Los millennials, internet y el cambio de los paradigmas: Parte 3

Texto y fotos por Leandro Moscardó.


¿Una generación más egoísta o más comprometida socialmente?

JH: -Y me surge otra pregunta, porque creo que de lo que estuvimos hablando se desprende algo paradójico, ya que decimos que surgió una generación que tiene la posibilidad de conocer a muchas más personas, pero eso también le afecta la comunicación más directa, con las personas más cercanas. Y esta posibilidad de poder intercambiar, la tendencia de “Esto no me convence, entonces paso a otra cosa, a otro estímulo”. Recuerdo una frase de un libro del chileno Alberto Fuguet, que se refiere a la juventud de los ‘90 como una generación cada vez más conectada con el mundo y menos conectada consigo misma. Mi pregunta sería si esta generación es más egoísta o más social.

nunca encontrarán alegríaJP: -Rápidamente te diría que se percibe como más egocéntrica. Pero creo que se trata de una especie de egoísmo sano, quizás temporal, porque justamente se trata de una generación que mira hacia adentro tratando de buscar alguna respuesta en este entorno que cambia tanto. Si el entorno cambiara menos, las espiritualidades, o las tranquilidades espirituales pasarían por otro lado. Hubo una generación a la que la heteronormatividad de la iglesia católica le indicaba que si hacía diez cosas estaba todo bien. El protestantismo es aún más sencillo, tenés que creer y listo, vas derecho. Te daba una cierta calma. Sin embargo, tampoco creo que nuestros padres y abuelos la hayan tenido tan clara o hayan estado tan centrados. ¿Qué nos indica eso? ¿Su pasividad? ¿Qué nos hace pensar que los millennials no se conocen a sí mismos en esta vorágine? ¿Por qué pensaríamos que no, porque los vemos cambiar de moda o de tecnología?

LM: -Otra vez me parece que depende de los conceptos con los que se aborde el fenómeno. Creo que pensar si los millennials estamos haciendo las cosas bien o mal, depende de qué será lo que consideremos bien y qué será lo que consideremos mal.  Por eso el discurso de la generación anterior condena a la generación millennial. Porque desde la óptica del abuelo y del padre no se puede concebir que el hijo o el nieto esté en la mesa familiar usando su celular. Pero yo creo que se deberían empezar a preguntar, ¿cuán poco estimulante es la conversación que le proponen a su hijo o a su nieto, para que el chico no suelte el celular? En este sentido yo creo que hay que ganarse a la audiencia. Quizás tenga que ver a que los estímulos a los que estamos siendo expuestos son todos muy inmediatos y ninguno dura mucho. Y eso nos entrena únicamente para conversaciones cortas, entonces comenzamos a perder la paciencia de escuchar al otro. Pero el hecho es que si algo no nos interesa, nos vamos de ahí: del trabajo, de la pareja o de la conversación familiar. Si estoy conversando con un amigo y él agarra el celular, por ahí me pregunto si no me puse demasiado largo o si no estoy diciendo una estupidez.

JH: -Sí, pero esto último que decís me parece peligroso, porque es imposible pretender ser genial o interesante todo el tiempo. Es la lógica de lo que se muestra en las redes sociales. Creo que una de las grandes definiciones de la amistad, que define a un amigo, es que “es alguien que te va a hacer el aguante cuando el resto del mundo se te caiga a pedazos”, y creo que la familia también es eso, ¿no? Por más que seas un desastre van a estar con vos, y si no les resultás interesante igualmente van a estar con vos. Distinto es el caso de una relación con alguien que conocés a través de las redes sociales o con quien tenés una relación basada en un interés muy puntual. Creo que nuestro entorno más cercano tiene que estár más allá de la atracción o de generar interés.

LM: -Pero creo que los padres deberían ser más vivos, más estratégicos, y proponer una conversación que también estimule al hijo. Todo esto, más que alejarnos, nos puede dar la posibilidad de acercarnos. Esto le da la oportunidad a la madre o al padre de darse cuenta cuándo están siendo poco interesantes para su hijo.
Otra cosa muy distinta, y en la que estoy de acuerdo con vos, es que si un amigo te está contando sobre un problema que tiene, lo tenés que escuchar, más vale, si no ¿quién lo va a escuchar? Y fijate que ahí también entra la relación entre la tecnología y el trabajo, donde el teléfono se transformó en una herramienta más, entonces vos estás hablando con otra persona y te dice “Pará, que me llegó un mail del laburo” y vos decís “¡Pero la puta madre! El mail del laburo respondelo mañana, son las once de la noche, que el fanático que te escribió a esta hora espere hasta mañana”.

IMG_6401_editedJP: -Acá se da esta cosa de estar tironeando de la cuerda entre la atención y la relación. La atención es esto de lo que vos hablás, y la relación es sobre lo que habla José. Creo que nuestro aprendizaje se está dando en la tensión entre estas dos cosas, el hecho de conquistar la atención de la persona con la que se habla, pero en el marco del vínculo que supone la relación que tenés con ella. Estamos aprendiendo eso, igual que estamos aprendiendo la diferencia entre compartir en redes sociales un meme y compartir algo que tiene un contenido que te puede ayudar a pensar. O en relación a la acción política, donde estamos viendo la diferencia entre compartir algo o decir que vas a asistir a una marcha, y la acción concreta. Bueno, supongo que estamos aprendiendo a equilibrar estas cosas para poder construir una vida que nos estimule pero que a la vez no nos aleje.

