Los millennials, internet y el cambio de los paradigmas: Parte 1

Texto y fotos por Leandro Moscardó.


En el verano pasado se viralizó un video en el que Simon Sinek, un referente estadounidense del mundo emprendedor y del cambio de paradigma en la concepción del liderazgo, realiza algunas consideraciones sobre la generación millennial. El video se compartió en las redes sociales, sobre todo en Facebook, y fue utilizado en gran parte como dispositivo de confirmación de un discurso conservador. Si bien el planteo de Sinek no ataca directamente a los millennials, sí funcionó como argumento de un discurso que plantea que los jóvenes de hoy no se esfuerzan lo suficiente ni se comprometen en el trabajo o en las relaciones afectivas, es decir, que -como suelen decir nuestros abuelos- no asientan cabeza. Aquí el video:

Junto a Javier Pallero, miembro de Access Now, una organización no gubernamental que lucha por los derechos de los usuarios de internet, y José Heinz, periodista de los suplementos Número Cero y Vos del periódico La voz del interior, y autor de los libros La vida de Spencer Elden y ¿Olvidaste tu contraseña? -pronto a salir-, estuvimos conversando durante casi dos horas sobre el planteo de Sinek, a ver si podíamos comprender un poco más el fenómeno que supone la generación millennial y las oportunidades y amenazas a la libertad en internet.

La conversación completa está dividida en cuatro partes. Al final de cada capítulo se encuentra el enlace para leer el siguiente.


Simon Sinek y el millennial histérico

José Heinz: -Javier, ¿viste el video?

Javier Pallero: -Al principio me llamó la atención porque es un discurso que resuena mucho en los que andamos pasando los treinta años de edad, que un poquito nos reconocemos en la generación Millennial y un poquito no. El planteo resonó en mí porque vengo de un pueblo, de una forma de sociedad más tradicional, un poco más resistente a los cambios. Entonces uno, con este background, cuando escucha algo nuevo, vuelve un poquito al lugar familiar y piensa que Simon Sinek tiene algo de razón, que esta generación no entiende nada. De hecho, yo fui uno de los que lo compartió, y dije “miren qué bueno esto”. Pero al poco tiempo, luego de analizarlo más comencé a contradecirlo y a contradecirme en mi opinión, pensando si algunas cosas son tan así como las dice Sinek, preguntándome si son los millennials quienes trajeron estas pautas nuevas, o son cambios socioeconómicos globales que generan que la gente se tenga que adaptar y crear una nueva manera de vivir, de relacionarse o de trabajar.

JH: -Yo también coincido con el planteo del video en algunas cuestiones muy puntuales y en otras no. Y creo que tiene que ver con que Sinek es una especie de encantador de serpientes, por su oralidad. Es evidente que tiene una capacidad de discurso muy interesante. Fijate que elabora una respuesta de quince minutos seguidos, casi sin interrupciones por parte del conductor del programa. Es un discurso muy bien armado de antemano, de hecho hasta parece que estuviera leyendo. Sin embargo, quien hace una crítica de una generación cae en el riesgo de las generalizaciones. Y es peligroso, porque muchas personas de nuestra misma edad -con los mismos recursos, crecidos en un ambiente similar- pueden tener concepciones muy distintas de, por ejemplo, la cultura del trabajo.

JP: -O del uso de la tecnología. De hecho, está bueno pensar desde dónde vienen los conceptos. El concepto de nativo digital versus el concepto de inmigrante digital. O el concepto de millennial. Y el lugar desde dónde nos paramos para hacer la crítica. También pienso en los que están en los cincuenta años, o en los que se quedaron fuera de esta discusión teórica, como la mitad de la población humana que no tiene acceso a internet, o el enorme porcentaje de la humanidad que tampoco accede a un smartphone o a otro tipo de tecnologías que expanden la capacidad de aprendizaje, de poder trabajar, o que cambian la manera de relacionarse. El análisis de Sinek viene de un lugar determinado. Hay grupos humanos que no han vivido estos fenómenos.

