Los millennials, internet y el cambio de los paradigmas: Parte 2

Texto y fotos por Leandro Moscardó.


Internet y la posibilidad de una nueva conversación

JP: -En mi laburo lo veo mucho. En las campañas online para defender cuestiones como la libertad de expresión en internet o la privacidad (esta cuestión de que los gobiernos nos espían o que las empresas nos trackean para ver nuestras costumbres), vemos mucho de este espíritu rebelde revitalizado. Por eso fijate que cuando pasa una cosa que es de interés público o que genera indignación, todo el mundo reacciona en internet. Es interesante esta cosa de la reacción. La reacción es inmediata, todos compartimos, mandás algo por whatsapp y quizás ni siquiera estás seguro de si es cierto, pero lo primero que hacés es compartirlo. Esta cosa viral, como dice Dawkins en la teoría de los memes: los memes comparten con los virus el hecho de tener como único objetivo reproducirse y pasar al siguiente huésped. Esto de la idea que sí o sí tiene que ser compartida, y después vemos si estaba bien o estaba mal. A lo que voy es que hay mucha reacción, y está bueno. Creo que es el germen del espíritu rebelde, aunque tal vez haya poca acción, decir “Vamos a accionar, vamos a planificar una conducta que tenga más o menos una continuidad y que apunte a un cambio social”. No digo algo relacionado a votar a tal o cual partido político, pero sí en pos de que cambie algo en tu barrio. Este desfasaje entre lo que se declama y lo que se hace puede verse en la diferencia que hay entre la cantidad de gente que pone en Facebook que va a ir a las marchas, y los que aparecen efectivamente en la marcha, que casi siempre son menos.

IMG_6425_edited
José Heinz
JH: -Eso que decís me parece muy importante, porque esta militancia en redes, que considero muy útil, está en una fase demasiado pasional y demasiado relacionada con la ratificación de un pensamiento, y creo que la clave ahí es, por un lado, llevarlo a la acción, y -poniéndolo en términos de una guerra- tratar de convencer al enemigo, porque estamos despreciando demasiado al que piensa distinto. Por supuesto que es muy difícil empatizar con alguien que es nuestro adversario político, porque responde a intereses que son radicalmente distintos a los nuestros, pero la agresión y el insulto son las tácticas menos inteligentes, porque así nunca vas a poder llevar a nadie a una zona donde se puedan debatir ideas concretas, que vayan más allá de lo sentimental.

LM: -Un aporte más a lo que decía Javi. Creo que el bombardeo de información al que nos somete internet puede ser algo bueno o malo, según cómo se lo mire. Lo bueno es que ya todos sabemos sobre las pésimas condiciones en que vive la inmensa mayoría de la población mundial, ya todos sabemos el nivel de desigualdad que hay entre las personas. Y me parece que ahí es donde le podemos encontrar la punta al ovillo a la búsqueda del propósito. Si el objetivo que uno debe buscar es, como vos decías Javi, cambiar algo en el barrio, en la facultad, en el trabajo o en la ciudad donde vivís -dependiendo del alcance que tenga la propia acción-, uno va a querer que ese objetivo encuentre un resultado. Me parece que con respecto a la generación de nuestros padres, el propósito que tiene la generación actual está más cerca de lo social. Son metas menos individuales, y celebro que la familia, como dispositivo de organización social, esté caducando. Porque la familia es un dispositivo donde sus miembros miran hacia adentro. Esto de “Yo tengo que cuidar a mi familia”. Es extraño que un padre o una madre de familia resignen dinero por un trabajo que les guste más.
Por otro lado, sobre lo que decía José, es verdad que la discusión en redes sociales es violenta, pero hace veinte años ¿con quiénes discutía una persona? ¿con quiénes hablába? Hablaba con su grupo de amigos, con su familia, con sus compañeros de trabajo, y ahí se quedaba el espectro de personas con las que alguien podía hablar. Celebro entonces que ahora, en internet, uno pueda leer un montón de opiniones distintas a la de uno. Otra cosa es la manera en la que uno responda a la opinión contraria o distinta, por eso es importante el aprendizaje que tenemos que hacer para poder conversar a un nivel social tan amplio. Creo que estamos en ese camino, de aprender a hacerlo. Hay algo que se está diciendo ahora, y es que los algoritmos de las redes sociales nos tapan todo lo que no es como uno. En el inicio de Facebook sólo tenés gente que opina como vos, y si no, los podés eliminar o dejar de seguir. En Twitter solamente seguís gente que opina como vos, y Spotify te sugiere únicamente música parecida a la que a vos te gusta. Ok, sí, pero la verdad es que en la vida “real” pasa lo mismo. No es que en la vida real uno elige su grupo de amigos entre la gente que piensa distinto. Uno no va por la calle intentando conversar con gente que piensa distinto. No, en la vida cotidiana uno generalmente habla con gente que piensa igual que uno, y tus amigos son parecidos a vos. Entonces me parece poco inteligente atacar a las redes porque te juntan con gente parecida a uno, ya que en la vida pasa eso mismo. De hecho, sí creo que, en comparación con la dinámica de la vida “analógica”, las redes sociales tienen un potencial mayor de acercarnos a personas que piensen distinto y que puedan enriquecer la opinión o la visión de uno sobre las cosas.