LM: -Si tuviese que elegir la sociedad en la que crecieron nuestros padres o nuestros abuelos, y esta sociedad, donde parece que hay estos “problemas”, me quedo con ésta. ¿Prefiero aquella sociedad donde la heteronormatividad era la regla de piedra, donde se discriminaba fuertemente a un homosexual y se lo echaba del laburo por ser homosexual, donde las mujeres tenían restringidísimos los derechos en relación a los hombres, pero era una sociedad donde los roles eran más claros y todo era más fácil de entender? No. Elijo este lío, porque en este lío estamos aceptando más la diferencia. Creo que todos estos brotes fascistas que hay ahora son reacciones a un movimiento que es imparable. Un beneficio que trajo la globalización es el acercarnos la diferencia, y lo que veo hoy es que el movimiento por la igualdad de género, por ejemplo, y la discusión que está generando, era algo impensado hace diez años. Creo que el modo en que los hombres nos relacionamos con los otros géneros (no solamente el tradicional género mujer, sino con todas las otras opciones de orientación sexual) es una manera más sana ahora que hace diez años. Y me parece que internet tiene mucho que ver con eso.
El discurso de Sinek cae muy bien en la gente más grande y entre los conservadores. Mis contactos de Facebook que lo compartieron, la mayoría son personas conservadoras. Hay mucha gente que no quiere que cambie el mundo, simplemente quieren entenderlo. Lo que les molesta es un mundo que ya dejaron de entender. Y esa forma de pensar se está muriendo, porque es la forma de pensar de mucha -no toda, claro- gente anciana, y de cada vez menos gente joven (son cada vez menos simplemente porque somos cada vez más los que marchamos en las calles a favor de la igualdad de género).

JH: -Estoy de acuerdo con vos, muchos quieren entender el mundo, no quieren que cambie. Y el mundo va a cambiar, inexorablemente. Pero estos brotes fascistas que decís, en muchos casos son fogoneados por gente joven. Entonces es inocente creer que ese pensamiento va a desaparecer con el fin de la generación de nuestros abuelos o de nuestros padres. Todavía hay mucha gente joven que tiene un pensamiento conservador. Hay grupos homofóbicos formados por jóvenes. A mí lo que me duele de estos movimientos es la poca capacidad de empatizar con las mujeres. Muchos dicen “Está bien que se manifiesten, pero son muy extremistas”. Hay que entender que la mujer que pinta un patrullero no lo hace de bardera, lo hace porque el machismo ha llevado a un estado de situación que provoca esa reacción. Hay que ponerse en el lugar de quien realiza esa acción. Y de nuestra parte, tenemos que intentar entender qué es lo que hace que ese acto genere tanto rechazo en los conservadores, qué es lo que llevó a alguien a odiar una marcha o un paro de mujeres.

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LM: -De acuerdo, pero mirá, no es que la vejez sea el conservadurismo y la juventud sea el cambio o la tolerancia. A mí me gusta pensar que uno es el discurso joven y otro es el discurso viejo. El discurso joven lo tenemos los jóvenes y también lo tienen algunos viejos, y el discurso viejo lo tienen los viejos y también esté presente en los jóvenes. Y si bien el movimiento que enarbola el discurso joven (que por supuesto es el discurso de la tolerancia) es un movimiento que avanza lento, creo que es imparable y que cada vez serán menos los jóvenes que estarán en contra del avance de la humanidad, y serán cada vez más los jóvenes que van a luchar porque el mundo sea un lugar más inclusivo. Además, y sobre todo porque el discurso de avance, que rompe con la vieja cultura, ofrece mejores argumentos. De hecho, generalmente es el único discurso que ofrece argumentos. Por el contrario, el discurso reaccionario se resume en “Estas putas, estos putos, estos vagos que no quieren trabajar se van a cagar de hambre, y hay que matarlos a todos”. Sin embargo, creo que las redes sociales son un espacio donde los discursos de mejor argumentación van a tener mejores chances. Me resulta difícil pensar el crecimiento del discurso de la igualdad de género por fuera de internet. La difusión y la organización logística del paro de mujeres del 8 de marzo hubiera sido más difícil por fuera de internet. Internet fue el ámbito donde se difundió y donde se organizó. Porque, y vos José que sos periodista desde hace tiempo lo sabés bien, lo que pasa ahora con las redes sociales es que cada persona común y corriente tiene “un micrófono” para hacer una declaración.

JP: -O como decía Umberto Eco, ahora el idiota del pueblo tiene un púlpito desde el que se puede parar a hablar. Quizás antes a algunas personas no le daban pelota y ahora desde su perfil de Facebook puede conseguir seguidores que avalen su discurso.

LM: -Exacto, pero fijate vos que hoy hay una marcha en la calle, y alguien en Facebook se queja de que “culpa de la marcha” llega tarde a su trabajo, y que por qué la gente no manifiesta en un parque. ¿Ofrece argumentos de fondo? No. Por otro lado, muchas personas sí ofrecen argumentos en esa discusión, diciendo “Mirá, fijate que estás yendo a un trabajo en el que trabajás ocho horas, porque hubo un montón de ‘negros’ -como vos les decís- hace cincuenta años, cortando calles e incendiando neumáticos”. Esta misma argumentación la leí varias veces en Facebook. Entonces, digo, lo que tienen de bueno las redes sociales, es que democratizaron e hicieron más justa la competencia de los argumentos. Antes había pocos medios y pocos periodistas que te decían cómo era el mundo, lo que estaban bien y lo que estaba mal. Y ahora, lo que está bien o lo que está mal lo estamos discutiendo en las redes. Para unos estarán equivocados los otros, quizás los otros piensen que los primeros están equivocados, pero lo bueno es que nos estamos influyendo entre todos.

 

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