JH: -Tocás un tema interesante, porque cualquier tipo de análisis de una porción de la sociedad tiene que basarse en las posibilidades de cada persona de acceder a, por ejemplo, una formación. Y en ese sentido, mientras te escuchaba, pensaba que ningún pibe nace millennial. Digo, es necesaria cierta contención para poder serlo, más allá de que las consecuencias en algunos casos puedan ser negativas.
Hay algo de Sinek que me generó mucho ruido, y que mucha gente elogió, y es esta crítica de su parte diciendo que los millennials se sienten incómodos en sus trabajos en un plazo de tiempo muy corto, porque no logran ciertos objetivos, o porque no encuentran un propósito. Y dice que tiene que ver con que no se esfuerzan lo suficiente, por estar acostumbrados a tener todo de forma inmediata. Y me parece que ésa es una zona gris. Yo soy muy entusiasta de la cultura del trabajo, del esfuerzo, siempre y cuando eso te llene. Y por supuesto que no me refiero únicamente a los ingresos económicos. Sino que creo que uno tiene que esforzarse mucho y mejorar en su trabajo, siempre y cuando haya una recompensa por detrás, que sea algo más que escalar posiciones. Algo, si se quiere, más del orden de lo espiritual, o de la formación. De lo contrario, uno está obligado fatalmente a generar ingresos para poder sobrevivir.

JP: -Acá ya entramos en la relación de los millennials con la forma de trabajar. Coincido con vos, de hecho estás hablando de lo que conocemos como vocación, de hacer lo que nos apasiona, y que hace que queramos dar un esfuerzo extra. Pensemos en generaciones anteriores, en mi viejo o en tu viejo. Retrocedé muchos años atrás, sos chico, tenés cuatro o cinco años. En el barrio donde vos vivís, ¿cuánta gente del barrio trabaja de lo que le gusta o es apasionada por lo que hace? Yo creo que no van a ser muchos. Por lo general, los hijos continuaban en el mismo trabajo que su padre o en trabajos relacionados, o si alguien cercano tenía un trabajo muy bueno había que aprovechar y meterse ahí. Antes las personas podían trabajar en un lugar y jubilarse en ese mismo trabajo. Hoy en día eso ya no es tan común. No sé si antes la vocación se expresaba tanto a través del trabajo. Entonces me pregunto si es como dice Sinek, que ahora los millennials no tienen pasión por las cosas porque están acostumbrados a que les den todo. No es la regla vivir en una sociedad en la que todos nos dediquemos a lo que nos apasiona. Y esta generación está contestando a esa realidad. Lo que hace esta generación es darse cuenta de eso, que de hecho es una situación, en términos marxistas, superestructural. Ellos se dan cuenta de esto, y se quejan, se rebelan, dicen “No, ¿por qué tengo que estar haciendo todo el tiempo algo que no me gusta?”. El padre lo hacía y no se quejaba. En ese sentido yo haría al revés que Sinek y diría “¡Bien Millennials! Los felicito, les doy la mano porque ustedes se están quejando en vez de pudrirse y jubilarse sellando papeles”.

voy a renunciarJH: -Esto me hace acordar a una frase que creo que se la atribuyen a Žižek, que dice “Uno no odia a los lunes, odia al capitalismo”. En el sentido de que odiás lo que tenés que hacer. También hay otra frase muy famosa que dice “Trabajá de algo que te guste y no vas a volver a trabajar ningún otro día de tu vida”. Más allá de esa especie de optimismo exacerbado, me gusta que, tal vez inconscientemente, esta generación más joven pone en jaque el viejo modo de encarar el trabajo. De la misma manera que en la década del ‘60 el hippismo, de forma un poco más extrema, planteaba que se se podía vivir por fuera del sistema. Es interesante pensar que se puede vivir por fuera de lo que nos dicta el sistema, que, además, es algo mucho más concreto que una abstracción, porque si uno se deja llevar, el sistema se lo lleva puesto. Y creo que diste un muy buen ejemplo, porque hubo gente que no tuvo la oportunidad de dedicarse a su verdadera vocación, al menos profesionalmente, sino que simplemente dejó esa vocación como un hobbie y nunca se planteó esa renuncia. A mí me resulta muy atractiva la idea de que hoy se lo cuestione mucha gente, porque Sinek presenta a los millennials como unos caprichosos, y no creo que en todos los casos sea así, sino que hasta te diría que son revolucionarios.

