Una incauta con causa

Perfil de Ana Llurba

Por Lola Barilari
Fotografía por Celina Bordino.
Contenido producido para la revista Dadá Mini, sin publicar.


 

Usted
que es una persona adulta
-y por lo tanto-
sensata, madura, razonable,
con una gran experiencia
y que sabe muchas cosas,
¿qué quiere ser cuando sea niño?

Jairo Aníbal Niño

¿Existe alguna edad para hacer lo que nos gusta? ¿es necesario seguir fórmulas? ¿cómo podemos dedicarnos a aquello en lo que creemos?

A Ana Llurba este tipo de preguntas no la inquietan. Abrió su propia editorial en una ciudad -mejor dicho en un país- ajena al poco tiempo de estar viviendo allí, lo que demuestra que el coraje (ella prefiere llamarlo impulso) le ha asegurado una vida poco previsible aunque sí pretensiosa: "soy ansiosa e impulsiva. A veces esto me funciona y otras veces no".

_MG_04582222222Con menos existencialismos, simplifica todo en una sola regla: "se aprende a hacer haciendo". Es por ello, que saber que creó Honolulu Books en Barcelona, en un desalentador contexto de crisis, siendo inmigrante y recurriendo sólo a los recursos con los que disponía (sus amigos), es alentador y revelador.  Es una batalla que inspira, porque en pocos años, esta editorial siguió un firme camino editando adorables autores (imperdibles son Lucía Muñoz Molina y su sátira sobre el consumismo en la que inventa un desquiciado gulag donde las alumnas deben comerse sus propios sweaters de moda, o Elisa Fuenzalida, quien a tono de autoayuda y  fracaso compartido, sentencia las vidas plásticas de Facebook), lo que le aseguró ser un must entre las perlitas literarias  de la península ibérica.

Cuando Ana se aparece con sus libritos (¡que son una monada!) dan ganas de leer, de escribir, de fotografiar, de crear. Al escucharla es posible comprobar cómo un proyecto al que se le quiere tanto da frutos, dejándonos sin excusas del palo “cuando sea grande”. Un cable al cielo de los deseos. Para empezar a hacer. Porque se aprende haciendo.

HONOLULU

Desde el 2009 en España han proliferado diferentes proyectos literarios y Honolulu Books se inscribió en esta ola. Ana cree que este crecimiento podría deberse a la carencia de oportunidades, que hizo preciso generar un escenario propio. Algo parecido a lo que pasó en Argentina en los `90. Con la diferencia de que, al menos en Cataluña, hay menos tradición literaria aunque sí más experiencia en diseño y se publican ilustradores y fotógrafos de manera natural, como lo hace la editorial Morsa que lleva más de diez años editando libros ilustrados para adultos.

Por su parte Ana se alió a la fotógrafa Celina Bordino para dar vida a Honolulu Books. Tan simple y cojonudo, abrieron una mini editorial -asi les gusta llamarse, porque además sus libros miden 10 x 15cm- indie, con todo lo que eso implica: trabajar de manera independiente a través de la autogestión y a un ritmo tan profesional como sólo alguien que ama lo que hace puede hacerlo.

Honolulu Books surgió para Ana ante todo por una necesidad personal: “como quería ser editora y soy inmigrante de clase media, no iba a esperar que alguien me diera ese trabajo. Al disponer de los recursos profesionales, que eran mis propios amigos, y  es lo más costoso, decidí abrir mi propia editorial."

Fuertes consumidoras de fanzines, encontraron referentes que inspiraron su camino. “Nos gustaba el modelo de un fanzine pero nos veíamos viejas para grapar hojitas. Es por ello que pensamos en una editorial, con pequeños libros con lomo y colofón, portadas llamativas y un diseño cuidado". Así, fueron mirando primos lejanos como Orfidal, de la vieja usanza que incluye temas dispares y estética retro, o Nenazas, un fanzine feminista o más bien un grupo de amigas contando aquello que les ocurre, o la Bella Varsovia colectivo del cual Honolulu hace un paralelismo porque es de Córdoba (Andalucía) y del cual forma parte Elena Medel gran referente de la poesía actual en España, quien a los 16 años ganó el premio Andalucía Joven por su poemario “Mi  primer bikini”.

