El pensamiento sensible: Cyril Bruyelle I

Por Leandro Moscardó.
Fotos por Guadalupe Creche.


 

Cyril Bruyelle es un joven francés. Al momento de la entrevista tiene 28 años y está en Argentina, la primera parada de un viaje que lo llevará por todo el mundo con su proyecto 20 questions to the world, en el que entrevistará a personas de todas partes con el objetivo de comprender cómo piensa el ser humano. Pretende mostrar las diferentes formas de pensar, las lógicas particulares con las que las personas de todas las culturas construyen pensamiento. Su trabajo gira en torno a un cuestionario de veinte preguntas que abordan una variada gama de temas. Sus entrevistados responden sobre el futuro, la educación, la felicidad, sus propias culturas y sobre lo que esperan del mundo. Como dirá él mismo, busca que las preguntas activen, más que la memoria de las personas con las que habla, su imaginación. Cyril busca ofrecer un contenido que nos lleve a imaginar que podemos ser mejores. Confía en que, si conocemos las formas de pensar de aquellos que son diferentes a nosotros, estaremos más cerca de poder empatizar con ellos.

Me preguntaba qué había llevado a este joven francés, con una educación de élite, a dejar su zona de confort, a abandonar un trabajo bien pago y la estabilidad que le daba su posición social, para salir a recorrer el mundo en busca de respuestas. Me asombraron su profunda sensibilidad y su curiosidad tan poderosa. Su proyecto recién comienza y sólo hay unas pocas certezas. Una de ellas es la seguridad de saber que este viaje lo cambiará, así como también cambiará el destino y el formato final que tenga su proyecto.

Fui a su encuentro en la ciudad de Salta, en el norte de Argentina, en los días previos a su cruce a Bolivia. Hablamos durante cinco horas sobre su educación, su familia, sobre Europa, el capitalismo, sobre el modo en que elaboró el viaje, cómo consiguió los fondos para hacerlo y sobre cuáles fueron sus miedos y cuál es el combustible que lo sostiene día a día. No hay fórmulas mágicas, sólo la historia de una persona que toma un riesgo. Quizás, en su historia, quienes lean podrán encontrar mapas posibles.

Una vez más la pregunta es ¿de qué manera esta persona está construyendo una vida por fuera de la presión social que busca empujarnos a la quietud? ¿Cómo defiende una persona su curiosidad?

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Sobre 20 questions to the world:

Página web.
Página del proyecto en Facebook
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Nota en los periódicos La voz del Interior, Los Andes, La Gaceta de Salta, El tribuno.
Entrevista radial en Europe 1 (en francés).


LM: —¿Cómo era el lugar donde naciste?

CB: —Nací en una ciudad llamada Chantilly, al norte de París. Es una pequeña ciudad, muy hermosa. Vivíamos en una casa en un barrio residencial. Mi infancia fue muy feliz, con mucha alegría. Tengo una familia muy unida. Mi hermana tiene 37 años y mi hermano 41. Yo soy el más chico, de 28. La mayoría del tiempo yo estaba sólo, ya que mis hermanos se independizaron muy jóvenes. Siempre tuve muchos amigos y pude hacer todo lo que quería, como salir, hacer deportes o hacer música. Supe siempre que tuve mucha suerte por eso, sé que no es común.

A mis 14 años nos mudamos al norte de Francia, en una ciudad en el mar. [me está contando todo esto, y es como si sintiera vergüenza al hablar] Era un poco un cambio de vida, pero lo mejor fue que mis padres me enviaron a un colegio pupilo. Fue la mejor parte de mi vida. Se dice que cuando te mandan a ese tipo de escuelas, es porque necesitas disciplina, o que es como un castigo. Mis padres la eligieron porque era la mejor escuela de la región. Y al final fue perfecto porque era pasar las veinticuatro horas haciendo tonterías con mis amigos. Fue una parte muy linda de mi vida.

—¿En qué trabajaban tus padres?