Leandro Moscardó: -Es verdad que Sinek les cae a los millennials diciendo que no se esfuerzan, que si no ven resultados rápidos en sus trabajos, abandonan. Pero hay algunas cosas que él no tiene en cuenta cuando hace el análisis. Y una es el modo en que la industria cultural va formando modelos que después casi todos tendemos a seguir. ¿Cuál es el paradigma de éxito que nos propone -¿impone?- la industria cultural? Sinek no lo tiene en cuenta. Creo que la educación de todos nosotros -sobre todo la educación sentimental y la educación laboral- no nos fue dada en la escuela. Nos la dieron la televisión, el cine, los libros, las revistas, la música, internet, Youtube, Netflix, Spotify. Toda esta exaltación que hace la industria cultural del emprendedor, de la persona que tuvo una idea, es lo que construye el paradigma modelo. Todo el mundo está corriendo detrás de la idea, bajo eslóganes como el “fracasa rápido, fracasa mejor”. Las películas y los libros nos muestran a Mark Zuckerberg y a Steve Jobs, pero no nos muestran a la cantidad de personas que fracasaron. Uno ve al que apostó todo a una idea y le fue bien. La exaltación de estos personajes va a contramano de la resignación de quedarte toda la vida en un laburo que no te gusta, esto que decían ustedes de jubilarte en un trabajo que comenzaste a los quince o veinte años. Es poco inteligente pedirle a un millennial que se banque un trabajo que no le gusta, cuando toda la industria cultural está bombardeándolo con que él tiene que perseguir su sueño. Y por otra parte, esto también es absurdo porque no todo el mundo puede encontrar su sueño.

JP: -Claro, porque eso contradice las realidades socioeconómicas a nivel mundial, ya que únicamente los privilegiados son los que trabajan de lo que quieren, los que buscan su sueño. Está, por supuesto, la excepción que confirma la regla, la persona que vino desde abajo. Existe. Y lo interesante es que los millennials -en esto de ser soñadores, personas que se aburren rápido y que buscan hacer lo que quieren- pudieron capitalizar una situación económica de flexibilización laboral y de cambios en contextos de crisis. Recordemos que en el medio de la vida adolescente y en el principio de la vida laboral de esta generación, en Estados Unidos sucedieron los cracks inmobiliarios y el mercado de la bolsa de valores cayó dos veces en cinco o seis años. Son situaciones fácticas con la que vos tenés que lidiar. Y si sobre eso vos edificás una visión del mundo, mucho mejor.

IMG_6354_editedJH: -Y si pensamos en Argentina, la franja etaria que corresponde a los millennials está muy cerca de la crisis del 2001, cuando se rompe la burbuja en nuestro país. En esos años, los que pasamos los treinta estábamos recién ingresando en el mercado laboral. Por eso no resulta fácil comprenderlo para alguien veinte años mayor. De la misma manera que a alguien más joven que nosotros se le complica mucho generar una red de trabajo que le permita vivir tranquilo. Y no recuerdo dónde leí, creo que era en una crítica literaria de la novela Vernon Subutex, de la escritora francesa Virginie Despentes, que hablando de la crisis en Francia, decía que las anteriores generaciones trabajaban muy duro para, llegados a los cuarenta años y ya con su familia establecida, poder estar más tranquilos, y esta generación recién a los cuarenta se enfrenta con una gran incertidumbre porque ya uno es una persona adulta y le va a costar conseguir un nuevo trabajo a esa edad.