Con estas referencias y otras más, Ana y Celina crearon Honolulu Books, cuyos libros son identificables (además de por su tamaño), por sus portadas realizadas por Bordino: retratos de mujeres, rostros a cara lavada, jóvenes no sólo apacibles sino posibles, que aunque uno se confunde si son la imagen de la autora, se comprueba en la colección completa que son mujeres random, que nada tienen que ver con el contenido del texto ni tan siquiera con la literatura, y que su rol es simplemente constituir al libro como un objeto lindo: "somos mercenarias del marketing. La decisión de las tapas fue estratégica".

_MG_04642222222Honolulu es particular porque ante todo reconoce no ser alta literatura: "nunca vamos a publicar una novela". En sus dos colecciones, Blogexplotation (publicación de bloggeros, como una sobrevida de los blogs después de que pasaron de moda), y Lavorare Stanca (poesía), hablan las voces de ahora, autores nuevos que construyen un estilo híbrido entre la autoficción, la ficción, la crónica y la autoayuda.

Y es así como con sus tapas, su estética delicada, y la mayoría de autoras femeninas, la editorial se definió por un sexo: claramente Honolulu es mujer.

Sin ser necesario, Ana lo justifica: "nos gustaría editar más hombres y lo hemos intentado. Por mi parte, reconozco que consumo más contenidos femeninos. Nunca pude conectar con Breaking Bad. A su vez, desde que descubrí a Alice Munro leo autoras, especialmente norteamericanas. Me interesan los discursos femeninos y Honolulu ciertamente es mujer.”

Sin embargo, esto no significa que los libros limiten su público. La intención es poder trasmitir una experiencia generacional, para los de aquí y allá, sin importar el lugar; lectores que podrían compartir una cerveza con los propios autores.

Hoy los libros están en diferentes ciudades de España y de momento no ampliará su distribución. Esto significaría complejizar la estructura y por ahora  prefieren la entrega de manera directa, el contacto cercano. A su vez tienen abierta la venta online por la web de la editorial y están tramando versiones digitales "aunque los libros son tan monos y nos vinculamos tan de manera fetiche a la lectura en papel que nos da pena que alguien se quede sólo con la experiencia en pantalla".

SER EDITORA Y NO FRACASAR EN EL INTENTO

Los pasos de Ana no fueron premeditados, pero el ser editora era algo clavado.

El amor por los textos la trajo naturalmente hasta acá: "No pude evitarlo. Al principio imaginé un camino académico en las letras y cuando vine a Barcelona me convencí de que sería editora. Por la misma experiencia de lectura, en la que me di cuenta que era un lector activo porque pensaba 'yo a esto lo haría así'".

Es justamente en esto donde Ana ve su virtud como editora, en su capacidad de generar una lectura activa junto a los autores: "en Honolulu Books los libros son producto de un diálogo. Trabajo con los autores desde el comienzo porque todos los libros son de encargo. Si bien es difícil de gestionar por cuestiones de ego, tengo la predisposición para hacerlo. Creo que mi valor añadido es que elijo cosas con las que me identifico, que me gustan. Para mí, ser editora es una manera de compartir lo que me interesa. Admiro a los editores que sólo editan aquello que les gusta y en lo que creen. Editar es compartir lo que te interesa, haciendo de esa lectura algo activo y creativo".

Eso es lo que hace Ana: compartir una lectura de cosas que le gustan, actuando como un moldeador que le da forma a algo escrito por otro.

Reconoce que hay algo de escritor frustrado en cualquier editor, pero no cree que se trate de roles contradictorios “porque hay editores que escriben y escritores que son buenos editores”. La edición puede tensionar al editor cuando se pone en el papel de escritor, al pararse frente al desafío de alcanzar los propios estándares exigidos. Quizás es por ello que, si bien Ana ha colaborado con diferentes revistas, aún evade su trabajo de escritora, guardándolo celosamente "hasta que esté segura de compartirlo".