—Mi padre es director comercial de una empresa que vende pescado a supermercados y restaurantes. Mi madre no trabajaba. Antes de tenernos a nosotros, ella era modelo. Luego trabajó un corto tiempo en una escuela primaria, pero después ya no. Es el antiguo modelo de familia, con el hombre que trabaja y la mujer que cuida de la casa.

Este modelo de familia tiene mucha influencia en la relación que hoy tengo con mi padre. Él no entiende lo que hago. Para él, hay que encontrar un empleo estable, trabajar en una gran empresa y tener un plan de vida a veinte o treinta años. Yo soy muy diferente, y él no puede entender eso. Intento muchas veces, muchas veces, explicar y explicar. Le digo que los jóvenes somos diferentes, que vemos las cosas de otro modo, que pensamos distinto, que queremos ser felices en lo que hacemos, que no es simplemente encontrar un trabajo para ganar dinero nomás. Después de veinte veces de intentarlo, ya no lo hice más. Algunas veces él hacía como que entendía pero cuando volvíamos a tocar el tema, él volvía con esto de “¿Qué vas a hacer después, cómo vas a hacer para ganar dinero?”, y otra vez era algo muy desgastante. Me hace un poco de daño, claro. Me gustaría que mi padre entienda lo que hago, entienda que soy feliz haciendo esto, que esto es lo que me anima. Al menos ahora él ve que soy yo más feliz, porque se nota mucho en mí, en mi manera de hablar con la gente, y eso él lo ve, entonces me dice que está contento por eso.

los_anormales_16_edited—Aunque no lo entienda…

—Pero va entendiendo poco a poco. Hace poco entrevisté a un intelectual francés muy famoso, llamado Jacques Attali, que fue consejero de todos los últimos presidentes, sean de derecha o de izquierda. Y él decía que si yo entrevistaba a ese tipo de personas, era porque el proyecto debía ser bueno. Todavía no entiendo exactamente lo que quiso decir, ¡pero supongo que debe ser algo bueno! [y se ríe, como saliendo del estado de ánimo en el que había entrado al hablar de su padre]. Necesita pruebas. También con las notas que me hicieron en los periódicos de acá, y particularmente una entrevista que me hicieron en un programa de radio francés hace unas semanas, en una de las radios más grandes, a las nueve de la mañana, cuando todo el mundo está escuchando. Bueno, esas son pruebas que hacen que mi padre empiece a entender mi proyecto. No me gusta el hecho de que tengo que demostrarle con pruebas y más pruebas.

—¿Por qué creés que uno necesita de la aprobación de sus padres?

—Yo no necesito de la aprobación. Sí necesito que mi padre entienda lo que estoy haciendo. Sin su aprobación, yo sé que voy a intentar buscarla. Pero me entristece que él no lo entienda, porque el fondo de mi proyecto es ayudar a las personas a entendernos más unos a otros, abrirnos al otro, superar eso de “Aquel de izquierda es un socialista de mierda”. Yo busco entender a los otros, y el hecho de que mi padre no me entienda es muy fuerte, porque es mi padre.

En el nacimiento de 20 questions to the world, cuando tenía que explicarlo, decía que yo buscaba que mi padre, que vive en una pequeña ciudad al norte de Francia en la que hay mucha riqueza, y que por estar en ese entorno, por leer siempre los mismos diarios de derecha que hablan de la inmigración como un problema, y por ser amigo solamente de personas que piensan así, por todo eso creo que él se va haciendo cada vez más racista. Entonces, él decía que la inmigración era algo malo y que todo bien con los árabes mientras estén en sus países. Y mira, creo que tú no puedes ir diciendo eso. En este sentido, yo explicaba que alguien como mi padre, al ver los videos donde aparecen los árabes y las demás personas, pudo ver que, en diferentes temas, como cultura, religión o educación, algunos piensan como él, y otros piensan distinto, pero él comenzó a ver que aunque un árabe piensa distinto, él puede encontrar interesante ese punto de vista. Entonces, el video terminó dándole una imagen diferente de esas personas a la que dan los periódicos, que hablan de ellos sólo como inmigrantes y los ven como una amenaza para la cultura de Francia.

El hecho de que al principio ésta haya sido la manera de explicar mi trabajo, creo que muestra la importancia de la relación con mi padre en el proyecto.

