La gestión cultural como un rizoma

Perfil de Analía Solomonoff

Por Florencia Magaril
Fotografía por Carlos Rossini.
Contenido producido para la revista Dadá Mini, sin publicar.


Parece una chica Almodovar: es atractiva, mide un metro ochenta y sus hermosos rulos siempre están fuera de control; su nariz aguileña, sus cejas bien pobladas y su profunda mirada de ojos verdes le dan la imagen de tipa sólida que no se calla nada. Cuando la conocés es así, pero rápidamente derrite el hielo y la distancia, capturando la atención de sus interlocutores con un gesto de apertura y escucha que hacen que a uno le den ganas de conocerla. Analía Solomonoff es directa y transparente en sus vínculos personales y laborales y desde ese lugar emprende sus proyectos de gestión cultural. Un lugar afectivo que pondera la amistad y el intercambio horizontal con sus pares como base del proceso de creación. Un modo de operar que ella llama rizomático. “El trabajo editorial de diseño siempre se vuelve también un encuentro con una serie de personas con las que establezco una relación estrecha de colaboración, trabajo y en muchas ocasiones también de amistad”. Aparece así, la conexión con el otro como uno de los pilares y fundamentos de la tarea.

Abordar proyectos de edición independiente es como entrar en el ejército de un país bajo ataque, y sus más de 15 años de trabajo en las trincheras del diseño editorial, la gestión y el arte, constituyen a Analía en una de las referentes obligadas de México, y desde su retorno al país donde nació, también de Argentina. No responde al perfil de la editora destacada por publicar una gran colección o por llevar un sello independiente a las grandes ligas, sino que su modo de trabajo se define en la combinación de enfoques que marcan su relación con los libros y en la triangulación de perspectivas: el Diseño Gráfico, la gestión cultural y la curaduría. Es en esa práctica desde donde entiende el trabajo de la edición. En cada proyecto que Analía emprende tres campos de acción se ponen en diálogo dando forma a un nuevo espacio de encuentro donde de un modo u otro el libro es el protagonista.

Editar, diseñar y compartir libros

Uno de los referentes a la hora de pensar las múltiples relaciones con los libros como objeto es el artista mexicano Ulises Carrión, quien dedicó gran parte de su trabajo a coleccionar libros de artistas y a plantear una nueva forma de concebirlos un contexto artístico. Carrión afirmaba que un libro no puede nunca ser pensado como un “depósito” de imágenes y palabras, sino como un espacio de acción y creación, como “una secuencia de espacios. Cada uno de estos espacios es percibido en un momento diferente, un libro es también una secuencia de momentos.”

Anali¦üa-_CFR9896 MÁS CHICAEn sintonía con estas ideas Analía desarrolla su práctica editorial, en la que hizo de su pasión -los catálogos de arte y libros de artistas- su especialidad. De las publicaciones realizadas, algunos libros se alzan por sobre el resto por el modo en que su contenido se plasma en diseños editoriales originales y experimentales, que alientan a los lectores a inventar sus propios trayectos de lectura según los intereses de cada uno. Son libros que se caracterizan por presentar un diseño editorial simple y limpio, casi minimalista, a la vez que súper complejos conceptualmente.

Artistas mexicanos de fuerte reconocimiento en Latinoamérica y Estados Unidos han trabajado con Analía para materializar sus ideas y proyectos artísticos en una publicación. El libro realizado para el colectivo Tercerunquinto (colectivo de la ciudad norteña de Monterrey, integrado por Julio Castro, Gabriel Cázares y Rolando Flores), fue para Analía un “parteaguas” en su modo de trabajo. Lo que pensaba sería un proceso caótico (trabajar con tres artistas, una curadora/editora y una directora de museo) acabó siendo un trabajo intenso y muy satisfactorio para todos los que fueron parte: “ése fue el momento donde empecé a pulir mi estilo: un diseño muy limpio, con constante exaltación de los espacios en blanco, tipografías clásicas, sin regodeo de photoshop ni retoques.” Esta publicación derivó en un libro-objeto que simula una especie de “archivero”, por lo que cada obra puede ser consultada de forma independiente a modo de carpetas. Así, la crítica que los artistas hacen a la institución "arte" y su indagación en torno a los márgenes entre la arquitectura, el urbanismo y la escultura pública, fueron formalizados en el concepto del diseño editorial desarrollado.

