20 questions to the world: Cyril Bruyelle III

Por Leandro Moscardó.
Fotos por Guadalupe Creche.


—Dada la enorme desigualdad que hay en el mundo, ¿pensás que el capitalismo fracasó?

—Es una pregunta muy importante para mí. Prácticamente es lo que busco responderme con este viaje, por la magnitud de la desigualdad. La promesa a largo plazo del capitalismo es que al final todo el mundo va a estar bien, va a enriquecerse. Y claro que no es lo que pasa. Quizás podría ser que el proceso tome mucho tiempo y que debamos esperar, pero yo no veo que estemos en ese proceso. Al contrario, las estadísticas nos dicen que la desigualdad sigue creciendo. Eso es una realidad, no es un punto de vista. Las cifras nos lo dicen. Alguien puede preguntar “¿Pero conoces un sistema mejor?”. Ante eso mi respuesta es “Todavía no, pero tenemos en nuestras manos las pruebas de que el capitalismo no funciona bien”. Entonces, antes de quedarme en que aún no vemos un sistema mejor, creo que tenemos que buscar una forma distinta de organizarnos. No sé cómo puede ser esa forma.

Para serte sincero, hoy estoy un poco perdido, no llego a verlo con nitidez. Intento encontrar claridad entre todas las influencias, porque así como están las cosas, es muy difícil saber dónde está la verdad. Es difícil saber quién te está diciendo la verdad en los periódicos o en los libros. Si tú lees los argumentos a favor del capitalismo, piensas “Sí, es verdad lo que dicen”. Hay argumentos que son muy buenos. En la teoría, sabemos que es un sistema que permite el desarrollo de muchas cosas buenas. En esos momentos pienso que quizás es el ser humano lo que no funciona. No me gusta decir eso, que lo que falla es el ser humano. Pero creo que la posibilidad de obtener beneficios en un corto plazo es algo nefasto, porque el capitalismo debe ser un modelo de largo plazo. Si analizamos el sistema bancario, es una locura, afecta incluso al valor de la comida con algoritmos matemáticos que nadie puede entender. Es un abuso. Un capitalismo controlado podría ser una buena forma de organizarnos, pero el hecho de que unos disfrutan del sistema para enriquecerse sin límites es la prueba de que quizás sea el ser humano lo que hace que no funcione.

los_anormales_52_edited—Robin Food fue un intento de generar algo distinto dentro del capitalismo, ¿no?

—Fue un intento de ir en contra de un abuso del capitalismo. Parece inimaginable que se tire tanta comida. Yo sé que no se puede llevar toda la comida que se tira en Francia a las regiones más pobres del planeta, porque -entre otros motivos- termina siendo más caro el transporte de esa comida que la producción misma. Pero el hecho de que los supermercados tiren comida que todavía se puede comer, nada más que para tener la imagen de que en sus góndolas sólo hay productos frescos, es un abuso. ¿Y por qué? También es una falla del consumidor, que quiere ver productos lindos, en su punto exacto de maduración, que puedan aguantar semanas en sus casas en vez de unos días. Este modelo de consumismo es algo que va demasiado lejos.

Sin embargo, creo que es algo que está cambiando. Se ve un crecimiento del número de personas que comen productos de producción local y orgánica. En Francia crece la oferta de este tipo de productos. Creo que es algo bueno. Por supuesto que también hay críticas a esto, al uso por parte de las cadenas de supermercados del marketing de lo orgánico como algo masivo. Pero si todo el mundo come orgánico, eso mejorará las cadenas de producción de esos productos, y será mejor para el ambiente y para todo el mundo. No estoy de acuerdo con la crítica que se hace a que lo orgánico se está volviendo masivo. Si tú mañana creas una empresa de productos orgánicos en tu ciudad, y trabajas bien y abres tiendas en otras ciudades, seguro tendrás que industrializar ciertas partes de tu producción. Yo no critico eso, no critico a una empresa simplemente por el hecho de ser grande. Si tienes una gran empresa de productos orgánicos, podrás poner precios más bajos, por ejemplo. Sólo hay que hacerlo honestamente, que -una vez más- no siempre es el caso.