—¿Cuáles eran tus sueños de niño?

—Dos cosas. Una, yo quería ser jugador profesional de tenis. El tenis era mi vida. Mi habitación estaba llena de posters de jugadores. Gustavo Kuerten era mi ídolo. Tenía muchas horas de práctica en la semana y todos los fines de semana me los pasaba jugando. Pero a los doce años tuve un problema en la rodilla y no pude jugar por dos años. Después de eso, se terminó el tenis, que fue mi primer sueño.

Después, mi otro sueño, que aún conservo, es trabajar como DJ de música electrónica. Me encanta la música en general, pero el hecho de transmitir una energía a la gente, de verlos que bailan la música que pasas, es algo extraordinario. Me provoca un sentimiento que no sé cómo explicarlo. Es un sueño que todavía tengo, algunas veces toco en bares en París. Sé que no hay edad para hacerlo, entonces quizás en cinco o diez años, si tengo tiempo para dedicarle, pienso que podría hacerlo.

Ésos han sido mis sueños. También he querido ser médico cirujano, me gustaba mucho la idea de reparar el cuerpo humano, ayudar a las personas. Pero luego me dijeron que eran catorce años de estudio, y yo no sabía que a los cinco ya estabas practicando en un hospital, ¡yo pensaba que eran catorce años seguidos de estudiar! Además, la influencia de mi padre y de mi hermano hizo que yo quiera ingresar en una escuela de negocios. Mi hermano es como mi segundo padre, y me decía que era mejor estudiar en una escuela de negocios, que eso me abriría muchas puertas. Así que hacia allí me dirigí.

—¿Cómo te iba en la escuela cuando eras niño?

—Era el alumno que tiene buenas notas, siempre estuve entre los dos o tres mejores de la clase. También hacía tonterías, tenía algunos problemas de conducta, pero creo que por mis notas se me perdonaba más el mal comportamiento.

—¿Creés que la escuela te enseñó cosas importantes que llegan hasta hoy?

—Sí, mucho. Es fácil castigar a la escuela, pero todo el mundo tiene que saber leer y escribir, y saber la historia de su país. Las matemáticas son una forma de pensar que me gusta mucho. No estoy muy de acuerdo con la manera en que se castiga al sistema educativo en Francia y en otros países. Al pasar tanto tiempo con personas diferentes, la escuela te enseña la convivencia. Yo no creo que se necesite, como algunos dicen, clases de tolerancia o de convivencia. Eso es la vida. Se aprende en la dinámica misma de la escuela, por el simple hecho de pasar el tiempo con personas diferentes. Sí creo que debería enseñarse más filosofía. Me parece que debe ser difícil armar programas educativos que combinen todo. Creo que si me tocara escribir un programa educativo, no sería tan diferente a lo existe hoy. Cambiaría algunas materias, pero la base sería la misma.

los_anormales_11_edited—¿Tuviste una educación religiosa?

—Sí. Fue una educación católica. Igualmente nunca entendí lo que significa una escuela católica, porque no era que teníamos que ir a misa una vez por semana ni tampoco teníamos clases de religión. Había una pequeña capilla en la escuela, pero no teníamos la obligación de ir. De hecho, creo que los valores de la escuela tenían que ver más con la tolerancia. Mi madre es muy católica, muy creyente y muy de ir a misa cada domingo. Mi padre es católico también pero va a misa en Navidad y nada más. Pero mi relación con el catolicismo nunca fue tan clara. De niño siempre pensaba que si yo hacía algo malo, algo malo me ocurriría a mí. Entonces la religión adoptaba esta forma de ser una presión. La presión de portarme bien por miedo a un castigo.

—Que si no hacías cosas buenas, Dios te castigaría.

—Sí, que si yo no daba dinero a alguien en la calle, tendría un castigo. Así lo pensaba de niño, claro. Después, con el tiempo la religión se convirtió en mi refugio cuando estaba mal, que es clásico, ¿no? Pues, si tenía problemas en el colegio, yo rezaba pidiéndole a Dios que me ayude a pasar los exámenes. De hecho, en el tercer año de mi preparación para entrar a la escuela de negocios de París, ¡yo iba a misa casi todos los domingos! No me sentía bien y en mi cabeza pensaba que la religión podía ayudarme.