Otro highlight es el libro del artista mexicano Yoshua Okón que fungió como catálogo de la exposición “Ventanilla única”, presentada en el 2009 en el Museo de Arte Carrillo Gil de la Ciudad de México. Su obra consta de una serie de experimentos cuasi-sociales en formato de video donde se mezclan situaciones actuadas, documentación e improvisación. Una de las series más provocadoras y críticas es el video-instalación “Bocanegra” que consta de cuatro videos protagonizados por un grupo de fanáticos del Tercer Reich que visten uniformes de la época, son fetichistas y dealers de toda la parafernalia nazi y viven en la Ciudad de México. La propuesta editorial para este catálogo fue simple y poco recargada, y planteó un recorrido lleno de guiños que poco a poco se van develando. Desde la primera intervención que invita a cada lector a romper libremente una faja que cierra el libro (imprimiendo de este modo una relación única entre esa persona y su ejemplar), hasta un mapa de referencias conceptuales oculto dentro de las solapas, que puede ser consultado según los interese propios y así construir un recorrido de lectura único y original. Al igual que la obra de Okón, el libro no subestima al espectador y le otorga un rol activo en la apropiación del material que tiene en sus manos.

Por último, el libro de fotografías de Ana Lorena Ochoa “Ciudad concreto” es otro de los ejemplos que traducen la idea de “menos es más” en un potente publicación. Fotografías panorámicas en blanco y negro, tapas de pasta forradas en tela negra y dos obras originales en portada y contraportada, son el espacio donde se exhibe un extenso y profundo registro de las diversas etapas de construcción del Segundo Piso del Periférico de Ciudad de México. Un extraordinario acercamiento a los trabajadores y a su labor, en un viaje por el impactante mundo de esta obra monumental, tanto en su aspecto constructivo y técnico, como sobre todo en el reflejo de los sentimientos humanos que se ponen en juego.

En estos proyectos Analía descubrió un rol que supera el diseño e incluye una participación activa en el proceso de creación de los libros, trabajando mano a mano con artistas, editores, impresores y correctores. Así, Analía descubre un nuevo lugar que fusiona la edición y la curaduría generando una nueva figura: la del editor-curador. Actualmente se encuentra realizando su tesis de maestría en la Universidad Autónoma de México sobre -por supuesto- “La edición como práctica curatorial”.

Crecer viajando

IMG_2952kjljljblbjCrear y producir desde una estructura flexible, porosa y multidisciplinar fue un aprendizaje que Analía hizo desde su infancia, al tener que adaptarse constantemente a nuevos contextos culturales. Su familia fue una de las tantas que debieron abandonar Argentina como consecuencia de la dictadura cívico-militar. La primera estación del exilio fue Francia, luego vinieron Mozambique y México. En cada uno de estos países la estadía apenas superó los dos años. Parecía que se terminaba de adaptar y debía irse. Regresaron a Argentina por un tiempo pero una vez más debieron irse. Vuelven a México.

La necesidad de movimiento y nuevas experiencias se le habían metido en la piel, así que una vez finalizado el secundario en México, Analía se trasladó a Roma para estudiar Diseño Gráfico. Ésa fue la primera de una larga trayectoria de formaciones que fue alternando entre espacios de educación formal, informal, talleres, universidades y maestrías que enriquecieron su modo de mirar y hacer cultura.

Fue vital para ella haber crecido en un ambiente familiar donde la literatura, el cine y la comunicación eran temas que se respiraban con naturalidad. De hecho, en su casa se alentaba la posibilidad de estudiar arte, diseño o danza. Tanto que su hermana Tania se dedica a la danza contemporánea y Kanek, su hermano menor, estudia artes plásticas en Colombia. Según Analía, en su entorno más cercano siempre existió una tendencia humanista, libre y crítica. Y este ir y venir por el mundo le dio una percepción particular que aprovechó y fue volcando en su trabajo desde el comienzo, aprendiendo costumbres de otras culturas, estableciendo vínculos y conociendo identidades, disfrutando de otros paisajes, olores y sabores. Sin territorios a los que aferrarse y libre de prejuicios, fue construyendo una identidad multicultural, como un menú con chipotle, dulce de leche y pizza.