—¿Cómo nació la idea de 20 questions to the world? ¿Te inspiraste en otros proyectos?

—La verdad es que no. Hay un proyecto similar, una película llamada Human, de Yann Arthus-Bertrand. En la película, aparecen personas de todo el mundo que contestan preguntas, un cuestionario sobre temas como el amor o la guerra. Es un formato muy parecido. Pero mi proyecto no se inspiró en Human. Fue cuando me di cuenta de que no me gustaba mi trabajo en la música, que me puse a pensar y que recordé que el tiempo en que había sido más feliz fue cuando trabajaba en Robin Food, o sea en un proyecto emprendedor con un fin social. Entonces, me puse a pensar en armar un nuevo proyecto, mío. Y empecé a pensar en los ingredientes que formarían el proyecto. Yo quería entender más al mundo, quería viajar. Y no lo puedo entender leyendo libros y periódicos. Por eso necesitaba salir al mundo y verlo con mis ojos. También quería encontrar personas. Entonces, poniendo todo eso, mezclando un poco, salió 20 questions to the world, que al principio era un proyecto más pesado, porque las preguntas partían desde un punto más pesimista, menos objetivas, más orientadoras a una respuesta. Si yo pregunto “¿Qué piensas del medio ambiente?”, lo más probable es que obtenga una respuesta pesimista. Es difícil construir una pregunta que no oriente la respuesta o el debate. Entonces intenté construir preguntas que llamen a la imaginación, más que a la memoria, son preguntas que intentan que el entrevistado piense más allá de las cosas que ve en los medios de comunicación. Cuando le digo al entrevistado “Cierra los ojos, estamos en el año 2100, ¿qué puedes ver?”, que es una pregunta sobre el futuro, creo que es un interrogante que busca la imaginación. Sería diferente preguntarles “¿Cómo te ves en cincuenta años?” o “¿Cómo ves el futuro en cincuenta años?”, porque son preguntas que están muy influidas por lo que ves en los periódicos o en la televisión, llaman más a la memoria que a la imaginación. Creo que esto diferencia a mi proyecto de Human o de otros similares, la manera de encarar las preguntas.

Y el hecho de hacer videos responde a la necesidad de procesar y difundir la información que voy recolectando. De momentos son pequeños videos difundidos en las redes sociales, porque es la manera más simple, claro. El hecho de que tengan que ser videos tan cortos es algo que no me gusta tanto, pero es lo que funciona en las redes. No me gusta porque la gente dice cosas muy interesantes que no siempre entran en un minuto. Pero cuando subo un video de cuatro minutos a Facebook no funciona. Y eso es una frustración, porque no puedo exprimir todo lo que tengo. Por eso voy a armar un sitio web en donde sí voy a colgar videos más largos.

—¿Cómo conseguiste el dinero para realizar el viaje?

—La verdad es que los videos, al comienzo, eran simplemente el modo que había pensado para mostrar el trabajo y para conseguir financiamiento. Con los videos, fue muy fácil encontrar sponsors. Yo buscaba dinero para poder viajar un año, y en cuatro meses de búsqueda de auspiciantes, conseguí el dinero para viajar no uno, sino dos años. Entonces el dinero que quede, lo voy a usar para crear la empresa que resulte de todo esto. ¡Eso es perfecto! Por otra parte, el apoyo que recibió el proyecto por parte de las empresas, me llevó a pensar que el proyecto es algo bueno. Por lo general, a las personas les gusta lo que hago.