Ahora casi no voy a misa, y cuando voy, nunca tomo la comunión. Si miro hacia mi pasado, puedo ver que la religión me enseñó algunos valores importantes, como la generosidad o la honestidad, incluso de alguna manera, la apertura. Pero nada más. En muchos aspectos, la religión católica, lejos de ayudarme, me hace mal. Por eso pienso, cuando tenga hijos, que podré transmitirles los valores de honestidad o generosidad sin tener que caer dentro de la religión. Hoy me pregunto si bautizaría a mis hijos -¡Que mi madre no escuche esto, por favor!

Por otro lado, cuando miras el rol de la religión a lo largo de la historia, por ejemplo en la colonización, bueno, no hace falta decir mucho, todo el trabajo de la iglesia fue contrario a cualquier idea de apertura, porque los nativos de los lugares colonizados tenían su propia cultura, y la religión pasó por encima eso.

Algunas veces, cuando estoy en la misa, las veces que todavía voy, empiezo a imaginar qué es lo que yo pensaría si llegase a ese lugar sin conocer nada de la religión. Si recién llegara a la Tierra y conociera muy poco del ser humano, ¿qué pensaría al ver a la gente en la misa? Si viera al cura y a la gente cantando en ese lugar tan particular. Lo que quiero decir es que, si me abstraigo de todo eso, me parece un poco loco. Mira, no sé, pero hoy no necesito a la religión.

—¿Qué responden las personas cuando les preguntás qué cosa enseñarían en las escuelas?

—Los más viejos responden que enseñarían a leer y a escribir, lo fundamental. Lo más jóvenes hablan de tolerancia, de materias que busquen el autoconocimiento, van más a lo sentimental. Son las diferencias entre las generaciones. Nuestra generación quiere ser feliz y le da mayor valor a lo sentimental. La felicidad de nuestros padres era otra cosa. Hoy, alguien que lleva una vida distinta es visto como una persona interesante y la gente lo acepta. Creo que eso hace cuarenta años era visto como una cosa rara, con rechazo. Hoy los caminos alternativos son celebrados. Mis amigos me felicitan por mi proyecto, me dicen que soy valiente, que es genial lo que hago.

—¿Y vos cómo te sentís en relación a que tus amigos digan que sos valiente?

—Me alegra mucho. [Hace una pausa larga, piensa]

Yo tengo cuatro mejores amigos. [vuelve a hacer una pausa] Lo siento pero voy a llorar. Es normal que llore cuando hablo de ellos. Ellos cuatro son lo más importante que yo tengo, son quienes más me ayudan. Me admiran tanto como yo los admiro a ellos. Tenemos una relación complementaria, todos nos admiramos entre nosotros por características que cada uno tiene y los demás no. Me ayudan mucho en mi proyecto. Durante años me insistieron para que me saliera del camino marcado, si realmente era lo que yo quería. También fueron ellos quienes me ayudaron a entender la relación que tengo con mi hermano y con mi padre. A mis veinte años yo hablaba de mi hermano todo el tiempo, él era mi ejemplo y yo tenía que ser como él, trabajar en las finanzas, ser exactamente como mi hermano. Y un día uno de estos cuatro amigos me dice “Me aburres hablando de tu hermano, basta de hablar de él todo el día, estoy seguro de que en el fondo tú no quieres trabajar en las finanzas, nada más que la imagen de tu hermano no te permite ser tú mismo y construir tu propio camino”. Era la primera vez que alguien me decía algo así. Fue muy fuerte. Me hizo pensar mucho.