JH: -Estoy de acuerdo con vos, que en la vida “real” también solemos reunirnos con gente de nuestra misma condición. Creo que el ejemplo paradigmático son los countries o barrios cerrados, que por algo se les llama burbujas, porque son lugares en los que no se permite el ingreso de personas de diferente condición que los residentes, salvo, claro, que ellos lo permitan. Ahora, mi pregunta es: si las redes sociales tienen ese potencial de acercarte a gente con ideologías diferentes, ¿por qué no lo aprovechamos? Yo creo que el video de Simon Sinek se compartió mucho, no porque a las personas que lo compartieron les haya resultado particularmente revelador. Creo que el video simplemente ratificaba la postura que ellos ya tenían. Es decir, un tipo con una oratoria brillante estaba diciendo cosas que esas personas querían escuchar. De la misma manera que la gente escucha a un candidato en campaña electoral, que dice las cosas que su público quiere escuchar. Eso es la posverdad, este concepto que tanto se discutió el último año. Entonces, digo, teniendo esta herramienta tan fascinante que es internet, ¿por qué no estamos escuchando otra cosa?

JP: -En mi trabajo, cuando laburamos sobre libertad de expresión en internet, vemos claramente la problemática de la violencia de los discursos y las opiniones en la red. Muchos países están avanzando en legislaciones al respecto. De hecho, Argentina tiene propuestas de ley en el congreso para crear un Defensor de las redes sociales, que sería una persona dedicada a curar las redes, y a actuar por denuncia y oficio, para eliminar cosas que ofendan la moral pública, o que sean asquerosas, o que “¿alguien quiere por favor pensar en los niños?”. Entonces pasa esto, que internet se está pareciendo mucho a la vida real, y ése es el problema. El problema no es que internet sea otro mundo que no está regulado, o que es muy distinto. Sin embargo, lo bueno es que el contenido se viraliza. Y cuando algo se viraliza, no se viraliza necesariamente porque nosotros lo compartimos ideológicamente. Muchas veces uno no comparte algo necesariamente porque le parezca interesante o piense igual, sino que a veces uno comparte indignado, diciendo “Mirá la tontería que dice este tipo”, y lo comparte. Así puede llegar a mi círculo social un contenido totalmente ajeno a la opinión generalizada de quienes componemos el círculo. Por ejemplo, un discurso de un político puede ser compartido por personas que lo avalan y por personas que lo exponen para expresarse en contra. Más allá de lo que opinen quienes lo comparten, el discurso llega a grupos distintos, sostenido por posturas ideológicas diferentes. Pero el contenido es uno solo. Ahí está la clave del nuevo populismo verbal, y lo que pasó tanto con Trump. Lo hablaba con mis compañeros de trabajo en Estados Unidos, que todo el tiempo compartían contenidos que hablaban de lo misógino y poco preparado que es Trump, en sus cuentas de Facebook y Twitter. Un día les pregunté si ellos se daban cuenta de que ellos mismos estaban generando discurso público sobre Trump. Porque así es como los contenidos van excediendo la burbuja de los algoritmos.
Por otro lado, internet es una tecnología muy joven. Más allá de haber sido inventada en el ‘69, la internet comercial que usamos nosotros se abrió en los ‘90. Es una tecnología muy nueva. En Facebook están analizando crear un algoritmo que chequee las noticias para ver si son falsas, y otro para acercarte contenido distinto a lo que vos pensás. Creo que internet, si se separa y se distingue un poco de la dinámica de la vida real, va a ser algo muy interesante, siempre y cuando no haya pocas empresas o algunos gobiernos poderosos que la controlen.