Lo independiente, lo comercial, lo público

La escena cultural alternativa en la Ciudad de Máxico de la década del '80, con sus rituales del caos, como diría Monsiváis, fue una de las más importantes de Latinoamérica y se concibió como un semillero de tendencias escénicas, artísticas y musicales, que otras ciudades del continente fueron replicando. El circuito estaba compuesto por un grupo de artistas jóvenes en continua creación de eventos y programas de actividades culturales en espacios no convencionales como patios de casas, edificios abandonados, plazas y bares ubicados en la periferia de la ciudad. El movimiento gay integraba el paisaje contracultural mexicano ofreciendo propuestas experimentales que se hacían en lugares de encuentro hoy míticos, como La Quiñonera, el Bar 9 en la “zona rosa” y otros bares de música alternativa como LUCC (La Última Carcajada de la Cumbancha), Rockotitlán y Rockstock. Éste era el contexto donde se cocinaba una forma de hacer cultura en la que Analía y muchos otros reconocidos artistas mexicanos como Rubén Ortiz, Diego Toledo y Claudia Fernández, fueron definiendo un perfil vinculado al trabajo independiente. El under se caracterizó por su solidez, aún siendo evidente la falta de acompañamiento institucional y de políticas públicas que convocaran y aglomeraran a las nuevas iniciativas.

Anali¦üa-_CFR9927 MÁS CHICAFue recién a fines de los ‘80 e inicios de los ’90 que el estado mexicano vio esa ausencia y, mientras por un lado se firmaba el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, por otro se constituía el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca). Ambas entidades públicas fueron institucionalizando paulatinamente muchas de las prácticas que tiempo atrás se producían de modo completamente independiente y sin marco regulador, dando paso a una de las políticas culturales más potentes e interesantes del mundo.En esos años Analía volvió de Italia e ingresó a la Carrera de Comunicación Visual en la Escuela Nacional de Artes Plásticas en Xochimilco. El paso por la institución fue definitivo para el fortalecimiento de los vínculos con la comunidad artística de alumnos y profesores que nutrían la escuela. Algunos trabajos que allí surgieron orientaron su vocación hacia el diseño editorial.

El rizoma

La metamorfosis entre la diseñadora, la editora, la gestora y la curadora se fue dando poco a poco y de un modo orgánico, sostenida siempre a través de los vínculos y redes de intereses que Analía fue creando en el camino. Si bien la génesis de su trabajo se ubica en el under mexicano, su recorrido laboral tiene una parada en el ámbito comercial (publicidad y televisión satelital), y otra en la gestión pública: primero en un rol de producción en la Sala de Arte Público (Museo de Arte Contemporáneo) y luego como subdirectora de La Tallera (Sala de Arte Contemporáneo) ubicado en la ciudad de Cuernavaca, a unos 85 km. de la Ciudad de México. La Escuela Taller Siqueiros (La Tallera) fue creada por el reconocido artista mexicano David Alfaro Siqueiros en 1965 con el fin de ejecutar y movilizar los paneles de asbesto (cemento) que iba a ser parte de una de las obras murales más relevantes de su carrera artística. Es un espacio trascendental del patrimonio, que luego de una remodelación integral inauguró una nueva etapa en su perfil como institución cultural, etapa que tuvo como un de sus protagonistas fundamentales a Analía Solomonoff, bajo la dirección de Taiyana Pimentel. Hoy es un espacio para exposiciones de arte contemporáneo que busca generar vínculos con nuevos públicos, al enfocar sus actividades y esfuerzos hacia producciones críticas, experimentales y originales.

Trabajar en instituciones culturales públicas la conectaron con la parte dura de la gestión: logística, producción, gestión institucional, administración y coordinación. A la vez que la ubicaron en la exigencia de rendir cuentas al Estado Mexicano en su rol de funcionaria pública. Un posicionamiento diferente al de operar desde lo independiente. Sin embargo, el trabajo como gestora, editora y curadora independiente continuó creciendo día a día por fuera de sus horarios de trabajo. “La escena independiente fue la que me formó y nutrió desde un inicio. Y si bien poco a poco me he ido profesionalizando, siempre intento sostener el sello independiente en los proyectos que emprendo”, afirma Analía.