Al principio, yo estaba permanentemente pensando cómo sería el proyecto dentro cuatro o cinco años. Pero al darme cuenta de que el viaje va a influir en el proyecto, dejé de pensar en eso. Voy construyendo el futuro, tengo ideas de lo que quiero, pero estoy muy abierto a lo que puede surgir. Ahora, una posibilidad es hacer una plataforma web de información, con un buscador que permita navegar entre las entrevistas, por temas. lo estoy pensando porque yo pongo todas las entrevistas en una base de datos con información clave de cada una, como características del entrevistado, palabras clave de las respuestas. Entonces, cuando eso esté funcionando, si tú entras, puedes buscar respuestas de personas de todo el mundo que hablen de, por ejemplo, la honestidad. O si quieres saber lo que piensa una persona que vive, por ejemplo, en el campo sobre algún tema en particular, podrás filtrar la búsqueda con todos esos criterios, lugar donde vive, edad, educación, y el tema sobre el que estás buscando. Para eso, quizás el proyecto deba mandar todos los años a personas diferentes a viajar por el mundo haciendo las entrevistas, o contar con personas en cada país para que lo hagan en sus lugares. Son ideas, es algo que puede ser, es lo que tengo en mi cabeza ahora, pero es algo que puede cambiar.

los_anormales_18_edited—¿Cuál fue la estrategia para seducir a tus sponsors? ¿Cómo son los acuerdos con ellos?

—El primer sponsor que conseguí es una empresa fabricante de juguetes para niños. Es una empresa nueva, con una estrategia que está muy en lo digital, con una gran comunidad en redes sociales, y por eso necesitan contenidos. Entonces, junto a ellos, adaptamos el cuestionario para niños. Por ejemplo, en la pregunta “Si fueses el presidente de Estados Unidos, ¿cuál sería tu primer reforma?”. Yo no puedo preguntarle eso a un niño, entonces les pregunto “Si fueses presidente del mundo, ¿qué es lo primero que harías?”. Así armamos las veinte preguntas para niños. Y creo que al final es una idea genial, porque si no hubiese tenido que hacerlo por el acuerdo con esta empresa, debería haber tenido que hacerlo de todos modos, ya que las respuestas de los niños son buenísimas. Entonces esta empresa me paga por la producción de cuatro videos de uno o dos minutos con las respuestas de los niños, y lo comunicamos mediante las redes sociales de ambas partes. Y también difunden mi proyecto.

Otra empresa que me apoya es Nestle Waters. Yo no tengo problemas en difundir que ellos me apoyan, porque me gusta el acuerdo que logramos, que consta en incluir tres preguntas sobre el agua al final de mi cuestionario. Ellos me dijeron que mi proyecto les gustaba mucho, y que podía ayudarlos a elevar la imagen de su compañía. Me dijeron que la alianza con este proyecto sería más provechoso para ellos que una campaña de publicidad. A mí el agua me interesa mucho como tema, así que no dudé en poder trabajar junto a ellos. Cuando el tema me interesa, es más fácil. Por ejemplo, una empresa fabricante de remeras me propuso apoyarme y les dije que no, porque mis acuerdos de apoyo deben entrar en el marco de mi contenido, y a mí no me interesa hablar sobre ropa. Pero el agua es un tema importante. Me gustó que desde Nestlé no buscaron influir en lo más mínimo en mi trabajo. Me ofrecieron el apoyo y no se metieron en lo más mínimo en cómo yo hago el cuestionario. Entonces, más allá de que, como parte de la alianza, la empresa se va a beneficiar con el contenido, las preguntas son mías. Al principio ellos me dijeron que pensaban que seguramente yo no querría que el apoyo de Nestlé sea público, porque pensaban que yo no querría que ellos comuniquen nada sobre mi proyecto, pero les dije que por supuesto que sí. Yo no quiero esconder nada. Si decido recibir su apoyo, pues es porque yo creo en el acuerdo que firmé con ellos y no lo voy a ocultar. Si alguien decide dejar de seguir a mi proyecto porque recibe apoyo de Nestlé Waters, está en todo su derecho.

