecida a las palabras de Mark Zuckerberg cada vez que fue consultado sobre Facebook como medio de comunicación. Durante años, el CEO de la big F dijo que ellos no son un medio sino “una plataforma tecnológica”, y así lo sustuvo hasta que la realidad se encargó de responder por él.

En diciembre de 2016, en un Facebook live que transmitió junto a Sheryl Sandberg (la jefa de operaciones de la red social), Zuckerberg cambió de opinión: “Facebook es un nuevo tipo de plataforma. No es una empresa de tecnología tradicional. No es una compañía de medios tradicional. Ya saben, construimos tecnología y nos sentimos responsables de cómo se usa”, dijo en un momento. “No escribimos las noticias que la gente lee en la plataforma. Pero, al mismo tiempo, también sabemos que hacemos mucho más que distribuir noticias y que somos una parte importante del discurso público”.

No dijo en tono explícito que Facebook fuera un medio de comunicación, pero reconoció por primera vez que forman parte del ecosistema de los mass media, probablemente acorralado por una serie de hechos que involucraron a su compañía en el agitado 2016. Uno de los más resonantes tuvo que ver con una noticia falsa que se propagó días antes de las elecciones a presidente en los Estados Unidos, que decía que el Papa Francisco apoyaba abiertamente a Donald Trump. Esa noticia falaz habría influido a miles de ciudadanos para que se inclinaran por el candidato republicano.

Todo este tema encaja bien dentro del concepto de “post verdad”, que no casualmente fue elegida la palabra del 2016 por el Diccionario Oxford. Su definición (“denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”) ayuda a comprender el rumbo del mundo en los últimos tiempos. Aunque el concepto fue acuñado por el sociólogo estadounidense Ralph Keyes en su libro The Post-truth Era: Dishonesty and deception in contemporary life (St. Martin's Press, 2004), su implementación en la jerga política –y en la vida cotidiana– llegaría unos años después, como un comodín para explicar muchas de las conductas actuales fomentadas y amplificadas por las redes sociales. Por ejemplo, muchas de las discusiones que se crean en los comentarios de las noticias (sea en un sitio o en Facebook) tienen como propósito la agresión. El objetivo pasa por ratificar la propia ideología, desacreditar al contrario y defenderse de los ataques antes que fomentar el debate en su sentido más útil: proponer diferentes visiones de un mismo tema para enriquecer las miradas, tanto la propia como la ajena. El miedo a perder una discusión en público es demasiado grande como para reconocer que es uno el equivocado. Acá encontramos un ejemplo clarísimo de post verdad: el miedo le gana el terreno a la argumentación con datos de la realidad, por más contundente que sea.

Hay campañas políticas que fueron basadas casi exclusivamente en este principio, en las que se optó por mostrar el tipo de vida que llevaba el candidato antes que las medidas concretas que pensaba tomar si ganaba las elecciones. Allí entran a jugar promesas difusas, con slogans atractivos desde lo emocional pero imposibles de llevar a cabo por razones mucho más difíciles de explicar. Es la lógica de la publicidad aplicada a la política. Por más necesitado de cariño que uno esté, es difícil creer el verso de que una fragancia masculina lo va a convertir en un Don Juan, pero si multiplicamos los testimonios de gente que asegura que después de usar ese desodorante hubo muchas chicas hermosas que se sintieron atraídas, la percepción comienza a cambiar, incluso cuando en el fondo, muy en en el fondo, todavía sepamos que es absurdo, que un desodorante no puede cambiar algo mucho más complejo.

Si un candidato lo mira a los ojos y le dice exactamente lo que el votante necesita escuchar, es probable que la balanza se incline hacia lo emocional al momento de arrojar el voto en la urna. Algunos analistas afirman, y con razón, que la post verdad es otra forma de la mentira, pero también podríamos decir que es otra forma de la verdad, la verdad personalizada de estos tiempos: cada vez más personas eligen creer en su propia verdad, una verdad singular, más atada a los sentimientos propios que a una noción neutral y totalizadora de los hechos. El Grog XD llegó hasta donde llegó porque era algo perfecto para ratificar una idea de un canal de televisión (y sus televidentes) sobre las conductas de una franja etaria. Lo mismo con Trump y el falso apoyo de Francisco. Este texto pudo haber sido escrito de la misma forma. ¿Y si al usar el ejemplo del Grog llegué al corazón nostálgico de algún lector y, por consiguiente, a una zona emocional? Si en lugar de Trump hubiera usado como ejemplo a un candidato de izquierda, una figura política cuyo discurso tuviera un alto grado de manipulación sentimental, también hubiera provocado algo diferente en algunos lectores, ¿no?

Bienvenidos a la era de la post verdad, amigos. Tengan cuidado al pisar.

 

TAPA 

* Los destacados son nuestros.