publicidad sexista
La cosificación de la mujer sigue siendo una adicción para los publicistas.
LM: -Pensando las categorías, más que vida real e internet, creo que está internet y la vida analógica. Las dos cosas son parte de la vida real. En mi caso, internet es tan real que en la última campaña presidencial en nuestro país, mi voto terminó definiéndose gracias a la discusión social en el marco de Facebook. Leyendo los argumentos de una y otra postura, fue como pude terminar de formar mi juicio. Ese momento fue para mí cuando internet cobró más realidad que nunca. Finalmente emití mi voto como consecuencia de un debate que no fue en la mesa de un asado ni en un bar, sino en internet.
Y sobre lo que vos decís Javi, acerca de lo joven que es esta tecnología, creo que más que hablar sobre lo joven que es internet, tenemos que hablar sobre lo joven que es el fenómenos social que desató esta tecnología. Y una vez más: todavía es pronto, aún estamos aprendiendo. Si Facebook está analizando torcer los algoritmos para poder mostrarte cosas distintas, es porque los usuarios se están dando cuenta de que solamente ven a gente como ellos. Con algunos amigos hablábamos sobre esto y nos dábamos cuenta de que nuestros posteos más políticos tendían a llegar sobre todo a personas ya convencidas. Tiene que ver con lo que decías vos, José, recién, somos poco convincentes con el que piensa distinto. Y bueno, en este aprendizaje en que estamos, me parece que es una oportunidad muy rica la que nos da internet. Creo que la sociedad necesita tiempo todavía para absorber el fenómeno. ¿Por qué el amigo de Javi decía que cuando conoce a una chica se pierde de conocer a otras? Seguramente eso a nuestros padres no les pasaba. Nuestros padres y madres, ¿a cuántas posibles parejas podían conocer hace cuarenta años? ¿Cincuenta, cien? Nosotros conocemos a miles posibles parejas. Miles, miles y miles. Y cada persona está al alcance de un click. Y si a esto lo combinamos con la cultura del patriarcado en que fuimos criados, bueno, la cosa se pone espesa. Porque si desde muy chicos a nosotros los hombres nos vendieron que ser exitosos era estar con muchas mujeres, hoy que la tecnología nos da la posibilidad de estar con tantas, ¿por qué no vamos a hacerlo? Si nos educaron para eso, si nos dijeron que teníamos que hacerlo. La publicidad del consumismo fue lo que nos inoculó esa idea. Aún hoy muchas publicidades muestran a las mujeres como objetos inanimados que responden al estímulo -muchas veces material- del hombre. Por ahí nosotros estamos grandes y ya no nos comemos ese buzón, pero a los quince años yo me tragaba entero el verso de la publicidad, que es el mismo verso que nos siguen vendiendo. Entonces cuando escucho a muchos viejos hoy -y también a muchos jóvenes que deciden ser viejos- decir que está mal que todo el mundo coja con todo el mundo, pienso “Pero si la cultura patriarcal nos educó para eso. Ahora que lo podemos hacer, nos dicen que está mal”. Me parece absurdo. Creo que es un ejemplo más de cuánto ha fracasado la cultura de la generación de nuestros padres, la cultura del trabajo, del esfuerzo, de la resignación.

IMG_6432_edited
Javier Pallero
JP: -Es la pesadilla de los sueños cumplidos, esa frase china que dice que hay que tener cuidado con lo que uno desea porque se puede cumplir. Lo pienso en relación a esto de tener a miles de personas al alcance de un click. Creo que no se les puede pedir mucho más a los millennials, dadas estas incertidumbres tecnológicas, sociales, culturales, económicas, familiares. ¿Qué más se le puede pedir a los millennials? ¿Que estén permanentemente enfocados y que tengan una filosofía que cierre perfectamente? Suficiente con que todavía tengamos algo de cordura y más o menos podamos pilotear esta tormenta en la que estamos aprendiendo. Creo que lo interesante, bueno o malo, se va a ver cuando nosotros seamos un poco más viejos y tengamos esta misma charla, ahí lo vamos a ver.

JH: -También hay que tener en cuenta que así como Facebook está probando poner en nuestros timelines noticias que quizás no correspondan con nuestras ideas, son sobre todo los jóvenes quienes están siendo conejillos de indias en estos experimentos. Entonces, no pueden ser gratuitos estos experimentos, afectan psíquicamente. Hay estudios científicos que ya están demostrando cómo te afecta la psiquis el hecho de ver solamente noticias tristes o catastróficas o solamente noticias buenas. E Instagram es un poco eso. Si uno sigue determinadas cuentas, pareciera tratarse de un mundo editado, de un mundo fantástico, que eso Sinek lo dice y me parece que ahí acierta.

JP: -Y ese mundo “perfecto” contrasta con el noticiero de la tarde, donde todo el mundo es un caos.