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Fotografía: Gentileza Cyril Bruyelle.
Ellos cuatro me ayudan a ver cosas que yo solo no puedo ver. También, en este proyecto, me han ayudado a pensarlo y a tomármelo con calma. Yo suelo estar estresado, trabajo mucho y estoy atento a lo que los demás piensen sobre lo que hago, quiero que a todos les guste mi trabajo, y además soy muy ansioso con relación al futuro. Y son ellos quienes me ayudan a calmarme, son quienes hicieron que yo pueda armar el proyecto que quiero yo, que me gusta a mí, y no un proyecto que les guste a los demás. Como este es un trabajo que busca tener un perfil público, yo quiero que los videos sean vistos por la mayor cantidad posible de personas, entonces es fácil equivocar de camino y terminar haciendo lo que le gusta a la gente. Pero gracias a mis amigos, pude generar el proyecto que me gusta a mí.

Por otro lado, hay personas que no he visto por años y ahora me escriben para contarme que han visto mi proyecto, los videos y me dicen que les gusta. Si bien yo estoy muy motivado, son cosas que también me empujan a continuar. También me pasó, cuando salió la nota en el diario de Córdoba, que me escribieron cordobeses para alentarme, para invitarme a tomar alguna copa y hablar del proyecto. Me emocionan mucho esas cosas.

—¿Y con tus entrevistados, cómo es la relación? ¿Has recibido algún feedback de su parte?

—Hace un tiempo me llegó un mensaje de una mujer española a quien entrevisté. Es una mujer de unos cincuenta años, profesora de psicología y creo que también periodista. Después de la elección de Trump, ella me escribió contándome su tristeza ante los resultados, que estaba hablando con sus amigos acerca de la lucha que debían dar en estos momentos para evitar que pase lo mismo en Europa. Y que estaba pensando en 20 questions to the world, y me decía que, en su opinión, mi proyecto ayuda a las personas a abrirse, que yo estaba haciendo algo bueno para la sociedad. Me hizo llorar, porque yo nunca le había explicado el propósito de mi proyecto en profundidad, y entendió exactamente la razón por la cual yo hago este trabajo.

—¿Por qué pensás que algunas regiones del planeta están girando tan decididamente a la derecha? Si miramos las ideas de Trump en cuanto a la migración, parece que el camino es cerrar puertas. Por otro lado, si miramos al Reino Unido, vemos el Brexit. Se habla de un posible Frexit si Marine Le Pen alcanza la presidencia en Francia. ¿Por qué pensás que están avanzando las propuestas contrarias a la integración?

—Principalmente, creo que hay un creciente gap en los países entre las personas que viven en las grandes ciudades y las personas que viven en los pueblos. La velocidad con la que cambian las ciudades, adaptándose a la globalización, hace que cuando vives en una gran ciudad te sientas en la cresta de una ola, donde todo sucede a un ritmo vertiginoso y puedes sentir el flujo mundial. Creo que quienes viven en las zonas rurales, al tener una vida tan distinta y no poder acceder a la riqueza que sí está en las grandes ciudades, tienen una visión negativa de la globalización, o le tienen miedo. En Francia pasó que los empleos industriales se han movido a países asiáticos, y eso provocó que muchos obreros pierdan sus trabajos. Creo que también ven a la inmigración como otra causa de su desocupación, viendo a los extranjeros como personas que les roban sus fuentes de ingresos. Creo que este gap entre campo y ciudad es una causa del avance de la extrema derecha. Creo que el estadounidense rural gusta mucho del America first de Trump, por ejemplo. Muchos de los relegados en Reino Unido piensan que su salida de la Unión Europea y la restricción a la inmigración es el camino para que ellos encuentren buenos trabajos.

Por otro lado, los medios, por supuesto, abonan el camino de la derecha, difundiendo permanentemente contenidos negativos de los otros países, y tomando a la inmigración como un factor negativo para las economías nacionales y para la seguridad. Creo que es por eso que la gente en Francia tiene cada vez más miedo de los extranjeros. Todo el tiempo las noticias son que sube el desempleo, que cierran las fábricas, y no hay otra cosa. Así las cosas, la gente sólo busca protegerse, y es fácil para el populista encontrar las palabras que estas personas desean escuchar.

—¿Creés que Marine Le Pen tiene chances reales?