El tercer auspiciante es una empresa de cosmética, junto a quienes añadimos una pregunta sobre la belleza; yo les pregunto a las mujeres qué es la belleza para cada una. Entonces ellos difundieron un video el día internacional de la mujer, con las definiciones de muchas mujeres. Claro que es una campaña de marketing para vender productos, pero las respuestas que obtuve son tremendas, y me parece importante que sean escuchadas en el marco de una discusión sobre qué es la belleza.

—¿Los auspiciantes son la única fuente de ingresos?

—Al comienzo tuve que poner un poco de dinero yo, pero desde que se sumaron como socios auspiciantes estas empresas, ya no tuve que poner un euro de mi parte. Es suficiente con lo que aportan ellos.

—En los viajes que hiciste por Europa en el marco del proyecto, antes de salir a este gran viaje, ¿recordás algún momento que te haya dejado una huella?

—No. No hay un momento especial. Es la acumulación de pequeños momentos. Por ejemplo, en la primera reunión que tuve con una empresa para buscar apoyo económico para el proyecto, me recibió una persona que a mí me parece muy interesante, y yo sentí que el proyecto realmente llamaba su atención, que le interesaba mucho a esta persona. Al salir de la reunión, casi me largo a llorar. Son esos momentos cuando las personas entienden mi idea, en los que siento que el proyecto está generando algo en ellos. Esto me va pasando casi cada día, y es mi combustible.

—¿Cuál creés que es hoy el rol del periodismo?

—Creo que es un papel muy importante, pero hoy estoy un poco peleado con el periodismo. Hay una necesidad muy grande de llamar la atención. Hoy en Francia los periódicos más importantes escriben para llamar la atención, para vender, y eso claro que tiene un impacto sobre el contenido de la información. Por otro lado, la manera de consumir noticias de las personas hoy, en el contexto de las redes sociales, hace que ya no leemos las notas, los artículos, solamente leemos los títulos, y leemos títulos de noticias de todas partes del mundo. Entonces tenemos que estar bien atentos sobre lo que leemos, sobre el origen de ese título, porque hoy cualquiera puede hacer periodismo. Yo cada vez que leo un artículo, después busco saber más sobre el lugar de dónde viene, para identificar los intereses que lleva detrás.

los_anormales_14_edited—¿20 questions to the world es un proyecto periodístico?

—No sé. La verdad es que no me gusta poner ese tipo de categorías en lo que hago. 20 questions to the world es algo que me gusta mucho, y si la gente quiere referirse a él como un proyecto periodístico, todo bien, o si quieren llamarle un proyecto humanista, también todo bien, no es algo que ocupe mi cabeza. Lo que yo sé es que hago un proyecto que busca hacer un bien a los demás, que me gusta, que le gusta a otras personas, y estoy bien con eso.

—¿Cuál es el público al que se dirige 20 questions to the world?

—En principio, busco llegar al público que se interesa por este tipo de proyectos. Personas que están abiertas. No quiero estar calificando a las personas, pero supongo que en estos momentos el proyecto busca a llegar a personas optimistas. Es difícil definirlo, pero sí, creo que personas con esas características serán la base de la comunidad de mi proyecto. Y luego será esa comunidad lo que active el crecimiento posterior. Pero son círculos diferentes, el primer público, esta comunidad, son estas personas que están dispuestos a contenidos como estos, y con el crecimiento, el proyecto avanzará más allá de este primer círculo.

—¿Y cuál es el efecto que buscás que tenga el proyecto sobre este público? Cuando decís que querés entender el mundo, ¿por qué querés entenderlo?