JP: -Esto nos lleva también al tema del síndrome de Peter Pan, y esto de la extensión de la adolescencia. Quizás todas estas incertidumbres hacen que a uno todavía le cueste, a nivel de desarrollo de la psiquis, encontrar ciertos baluartes: valores propios, objetivos, saber bien lo que uno quiere y lo que uno no quiere. Esta cosa de ser, como dice mi psicólogo, un propio padre y una propia madre, saber darse la regla en el sentido freudiano de padre, y saber quererse a uno mismo y aceptarse como hace, en términos freudianos también, una madre. Y esta incertidumbre, que se manifiesta en lo laboral, también se refleja en las relaciones. Capaz que nuestros viejos -que seguro habrán tenido sus buenas canas al aire- sí tenían más estabilidad. Ahora vemos tasas de divorcio mucho más altas de las que había hace treinta años, por ejemplo. Entonces, del mismo modo en que un laburo no tiene porqué durar para siempre, un matrimonio tampoco tiene por qué durar para siempre. Inclusive ahora lo medimos en términos de costo de oportunidad: tengo un amigo que cada vez que conoce a una chica, siente una angustia muy grande. Él es partidario de la monogamia, le gusta estar bien con una pareja. Y le pasa que cuando conoce a una chica, siente angustia porque en ese momento le cierra la puerta a la posibilidad de conocer a otras. Es esta cosa que sentimos, que el mundo está lleno de oportunidades y tenemos que agarrarlas a todas. Tiene un poco que ver con lo que decía Leandro recién sobre la imposición cultural, que cada uno de nosotros tiene que explotar todos los recursos que nos da la vida a full, todo el tiempo.

LM: -Yo creo que ahora hay más respeto por la vida. Creo que nuestra generación se valora más. El análisis que hacemos como generación concluye en que no vamos a perder la vida en un trabajo que no nos gusta, ni vamos a compartir la vida con alguien con quien no sintamos que tenemos que compartirla. Entonces me parece que se van dando nuevos paradigmas de relaciones, que quizás una relación puede triunfar aunque haya durado dos o tres años, porque puede ser que en esa relación aprendiste un montón de cosas y se ayudaron mutuamente, y después pueden continuar cada uno por su lado. Y eso no quiere decir que la relación haya fracasado. También depende del lugar desde donde se analiza el fenómeno. Si uno lo analiza desde el lugar de la generación de nuestros padres, esa relación fracasó porque para ellos la relación tenía que durar para siempre; o, volviendo a lo laboral, si ya tenés treinta años y tuviste cuatro o cinco trabajo, estás medio loco o sos un poco histérico. Me parece que la lupa desde la que nuestra generación mira el fenómeno (nuestro fenómeno) es que uno está buscando. Le damos mucho valor a la búsqueda. Y también pasa que hemos visto que esta propuesta de la cultura del trabajo y del esfuerzo de muchos años no tiene la recompensa que nos prometían, porque si miramos a los jubilados hacer cola en los bancos todos los meses, desde la primera hora de la mañana, cagándose de frío en invierno, cagándose de calor en verano, cobrando dos mangos, uno piensa “¿Para qué me voy a pasar toda la vida en un laburo que me hace los aportes jubilatorios si cuando esté jubilado también la voy a pasar como el culo?”. Creo que ahí hay una ruptura con el discurso anterior porque éste resultó vacío, y en consecuencia la gestación de una cultura diferente de relaciones afectivas y con respecto al trabajo, donde cada persona se valora más a sí misma.

JH: -No hay que olvidar que el concepto de adolescente es relativamente nuevo. Surge después de la Segunda Guerra Mundial. Antes no había adolescentes como los conocemos ahora, pasabas de la niñez a la adultez, de vestirte para ir al colegio a vestirte de traje para ir a trabajar. Y me parece que esto que llamamos el síndrome de Peter Pan, la prolongación de la adolescencia, no es algo negativo, sino una consecuencia natural de la cultura actual. Creo que ciertos entusiasmos de la juventud no deberían perderse nunca, y eso es lo que tal vez no todo el mundo está viendo. Y por eso, porque algunas personas no pueden ver la virtud en mantener ese entusiasmo, es que muchos aplauden tanto esta crítica sobre la generación millennial. Me parece que cierta chispa de rebeldía debería mantenerse siempre, no debería apagarse cuando te ponés un traje y te sientan en una oficina.