—Uf… [Hace un silencio] Sería un tonto si pensara que no tiene ninguna chance. Personalmente pienso que no, pero la historia muy reciente nos muestra que no podemos hacer vaticinios. Nadie pensaba que el Brexit o Trump fueran a ganar, y ahí ves lo que pasó. Sin embargo, creo que si bien puede llegar al ballotage, finalmente no me parece que vaya a ganar esta vez. Aunque puede seguir creciendo y acabar llegando a la presidencia la otra elección o la siguiente.

los_anormales_37_editedBauman decía que el europeo veía a los refugiados como un elemento extraño y negativo, que eran personas que habían tenido buenas vidas igual que el europeo, pero que lo habían perdido todo. Y en esa realidad del refugiado, el europeo veía la posibilidad certera de también poder perderlo todo.

—Ahora que en Francia estamos viviendo una situación tensa en lo económico, es muy fácil echar la culpa sobre los inmigrantes. Sin necesidad de entrar en un análisis histórico, por la historia colonialista de Francia (y de Europa también, claro) es natural que nuestra población se componga de extranjeros; aunque la mayoría de ellos no son extranjeros, son franceses.

Por otro lado, es muy puntual el fenómeno de la inmigración siria, que no es bien recibida en Europa. Creo, una vez más, que el papel de los medios tiene gran responsabilidad en esto, porque difunden la idea de que esa inmigración trae terroristas a Europa, entonces la gente piensa que todos los inmigrantes son terroristas, lo cual es una mentira evidente. Si esa gente se fue de su país, fue por una buena razón. La mayoría de esa gente prefería quedarse en su país, sólo que la guerra hace que eso no sea posible. Yo no sé bien si hay un único responsable de la guerra, pero está claro que los países occidentales tienen un rol. Entonces, es fácil decir que no queremos a los refugiados, pero tenemos que saber que somos parte responsable de la guerra que los echó de sus países.

—¿Creés que la gente es consciente de la responsabilidad de sus gobiernos en la guerra?

—Creo que una parte de la población lo sabe. Yo intento escuchar diferentes opiniones, diferentes influencias. Por ejemplo, en Facebook sigo a todas las páginas favorables a Trump, porque quiero saber sus opiniones. Y en Francia, si bien mi entorno cercano entiende bien los pormenores de la inmigración, por tratarse de personas muy educadas, que leen más allá de los medios masivos e intentan entender lo que pasa, sé que hay una buena parte de la población, sobre todo en zonas rurales, que no lo entienden. Aunque sé que no es bueno generalizar.

—Parece que pensaras que en las grandes ciudades las personas están más formadas y entienden más que en el interior. Sin embargo, estos triunfos electorales de la derecha anti inmigratoria, también son votados por muchas personas en las ciudades.

—Es verdad. Claro que también hay enormes diferencias entre las personas que viven en las ciudades. Sería un error decir que todos los parisinos con estudios no votan a la derecha, porque ellos también tienen miedo, y ésa es la base de la propuesta de la derecha. En las calles de París hay carpas de refugiados sirios. Algunos de mis amigos querían ir a visitarlos, conocerlos y hablar con ellos; y otros tenían miedo porque pensaban que era peligroso. Yo no creo que la llegada de refugiados lleve violencia a París. Respeto cualquier opinión, pero me gustaría que la gente sea consciente de la complejidad del fenómeno, y que a partir de eso puedan opinar lo que quieran.

—En 20 questions to the world has entrevistado a refugiados sirios y tibetanos, ¿qué sentías cuando hablabas con ellos?

—Que son personas como nosotros. Sentí que el ser humano, cuando está en peligro, puede hacer cosas increíbles, como cruzar el mar en una barca junto a otras doscientas personas. Las personas que yo entrevisté eran conocidas en sus lugares. Un hombre de Siria tenía dos restaurantes y un programa de cocina en la televisión. Creo que tenía bastante dinero, pero al final cruzó el mar como cualquier otro, en esas barcas colmadas de gente. Sucesos como ése, como una guerra, eliminan las diferencias entre las personas, nos ponen a todos en el mismo nivel. Entonces yo sentía que si hubiera habido una guerra en Francia, nosotros habríamos hecho lo mismo.