—Yo quiero activar pensamiento, hacer pensar, y al mismo tiempo divertir. Crear contenido fresco, que no sea pesado, que no sea algo que busque hacer llorar a nadie. Hoy los contenidos que buscan llevar a la reflexión son bien pesados, del estilo de “Mira lo que le hacemos a nuestro planeta”, “Mira cómo dejamos morir a las personas”, más acusatorios. Como te decía antes, los medios están constantemente bombardeando con malas noticias, con contenidos negativos. Parece que fuera lo único que pasa. Parece que el mundo estuviera en su peor momento, y en algunos aspectos no es así. Nos hablan de la guerra todos los días, y nunca ha habido menos conflictos armados que hoy. Estamos en el momento en que menos conflictos armados hay, de toda la historia, pero los medios insisten en comunicar guerras. Entonces pensamos que todo va peor de lo que realmente va. En la pregunta “Cierra los ojos, estamos en el año 2100, ¿qué puedes ver?”, tengo un ochenta por ciento de respuestas pesimistas. Eso me preocupa mucho. Significa que la gente no confía en el futuro, y yo creo que es porque todo el tiempo estamos viendo esos contenidos que asustan. Yo busco ofrecer un contenido fresco, que haga sonreír y pensar, quiero que mi proyecto lleve a la reflexión, pero generando sensaciones positivas, por eso para mí son importantes los momentos divertidos que se generan en las entrevistas, porque creo que necesitamos propuestas más optimistas.

—¿Cómo elegís a tus entrevistados?

—Lo más importante es tener diversidad de perfiles. Por eso tengo una lista de perfiles sociales, personas con empleos poco calificados, ejecutivos, jóvenes, personas que vivan en la calle, jubilados, personas de grandes ciudades, personas de zonas rurales, y así se va formando la lista. En cada país debo tener, como mínimo, una persona por categoría. Para dar con todos los perfiles, lo primero que hago es acudir a mi red personal, que son las personas que conozco en cada país, o las personas que se han acercado al proyecto. Les escribo a todos contándoles cuáles son los lugares a los que voy a ir, y les pido si pueden contactarme con personas de esos lugares, para así dar con los perfiles que busco. La verdad es que tengo una red bastante grande, que me permite alcanzar a muchas personas. Y después, si a través de la red no puedo encontrar a un perfil determinado, entonces simplemente lo busco en la calle hasta dar con una persona con las características que necesito.

—Personalmente creo que la felicidad es un concepto complicado. En algún punto termina siendo nada más que un dispositivo discursivo de la retórica publicitaria. ¿Por qué, en tu cuestionario, vos elegiste preguntar por la felicidad?

—No sé si es un invento del capitalismo, pero es un tema muy importante para las personas. Es un tema con una enorme diversidad de opiniones, por eso es tan bueno para mi trabajo, porque yo quiero mostrar opiniones diferentes. Yo no creo en una sola definición de la felicidad, por eso quiero mostrar lo que piensan muchas personas sobre este concepto. Al final, creo que es algo muy personal. Para unos, la felicidad es tener cosas. Para otros, está en los amigos. Para otros, en otras cosas. Y así. Yo quiero mostrar la diversidad, porque creo que si vemos la diversidad, vamos a estar más abiertos a las opiniones diferentes, y les vamos a dar la importancia que se merecen.

—Sobre esto que me decís, de mostrar las diferentes opiniones, ¿pensamos tan distinto las personas?

—Mira, hay preguntas en las que yo pensaba que iba a mostrar respuestas muy distintas, y terminaron siendo todas muy cercanas. Depende de los temas.

—¿Qué opinión tenés sobre internet?

—Que es genial. Creo que internet facilita la vida de todos sus usuarios. Claro que, como en todo, hay riesgos y peligros. El mal uso que se hace de internet creo que es un efecto negativo, el hecho de que mucha gente está todo el tiempo con su teléfono mirando Facebook, bueno, es el peligro que tiene. Pero también tiene el potencial también para mejorarte la vida. Te permite aprender sobre cualquier cosa, sólo hay que saber utilizarlo.

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—¿Cuál pensás que es el mayor beneficio que internet le trajo a la humanidad?

—La comunicación.

—¿Y si tuviéramos que pensar en el mayor perjuicio que le trajo a la humanidad?

—La falta de comunicación.

—¿Qué consumís vos en internet?

—Wikipedia. Cualquier cosa que no sé sobre la historia o sobre cualquier tema, voy a Wikipedia y lo averiguo. También uso internet para escuchar música.