Experimentar tres ámbitos de trabajo diferentes (independiente, comercial y público) le permitieron conocer estructuras laborales, dinámicas, jerarquías, relaciones y hábitos diversos y concebir la gestión cultural como rizoma. “El rizoma es un concepto que siempre me ha parecido muy interesante para entenderme tanto a mí misma como a lo que hago. Yo me defino como una persona que detona redes, me visualizo como esa energía que fluye entre neurona y neurona. Cuando conozco a alguien instintivamente me intereso por saber qué hace, qué le interesa y en función de ese interés lo vinculo con algo (un libro, un proyecto, un espacio) o con alguien que pueda estar en campos de trabajo similares. Luego esa persona conoce a otro que lo vincula con alguien más y juntos arman un proyecto, que luego sigue su curso y en su devenir se cruza con un nuevo grupo de gente que lo adopta y así se va construyendo el rizoma infinito”.

Pensar la figura del rizoma como modo de trabajo en cultura tiene que ver con una idea de creación colectiva de redes de intereses. No tiene un orden jerárquico preestablecido y se inclina por una organización horizontal de las relaciones. Es un sistema de compartir, basado en un ida y vuelta constante. Conectar cosas, temas, personas, países, con el objetivo de detonar, a partir de ese encuentro, una nueva idea que se traduzca en algún tipo de objeto, proyecto, publicación. A la vez, trabajar de un modo rizomático es arriesgado y no funciona igual en todos los contextos. Hacia el interior de las instituciones, donde hay jerarquías rígidas establecidas o sistemas de trabajo poco flexibles, suele ser complicado proponer estas formas. Los proyectos independientes y experimentales son los ámbitos por excelencia para funcionar como un rizoma. La energía fluye de un modo orgánico, conducida, frecuentemente, por impulsos personales y pasiones genuinas que se juntan y potencian unas a otras. Según Analía, “en las instituciones suele existir una jerarquía muy fuerte y un camino que se debe seguir. El rizoma se va conformando poco a poco, su forma no está previamente establecida sino que tiene que ir encontrando su manera para responder a los intereses de quienes conforman dicho rizoma.” El rizoma pone en juego las dinámicas preestablecidas y propone el reto de cuestionarlas y reinventarlas. Los procesos pueden ser más lentos y la parte emocional queda al descubierto, de ahí que su riesgo no nos implique únicamente a un nivel laboral sino también personal y pasional. En un rizoma, las ideas se debaten y el parámetro de éxito de un proyecto no se basa en términos de cantidad sino de experiencia.

IMG_2944 hhhhhhEstas ideas en torno al rizoma son el reflejo claro de la práctica y de los proyectos que Analía viene emprendiendo en trayecto, como el Foro de Ediciones Contemporáneas (FOEC), donde se ha venido vinculando a gran cantidad de editores independientes de toda Latinoamérica y Europa en un espacio de intercambio que incluye escritores, ilustradores, gestores, autores y que año a año se ha ido consolidando como un potenciador de vínculos y conexiones entre los protagonistas del mundo editorial independiente. Así, cada año el Foro cuenta con un país invitado (por lo general auspiciado por su embajada). Eso implica que cinco o seis editores independientes de dicho país participan durante tres días de mesas redondas, talleres y espacios de encuentro con otros editores, autores, imprenteros y distribuidores locales e internacionales, lo que resulta en proyectos de cooperación y de gestión internacional y publicaciones binacionales. Las ideas y los actores comienzan a hacer contacto entre sí y, como una enredadera, nuevas producciones van brotando. Lo más interesante son siempre los resultados no controlados, inesperados que esta forma de trabajar va generando en el devenir de su crecimiento. Así, en estos seis años, han formado parte de este gran rizoma sellos editoriales como Ugly Duckling Presse (Nueva York), Álbum del Universo Bakterial (Perú), Pequeño Editor (Uruguay), Clase Turista (Argentina), Álias (México), Belleza Infinita (España), Siruela (España), Gagarin (Bélgica), Vox (Argentina), Werkplaatz Typografie (Holanda), Almadía (México), Passage du nord ouest (Francia) entre otros más de 200 editoriales mexicanas y del resto del mundo. Tan interesantes fueron los resultados que, junto a su colectivo de trabajo Distrito Editorial, decidieron extender la idea a un formato centrado en el intercambio de prácticas culturales emergentes que amplíe lo editorial. En ese marco nace Radicante, involucrando nuevas disciplinas, por ende nuevos personajes: producción musical, artes escénicas, arquitectura, cine y Diseño Gráfico son los nuevos mundos a explorar.

Es un paradigma de trabajo en colectividad y autogestión, basado en el compartir, en los afectos y en la creación. Por supuesto que complejiza los modos de trabajo, pero es una organización que cuando funciona, arroja resultados exquisitos, innovadores e inesperados.

 

 

 

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