Puede que esto también ocurra porque en realidad ahora su enfoque está en la edición. Considera que escribir es solitario y si bien le gusta trabajar sola, disfruta del intercambio con los autores, de pensar juntos los textos.

_MG_043322222INSIDE ANA

Parte de una larguísima historia de voy para allá, ven pa ‘cá, entre españoles y argentinos, el acento de Ana se neutralizó. Su vos sabés se cuela al , a la nevera y al ordenador. Lleva años viviendo en Barcelona y aunque no sabe cuánto tiempo más se quedará, no le preocupa echar raíces.

Parece que las conexiones entre la literatura latinoamericana y Barcelona se suceden: Vargas Llosa, Cortázar, García Márquez, Bolaño. Por fuera de estas experiencias, Ana se dejó seducir por Barcelona, por su ambiente de tolerancia, que aunque ella considera que a veces se confunde con corrección política, la hacen sentirse cómoda en la convivencia de múltiples estilos de vida.

Claro que también hay cosas que no le gustan como lo monotemático que encuentra al nacionalismo catalán. En el refuerzo del discurso independentista de Cataluña Ana ve la regresión de una cultura que se resiste a mutar: "me parece provinciano y aburrido. Creo que el folclore es cultura cristalizada, que pierde vida".

Para ella el nacionalismo pasa por otro lado; no repite el cliché de sentirse más argentina o latinoamericana por vivir lejos: "no me siento más latinoamericana por estar acá. No pienso en función de continentes. Prefiero pensar en ‘ciudades estado’: Berlín, Buenos Aires, Barcelona. Creo que la posmodernidad es una vuelta a la edad media en muchas cosas y para mí el nacionalismo es una de ellas“.

Impulsiva y arrebatada, Ana no se ata a nada. Tiene una voz sosegada pero da la impresión de que podría gritar fuerte. Puedo imaginarla enojada, pero a mí se me repite su risa contagiosa; puta, sí que es contagiosa.

Se ríe de lo absurdo y sobretodo de ella misma, de sus "desgracias" como sus idas tan '2000 a la biblioteca (trabaja sin internet en casa), o de su madre y la posibilidad de parecerse a ella, considerando esta mutación como apocalíptica.

Pone convicción cuando afirma no ser capaz de planear a largo plazo ni poder tener objetivos en el tiempo, como si se tratase de una elección moral personalísima, que sólo da lugar a pensar en ciclos de “nueves meses”, clara referencia femenina (y claro, maternal) que acepta. Porque se trata de parir las ideas, los proyectos, de parir acciones y parirse a sí misma, de renovarse en ciclos naturales, como parte de una generación que trata de seguir naciendo.

Tan pocas son las cosas imprescindibles para vivir que Ana lo deja claro: “Vivo más precariamente que a los 20, pero soy mucho más feliz porque aprendí que no hay un camino unidireccional para todo".

Ella sólo conserva lo justo y necesario. Entrar a su casa, ese espacio tan propio y protegido, es saberse a salvo. Un lugar íntimo donde, como soldados leales, la esperan su biblioteca, su escritorio, el cuaderno de apuntes, el libro de turno, todos sus cuadros y la infaltable imagen de las luchadoras de catch de Jaime Hernández, quienes vigilan su refugio y la acompañan a todos lados: "las llevo siempre, incluso a las ferias”.

_MG_033722222POWER ANA

Ver cómo los antojos de Ana se fueron convirtiendo en realidad con más decisión que recursos o condiciones a favor, demuestra que todo queda en nuestras manos. Sin que con esto pretenda colgarse la bandera del exitismo, ella nos revela que el intento es lo fundamental. Así lo revela el reciente guateque de autoayuda editorial que organizó bajo el nombre “FRACASAR MEJOR” en la librería Central de Barcelona. Un encuentro en el que editores hablaron de sus experiencias, proyectos, aventuras y sobretodo desventuras. Porque de eso se trata y es lo que nos propone: hacer-siempre y asumir el rol del fracaso, ese vestido incómodo, porque tal vez así con menos vértigo, si no sale bien, la caída será menos dura. Y quizás sea eso lo que hace falta. ¿Menos just do it y más losers incautos? #failagain #failbetter #weloveana.

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