Uso mucho Facebook,  que hasta hace poco era mi única red social; ahora estoy aprendiendo a usar Instagram también.

—¿Cuál es el efecto que creés que provoca internet en la discusión social?

—Yo intento leer mucho los comentarios de las personas sobre artículos o contenidos en internet. Me gusta hacerlo, aunque una vez que empiezas, te lleva mucho tiempo leer la gigantesca cantidad de opiniones que hay. Pero es interesante ver cómo piensa la gente, es otra manera de abrirse. A veces leo cosas que me parecen una locura, pero al menos puedo leerlo e intento entender cómo se llega a determinados pensamientos.

Creo que el problema en todo esto es el maquillaje que se le pone a la vida real en las redes sociales, y cómo muchas personas van perdiendo autoestima por estar mirando las vidas de los otros, comparándose con lo que muestran otras personas que, por otro lado, no siempre es real.

—En la entrevista que diste para el diario La voz del interior dijiste estar de acuerdo con esa idea general que hoy se tiene de que en las redes sociales la gente queda metida en un círculo donde todos piensan igual. Pero te pregunto, ¿en la vida analógica, fuera de internet, no es también así? Creo que las personas nos juntamos con quienes tenemos afinidad, con personas que piensan, en su mayoría, parecido a nosotros, ¿no te parece?

—Sí, es verdad. No lo había pensado de esa manera. Sin embargo, internet tiene una característica particular, y es que te lleva rápidamente a confirmar lo que estabas comenzando a pensar. Se te ocurre una idea y en dos minutos tienes una enorme cantidad de artículos que van a confirmar tu pensamiento. Es peligroso, porque si comienzas a tener pequeños pensamientos extremistas, éstos pueden crecer muy rápidamente con artículos que vienen de no sé dónde y que te harán pensar que el extremismo está bien.

Volviendo a lo que me decís, creo que es verdad que no tiene tanta diferencia, pero también creo que es algo que se da más en internet que en la vida analógica. Como te conté anteriormente, con mis amigos podemos tener diferentes opiniones, y podemos crecer a partir de las opiniones de los demás. Tenemos verdaderos debates sobre algunos temas en los que nuestras ideas son muy diferentes. Pero en internet, los algoritmos que determinan lo que ves, te van mostrando cada vez más sólo lo que quieres ver. No te ayudan a abrirte. Por ejemplo, hace un tiempo en Netflix hicieron un experimento con esto: durante un período de tiempo, entre las películas que te sugieren -basadas en tus gustos- ponían una película cualquiera, fuera de los criterios con que los algoritmos determinan tus gustos. Bueno, nadie entró siquiera a ver de qué trataban esas películas, nadie hizo un solo click en ellas. Entonces, también es la gente, que sólo quiere ver lo que le gusta. Lo peligroso aquí es que esto te adormece, no te abre a escuchar otras voces diferentes.

—¿Qué viene después del viaje?

Al volver a Francia voy a concentrar todos mis esfuerzos en consolidar el proyecto, ver cómo puede evolucionar, y encontrar un plan de negocios a largo plazo. También voy a  elaborar el modo de enviar a otras personas a viajar por el mundo haciendo esto. Pienso que es un proyecto que perfectamente puede conectarse con las universidades que hacen prácticas profesionales para sus alumnos durante un año, entonces los alumnos pueden hacerlo viajando trabajando para este proyecto. Podría armar alianzas de diferentes tipos con las universidades. Para todo esto necesito tiempo de trabajo en Francia.

Mi sueño sería que, una vez funcionando el proyecto como una empresa, yo poder elegir cada año, de entre los lugares a los que debamos viajar, países a los que quiera ir yo. Y así poder viajar dos o tres meses cada año a estos lugares.

—No estás pensando en que el proyecto vaya a durar una determinada cantidad de tiempo. Es el proyecto de tu vida.

—Quizás en diez años sea algo completamente diferente. Pero pienso que sí, que es así, espero que sea el principio de un proyecto de vida.

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